Patronas, madres, migrantes
Las Patronas de Veracruz y la Caravana de Madres son grupos de mujeres que han respondido a la tragedia de la migración centroamericana
El presidente Enrique Peña Nieto aplaude a Norma Romero, una mujer guiada por la bondad. Crédito: Suministrada / Presidencia de México
MIGRACIÓN
Este 18 de diciembre se celebró el Día Internacional del Migrante, una de esas conmemoraciones creadas por la Organización de Naciones Unidas para llamar la atención sobre uno de los grandes temas de nuestro tiempo. Aprovecho la ocasión para dedicarle esta columna a dos destacados grupos de mujeres sobre quienes la migración ha dejado una huella imborrable.
Primero, las Patronas, un grupo de mujeres del municipio de Amatlán de los Reyes en el centro del estado de Veracruz, México.
Por ese municipio pasa “La Bestia”, el tren carguero en el que viajan los migrantes centroamericanos. Para mayor detalle, el ferrocarril pasa por el barrio de la Patrona, de ahí el nombre de la agrupación. Estas señoras se han dedicado desde los años 90 a dar de comer y beber a los migrantes que van en el tren rumbo al norte.
Las mujeres preparan los alimentos desde temprano, los colocan en bolsas de plástico, junto con botellas de agua, para luego acercárselos a los migrantes con “La Bestia” en movimiento.
Me enteré de la existencia de las Patronas hace unos 10 años, gracias al documental De Nadie, del director Tin Dirdamal, que le dedica una sección completa a las actividades solidarias de estas mujeres. La entrevista que realiza Tin, con varias de ellas en la puerta de una de sus casas, es absolutamente conmovedora. Ahí se muestra cómo, a pesar de sus escasos recursos, las Patronas se las ingenian para conseguir donativos y algo de dinero para comprar alimentos que luego cocinan para los migrantes. Una de las entrevistadas menciona que rifan pequeños objetos, como “un paraguas”, para juntar unos pesos.
Las Patronas acaban de recibir el premio de derechos humanos 2013 que otorga la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México.
El otro grupo de mujeres es el de la Caravana de Madres Centroamericanas, que por novena ocasión recorrió México en su afán de encontrar a hijos e hijas desaparecidos en su tránsito rumbo a los Estados Unidos.
La Caravana viaja por la ruta de los migrantes, se entrevistan con organismos civiles y locales y hacen llamados a través de los medios de comunicación para localizar a sus seres queridos. Llevan colgadas del cuello y sobre su pecho las fotografías de hombres y mujeres que un día salieron de su casa en Guatemala, El Salvador, Honduras o Nicaragua, y de quienes ya nunca tuvieron noticia. Si acaso la llamada de alguien que pedía dinero por soltarlos.
Los rostros de estas madres son menos la cara de la esperanza y más la del dolor. Unas cuantas han logrado reencontrarse con sus hijos, pero la mayoría ha regresado a Centroamérica con las manos vacías. Pienso en las Patronas y la Caravana de Madres como los dos lados de una misma moneda. O mejor dicho, de la misma tragedia, en la que muchos migrantes han sido condenados, pero que también ha despertado la solidaridad y la organización de estas mujeres.