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El Distrito Federal es ahora “Ciudad Refugio” para inmigrantes

Tendrán acceso a los programas de gobierno como cualquier otro habitante de la capital mexicana

Ramón Hernández, de 49 años, vive en la Ciudad de México hace 10 años, desde que emigró de Cuba.

Ramón Hernández, de 49 años, vive en la Ciudad de México hace 10 años, desde que emigró de Cuba. Crédito: Gardenia Mendoza Aguilar

MÉXICO.- La Ciudad de México abrió oficialmente sus puertas a migrantes y refugiados; retornados y a personas en tránsito para que tengan acceso a los programas de gobierno como “cualquier otro habitante” de la capital mexicana, la más poblada, compleja y atractiva para los extranjeros que hacen del país su hogar.

“Sin importar su condición migratoria”, precisó el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, al estampar su firma en el acuerdo para el Programa Sectorial, de Hospitalidad, Interculturalidad, Atención a Migrantes y Movilidad Humana que se publicó este jueves en la Gaceta Oficial para darle efecto de obligatoriedad.

Esto quiere decir ―detalla el documento― que el Distrito Federal abre para los migrantes las oportunidades que brinda para vivienda, créditos para emprendedores, acceso a la salud, cultura, educación pública, defensoría de derechos humanos, servicios legales y empleo.

El gobierno de la ciudad argumentó en la gaceta que está consciente que “el fenómeno migratorio no trae siempre situaciones alentadoras” y busca, principalmente, proteger a grupos vulnerables que podrían caer en las garras del crimen, de explotación sexual o pornografía infantil sin la protección mínima de alimentación o atención médica.

Entre los beneficios exclusivos de la salud pública de la entidad se encuentran las clínicas de salud reproductiva que dan a las mujeres la posibilidad de interrupción del embarazo hasta las 12 semanas de gestación, dado que en la capital mexicana está permitido el aborto.

A partir de ahora la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad de las Comunidades deberá incluir obligatoriamente un presupuesto para programas de atención a migrantes que será vigilado por la Contraloría y la Oficialía Mayor para su cumplimiento.

En la Gaceta Oficial, la Ciudad de México se declara “multiénica” y regida por principios “de no discriminación, no devolución, la unidad familiar y el interés superior del niño y de la niña”. Y otro más bien moral: unos 900,000 capitalinos viven en el extranjero, la mayoría en Estados Unidos.

Para el 2018 las autoridades capitalinas se comprometieron a actualizar las cifras sobre el número de migrantes que viven en el D.F., realizar una campaña sobre los derechos de esta comunidad, crear un protocolo de actuación y capacitar a los 1,700 servidores públicos sobre el tema de atención a los migrantes.

– No hay estadísticas oficiales sobre el número de indocumentados

– Radican 82, 336 personas extranjeras con situación migratoria regular en el país.

– De estas, 7, 251 tienen de cero a 19 años de edad y 5, 032 son menores de 15 años. Este grupo representa el 8.8% de la población extranjera refugiada en la Ciudad de México.

– Nueve de cada 10 menores son centroamericanos.

– El 66% del total de la población extranjera en la ciudad es de este continente; 22% de Europa; de Asia, 10.7 %; África 0.6 %; Oceanía 0.3% y Apátrida 0.1 %.

80% de los refugiados extranjeros en el país viven en la capital

Desde que emigró hace 30 años, el guatemalteco José Manuel Enríquez (Ixcuintla, 1964) sufre el invierno mexicano. “La gripa me da muy fuerte y la mayor parte de mi salario se va en curarme”, cuenta al regresar de su faena como repartidor de víveres en un mercado de la colonia Roma, donde encontró trabajo hace una década y no se ha movido de allí.

El dueño está a gusto con su empleado y lo considera un elemento tan valioso como cualquier mexicano. “Es trabajador y honrado y merece un trato humano: yo le pago lo mismo, no importa que sea indocumentado, aquí escogió vivir y como otro ciudadano más se le debe tratar”, dice.

Ramón Rodríguez tiene una concurrida fonda de comida cubana. Se levanta temprano y cocina el arroz con frijoles, la yuca, el pollo “fricasé” y el mojo con tanto esmero y éxito que sólo lamenta no haber empezado antes con el negocio. “Tengo clientes y quiero ampliar el restaurante, pero no he tenido créditos: los bancos aquí no confían en los migrantes”.

Si el gobierno del Distrito Federal comparte los programas de créditos para emprendedores ―como lo contempla―, Rodríguez los tomará para hacer de México más que la historia de amor por la que dejó atrás la isla: “un lugar de progreso”, dice.

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