Habló el buey, y dijo ¡mu!

Aquí se rompe una taza. Apenas hemos empezado la campaña y ya estamos hastiados.
Habló el buey, y dijo ¡mu!
Donald Trump.
Foto: EFE

Después de haber predicado compostura frente a las provocaciones insultantes de Trump, al final nos vemos forzados a admitir que lo cortés no debe quitar lo valiente. Al que va con mañas hay que desacreditarlo. Varios fenómenos hemos detectado en los últimos días que ayudan a componer la escena política.

El primero, la aparente conversión de todo tipo de latinos en mexicanos de adopción: ¿será solidaridad o trendingtopic?El segundo, el descubrir que algunos latinos beben los vientos por Trump, y no precisamente a escondidas. Tercero, el asunto de las ciudades santuario: que nunca se promocionan para ir a venerar al santo patrón sino para sacar el esqueleto del emigrante a pasear.

Cuando vemos a un expresidente de Bolivia que salta al ruedo mediático para plantarle cara a Trump y escribe: “nos ha ofendido”, cuesta no ser suspicaces, porque la frontera de la que habla Trump está muy lejos de la de sus paisanos. ¿Y cómo catalogar la pirueta de Pittbull?, que como si le hubieran mentado a la madre, se sube al escenario, micrófono en mano, y le envía a Trump un intimidatorio “ten cuidado con El Chapo, papo”. Gracias al estrambótico comentario, ahora el millonario candidato creerá tener bien documentada la complicidad del emigrante con el narcotráfico. Encima, para embarrar más las cosas, hay quienes se animan a hacerle un corrido a El Chapo, y nadie a El Papo. Para bandidos, los de antes: Joaquín Murrieta y Gregorio Cortez.Hoy, condenados a todos nos tienen: entre chapo y papo. Todos emigrantes, todos traficantes.
“Habló el buey, y dijo ¡mu!”: expresión coloquial bien enraizada en la lengua y que muchos usarán sabiamente. Se aplica, para el que lo desconozca, cuando el que interviene en la conversación lo hace a destiempo y banalmente. La riqueza y la cuenta bancaria, que es lo que viene al caso, no te libran del mal.
La segunda parte destapa la cloaca del nauseabundo racismo. Acabamos de vivir el despido de un presentador de una cadena de televisión hispana por hacer un comentario primate sobre la apariencia física de la primera dama. Nos hacemos eco de la noticia porque no es un hecho aislado. Hay medios de comunicación “en español” cuyos participantes, sin rubor ni pudor alguno, se columpian con sus prejuicios, en este caso con sabores mexicanos, en el mismo árbol que Trump. Al hablar “a calzón quitao”, el mojito se hace “mugito”, por aquello que se adivina.

Las ciudades santuario, otro espantajo, se sacan del armario siempre a tiempo para el aquelarre. Son el refugio de la ilegalidad migratoria: Sodoma y Gomorra. Donde la delincuencia se acompaña con mariachis. Donde se cumple la ley de Trump. Donde la película de terror “Them!”, ‘¡los horrendos Ellos!’, tiene secuela. En fin, “Todo sobre mi madre”, que en este caso lo es más “sobre las elecciones”.
Aquí se rompe una taza. Apenas hemos empezado la campaña y ya estamos hastiados. Nos pretenden convencer de que todos los problemas del país se resuelven con vallas y medidas tan rastreras como “fumigar” a la emigración. Los candidatos nos convocan y nos animan a seguirles exhibiendo adornos “guanajuatenses” o bordados con apellido hispano. Hasta el libro Guinnes del feminismo entra en la lidia por atrapar el voto hispano, que aparte de “para ganar” no se sabe muy bien para qué sirve, ni a quién.

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