Apelar a la identidad

Educación

“¿Quién soy?” quizás sea la pregunta más importante que los niños se hagan a sí mismos —y que los adultos que figuran en sus vidas puedan ayudarles a responder de la mejor manera.

Los científicos están investigando posibles fórmulas mágicas para que los padres y otros cuidadores provean a los niños del mejor comienzo en la vida; y los matices más sutiles de sus conclusiones son fascinantes.

En el estudio “Helping Versus Being a Helper: Invoking the Self to Increase Helping in Young Children” que aparece este mes en la publicación Child Development, los investigadores describen la modificación en la conducta de los niños cuando internalizan sus intenciones.

En experimentos con niños de 3 a 6 años de edad, de clase media y clase media alta, provenientes de una variedad de orígenes étnicos y raciales, un investigador examinó si los niños respondieron a indicaciones de que recogieran cosas en desorden, abrieran un recipiente, guardaran los juguetes o recogieran los craeyones que se habían desperdigado por el suelo. El investigador dijo a los niños: “Algunos niños prefieren ayudar” o “Algunos niños prefieren ser ayudantes.”

Los resultados mostraron que los niños que oyeron “ayudante” ayudaron considerablemente más que los que oyeron “ayudar”. Y cuando el investigador habló a los niños sobre “ayuda” —una versión de la palabra que no alude al niño— los niños no ofrecieron más asistencia que cuando el investigador no mencionó “ayudar” en ninguna de sus formas.

“Esas conclusiones sugieren que las padres y maestros pueden alentar a los niños jóvenes a ayudar más, utilizando sustantivos como “ayudante”, en lugar de verbos como “ayudar” cuando hacen un pedido al niño”, expresa Christopher J. Bryan, profesor asistente de Psicología de la Universidad de California en San Diego, quien trabajó en el estudio. “Utilizar el sustantivo ‘ayudante’ puede enviar la señal de que ayudar implica algo positivo en la identidad propia, lo que a su vez motiva a los niños a ayudar más.”

¿Podría este pequeño ajuste tener un impacto importante sobre cómo los que nos rodean se ven a sí mismos? Parece posible —y no sólo para niños. La próxima vez que necesiten persuadir a alguien de integrar un grupo de trabajo, comité o junta, acuérdense de apelar a ese sentido de identidad, en lugar de a ese tablero mental de responsabilidad.

Nadie sabe en qué se origina el sentido de identidad —obviamente no es tan simple como obtenerlo de la casa, porque si no, todos los niños serían copias fieles de sus padres. Los más capaces en el estudio de la inteligencia y adaptabilidad hablan de una combinación de natura y nurtura, en lugar de tender más a una o la otra.

Aún así, la importancia de la parte de nurtura en esa ecuación no puede recalcarse suficientemente. En un estudio tras otro, los investigadores han hallado que los individuos que están condicionados a tener un objetivo específico durante toda su vida tienen más probabilidades de alcanzarlo que aquellos a quienes ese objetivo nunca se les presenta como una opción viable.

Los que trabajan en los programas más innovadores para promover estudiantes que serían los primeros en sus familias en asistir a la universidad, encuentran que los mejores resultados se producen cuando llegan a los padres muy temprano en la vida del estudiante. Presentar el objetivo específico de una educación superior a los padres, además de recursos y aliento, hace que la universidad sea una posibilidad real —si no una expectativa— para los hijos.

Lo opuesto también es cierto. Los niños que no imaginan claramente un futuro para sí mismos pueden tambalearse.

Alex Piquero, profesor de Criminología en la Universidad de Texas, en Dallas, preguntó a delincuentes juveniles de delitos serios “¿Cuánto tiempo piensas que vivirás?” y después siguió el rastro de sus encuentros con la ley en los siete años siguientes. Halló que los que predijeron que morirían jóvenes delinquían a tasas mucho más elevadas y cometían más delitos serios que los que creían que vivirían una larga vida.

“En muchas comunidades deprimidas y para muchos delincuentes, no ven un futuro,” dijo Piquero. “Piensan, ‘¿Por qué tengo que ir a la escuela? No voy a pasar de los 21.’ Y en muchas de nuestras entrevistas con estos muchachos, básicamente dicen, ‘No voy a vivir hasta la semana que viene, entonces qué me importa?´”

Las profecías que acarrean su propio cumplimiento son producto de la relación entre lo que se cree y la conducta. Como padres, mentores, educadores y modelos, debemos comprender las numerosas oportunidades que tenemos para moldear las percepciones de los niños tanto de sí mismos como de las posibilidades que tienen en su vida. La forma en que expresamos su potencial y los ayudamos a definir su identidad más positiva es una responsabilidad que conlleva gran poder.

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