Los museos más insólitos de Ciudad de México

Instrumentos de tortura utilizados por la Inquisición, vitrinas con frascos con fetos y tumores cancerígenos o una isla habitada por muñecas de juguete: la capital mexicana tiene más de 150 museos. Y algunos son extraños.
Los museos más insólitos de Ciudad de México
Museo de la Tortura en Ciudad de México. Foto: página de Facebook del Museo de la Tortura

¿Se imagina caminar entre instrumentos de tortura utilizados por la Inquisición, recorrer vitrinas con frascos donde se guardan fetos y tumores cancerígenos o quizá desembarcar en una isla habitada por muñecas de juguete?

Pues es parte de lo que albergan algunos de los más de 150 museos que hay en la capital de México, que según las autoridades es una de las ciudades con mayor cantidad en el mundo.

Las exhibiciones permanentes son variadas, pues se pueden encontrar obras de Augusto Rodin, Dalí o Frida Khalo, y observar zapatos hechos hace dos siglos, juguetes centenarios, agujas para fonógrafos o fusiles con chapa de oro y adornados con esmeraldas que fueron confiscados a capos del narcotráfico.

Existen museos tradicionales como el Nacional de Antropología que alberga la mayor colección de piezas prehispánicas del país, pero también hay otros considerados de vanguardia y cuya edificación costó millones de dólares como el Soumaya, propiedad del empresario Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo según la revista Forbes.

Pero también hay otros que permanecen semiabandonados, como el de la Caricatura, donde se exhiben dibujos del expresidente Porfirio Díaz cuyo gobierno de más de 30 años provocó la Revolución Mexicana en 1910, o el llamado Lago de los Reyes Aztecas, en la zona lacustre de Xochimilco y que está ubicado en una isleta construida hace más de 600 años.

Esta variada oferta cultural contrasta con la realidad: según algunas encuestas, el 43% de los mexicanos nunca ha visitado un museo, ni siquiera como parte de una tarea escolar.

BBC Mundo le presenta cinco museos insólitos que existen en Ciudad de México:

Un sarcófago con puntas de acero por dentro, conocido como La Doncella de Hierro, cinturones de castidad, El Potro, utilizado para dislocar las coyunturas de los detenidos, una guillotina para cumplir las sentencias de muerte…

Forman parte de la colección de este museo, ubicado en una antigua casona del centro de Ciudad de México, y que fueron utilizados por el Tribunal del Santo Oficio, conocido como la Santa Inquisición que durante los tres siglos de la colonia sometió a juicio a unas 300 personas, acusadas de herejía, blasfemia o practicar la magia.

La exhibición se divide en cuatro secciones: instrumentos de humillación pública que debían portar en todo momento quienes eran sentenciados por los inquisidores; aparatos para torturar durante los interrogatorios y equipo para asesinar a los condenados por delitos graves.

Se destaca una sección con instrumentos para torturar mujeres, quienes fueron las principales víctimas de la Inquisición.

La muestra surgió originalmente en Florencia (Italia) en 1983, y desde hace más de una década permanece de forma itinerante en México. De hecho el primer sitio donde se exhibió fue el Palacio de la Medicina, que durante la época de la colonia fue sede del Tribunal del Santo Oficio.

Pertenece a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y se encuentra dentro de las instalaciones del Campo Militar Nº 1, en el norte de la capital mexicana.

No está abierto al público pues fundamentalmente se utiliza para instruir a los oficiales y soldados que cotidianamente combaten el tráfico de drogas en el país.

Pero en su acervo se encuentran algunos ejemplos de las excentricidades de los capos, como fusiles de asalto AK-47 bañados en oro, pistolas con cachas (zona donde se empuña el arma) llenas de incrustaciones de diamantes, rubíes o esmeraldas, medallas de plata e imágenes de Jesús Malverde, el santo del narcotráfico mexicano y la Santa Muerte.

Muchos de los objetos fueron confiscados por los militares en las capturas de jefes de los carteles y se exhiben como una especie de trofeo en la lucha contra el narcotráfico en México.

Hace casi 60 años Roberto Shimizu empezó a coleccionar juguetes. Primero guardó los que recibía en navidades y cumpleaños, y después empezó a comprarlos en bazares, mercados y, claro, las jugueterías.

Hoy su colección supera los 2 millones de ejemplares. Muchas de las piezas fueron fabricadas por empresas mexicanas ya desaparecidas, otros son ejemplares únicos. Existen juguetes de principios del siglo pasado, hechos con madera, máscaras originales de luchadores y hasta una enorme cara de metal que sirvió como puerta de entrada a un popular centro de baile de los cincuenta.

Para los visitantes adultos la visita al museo es un viaje a la niñez, y para los menores representa un mundo prácticamente desconocido pues las piezas exhibidas ya no se fabrican.

Para Shimizu sirve para recordar algo que tiene muy claro: antes los juguetes eran para jugar, pero ahora “son para que los padres gasten dinero”.

Lo que más impresiona de este lugar es que está lleno de objetos conocidos que en algún momento formaron parte de la vida cotidiana de los mexicanos y que al verlos en el museo cobran un valor distinto.

Es parte del objetivo del sitio, hacer “una revisión histórica de México desde inicios del siglo XIX: su sociedad, movimientos culturales, tendencias, formas de pensar y contacto con el exterior”, según dice la página web del museo.

Así, en esta casa de estilo art nouveau se pueden encontrar –en sus distintas colecciones– desde afiches de campañas políticas hasta aparatos de sonido utilizados en los inicios del rock, zapatos para bebé, latas de harina, tapas de refrescos o periódicos y carteles publicados hace 100 años.

El acervo del Museo es superior a las 100.000 piezas, aunque con frecuencia abre sus puertas a colecciones ajenas.

Una de las historias más conocidas sobre este lugar es que el propietario, Juan Santana, reunió a cientos de muñecas de plástico que encontró en la basura para alejar al espíritu de una chica que aparecía en su casa.

La receta funcionó, dicen los sobrevivientes de Santana, pero el resultado fue uno de los sitios más extraños de la capital mexicana: la Isla de las Muñecas ubicada en un islote, conocido como chinampa, en la zona lacustre de Xochimilco, en el sur de la ciudad.

En el lugar permanecen cientos de muñecas colgadas de árboles, cabezas de los juguetes sobre troncos y cuerpos amarrados en la cerca que rodea la chinampa.

Forma parte del recorrido turístico que se realiza a bordo de trajineras, pequeñas embarcaciones de madera adornadas con flores que son típicas de Xochimilco.