Corrupción en Sacramento

La mayoría de los californianos ya no tenía en alta estima a la legislatura estatal, mucho antes que se dieran a conocer las serias acusaciones de corrupción y mentiras contra tres senadores que hoy están suspendidos de sus funciones hasta definir su situación.

Los casos delictivos contra los senadores demócratas Ron Calderón, Leland Yee y Rod Wright son distintos, pero cada uno a su manera representa una traición a la confianza que el votante deposita en sus funcionario electo. Calderón y Ye presuntamente recibiendo sobornos con respecto a leyes pendientes y Wright mintiendo sobre su lugar de residencia.

El Senado estatal, para contrarrestar la pésima impresión de estos escándalos, realizó hace unos días un entrenamiento de dos horas para que sus integrantes recuerden la distancia que debe existir entre el dinero recibido en un evento de campaña y la conversación sobre proyectos de ley pendientes. También hay un paquete de leyes en la que se reduce los regalos que pueden recibir los legisladores e impone prohibiciones para los cabilderos.

La propuesta legislativa es considerada como la mayor reforma en 20 años, pero difícilmente resolverá los problemas de este tipo si el castigo al infractor es ejemplar. En muchos casos se rompen adrede, en una campaña, la ley electoral, porque después se pagará una multa. Esta actitud cambiaría si al infractor que ganó una elección de esta manera, se le anule la victoria en vez de cobrarle un dinero, que ni siquiera sale de su bolsillo para pagar.

El tema de la deshonestidad del político es más profundo que un seminario de leyes que no van al fondo del problema. Muchos de ellos son expertos en eludir el espíritu de la ley, no cometen delitos serios como los que acusan a los tres senadores, pero su ética es demasiado flexible.

Para recuperar la credibilidad de los legisladores ante los ojos de los votantes se necesitan medidas de fondo bien pensadas en vez de reacciones viscerales para controlar momentáneamente las críticas.