El dilema de los dos Méxicos

Ambos Méxicos requieren cambios y ajustes; la gente no cree en las autoridades, y las autoridades ignoran al pueblo
El dilema de los dos Méxicos
Foto: Belhú Sanabria / La Raza

Mi larga vida me ha permitido ver distintas épocas de México y ciertamente

el México de los 20’s del siglo pasado no se parece al México de los 50’s, y este último menos aún al de la época de los 80’s y al actual.

Es posible que la corrupción haya existido siempre en la política de México, pero lo que se ha dado en estos últimos años es muy diferente a lo antes visto.

Anteriormente la corrupción estaba menos a la vista de todos y parecía limitado el número de políticos que abusaban de su posición para enriquecerse exageradamente.

Desafortunadamente, en la actualidad, la corrupción se da a todos los niveles de gobierno, y no escapa de existir en la iniciativa privada. Pero como en esta época la información fluye fácil y vertiginosamente alcanzando a toda la población a través de muchos medios, la corrupción queda exhibida y es vergonzosa.

En un país tan comunicado, difícilmente se puede ocultar algo, pero también se tiene la duda sobre la veracidad de lo que se dice o pública, ya que fácilmente se puede alterar y manipular la información para transmitirla tendenciosamente.

Precisamente a través del uso libre de la captación y transmisión de información, me doy cuenta que en la actualidad hay dos Méxicos: el México“oficial” lleno de afirmaciones y promesas y el México popular que es el México real lleno de decepciones y preocupaciones.

En ese primer México están las declaraciones del presidente y de altos oficiales que siempre hablan de las mejorías con respecto a años anteriores, y que prometen proyectos que suenan interesantes e importantes, en tanto que el México popular no reconoce las mejorías ni cree en las promesas.

El México oficial pregona una transparencia que el pueblo mexicano nunca ha visto. Pareciera que solo basta establecer una ley que imponga la transparencia para que los políticos se vuelvan honestos, lo cual no sucede, y además, de descubrirse malos manejos, el pueblo percibe que difícilmente se identifica y castiga a los responsables.

Ambos Méxicos requieren cambios y ajustes, siendo difícil decir como pueden lograrse. La gente no cree en las autoridades, y las autoridades ignoran al pueblo.

Y como el gobierno se supone que representa al pueblo de México, es muy importante que logre cambiar la mala imagen que se tiene de sus gobernantes. Hace falta pues una gran acción cívica no solo para moralizar al gobierno sino para acabar con el descontento del pueblo de México.

Necesitamos que esos dos Méxicos vuelvan a ser uno solo, con todos en el “mismo barco”, y con rumbo definido hacia un México mejor.