Orestes Miñoso: ‘Jackie me dio la ilusión’

El astro cubano de Medias Blancas sufrió casi lo mismo que Robinson

NUEVA YORK.— Hoy se celebra la fecha en la cual Jackie Robinson rompió la barrera del color en el beisbol de Grandes Ligas con su llegada a los Dodgers de Brooklyn en 1947.

Pero pocos reconocen que hubo negros latinoamericanos que con su talento y su prestancia dentro y fuera del terreno de juego escribieron esos primeros capítulos en la historia de integración racial en el conocido “pasatiempo nacional estadounidense”.

Cuatro años después del hito en Brooklyn, en 1951, el cubano Orestes Miñoso recorrió el mismo camino que Robinson al abrir la brecha para jugadores de color dentro de la organización de los Medias Blancas de Chicago.

“En aquel tiempo uno pensaba que era imposible. Uno no vivía con esa ilusión. Hasta que Mr. Jackie llegó. Gracias a él uno ya sabía que había un motivo para jugar en Grandes Ligas”, comentó Miñoso (88), en entrevista telefónica desde su casa en Chicago.

Pocos saben que la historia de la integración racial en la Gran Carpa no fue inmediata.

Pasaron 12 años desde el arribo del 42 de los “Esquivadores” para que todos los equipos de las Ligas Mayores tuvieran a un jugador de color en su plantilla titular.

Al igual que Robinson, todos estos enfrentaron las vejaciones de una sociedad racista en su ruta a la historia deportiva y la violación de los derechos civiles de este país.

“Minnie”, como se le apodó, respondió a los golpes y los insultos raciales que le llovían en los estadios con su talento para jugar a la pelota y con un poco de buen humor.

“Hubo quienes no me recibieron bien. Yo fui el que más pelotazos recibió varios años seguidos. Y muchos gritaban: ‘ya dale al negro ése en la cabeza’. Pero eso no me ofendía porque yo soy negro. Si me hubieran dicho, ‘¡Hey güero, rubio!’ me hubiera molestado, pero me decían lo que yo soy, negro”, subrayó.

Decir varios años seguidos es toda una sutileza en el caso de Miñoso. Entre 1951, el año en que debutó con los ChiSox, y 1961, el guardabosques cubano fue el pelotero que más pelotazos recibió en cada campaña excepto dos.

Con 192 golpes, Miñoso ocupa la novena posición de todos los tiempos en ese bochornoso rubro en la historia del mejor beisbol del mundo.

La aparición de Miñoso también fue un símbolo que logró unir a blancos y negros en la ciudad de Chicago, como explicó el profesor y autor Adrián Burgos Jr.

“En medio de la tensión racial que prevalecía en Chicago, Miñoso logró unir a blancos y negros de la ciudad. Inclusive, hoy en día es un héroe de allí. Y eso fue gracias a la forma en que manejó la situación. Él dejó que su juego hablara por él”, explicó Burgos.

En los archivos de El Diario/La Prensa que se guardan en el Centro para Estudios Puertorriqueños se encuentran artículos e imágenes de la época que muestran cómo Miñoso se tornó pronto en un ídolo de la famosa Ciudad de los Vientos.

“Literalmente, desde su llegada al equipo se volvió en un favorito de la afición”, añadió Burgos. “En su primer turno pegó un jonrón en contra de Yanquis y con eso estableció el tono para el resto de su excepcional carrera”.

Miñoso, explicó el catedrático, tuvo que enfrentar dos barreras: ser negro y ser latinoamericano.

“La importancia de Miñoso es que al vencer los obstáculos de raza y diferencia cultural, él logró la grandeza”, sostuvo. “Pero los logros de esos pioneros de la integración racial, que hicieron un servicio al juego de pelota y a la nación, no son debidamente reconocidos por las Grandes Ligas”.

A pesar de su trayectoria, es el único pelotero en haber jugado en siete décadas distintas y terminó su carrera con un porcentaje de bateo de .298, Orestes Miñoso no está en el Salón de la Fama en Cooperstown, algo que él mismo siente que le hace falta.

“Me siento triste y en espera. Sería algo feliz para mí antes que Dios me lleve”, finalizó.