Antonio Banderas: “Todos tenemos una mina en nuestras vidas”

El actor español estrena ‘The 33’, la historia del rescate de los 33 mineros en Chile
Antonio Banderas: “Todos tenemos una mina en nuestras vidas”
Antonio Banderas en una escena de 'The 33'. Detrás, Lou Diamond Phillips.
Foto: Warner Brothers

“Estoy un poco agotado con tantas entrevistas”, confiesa Antonio Banderas, 55 años, que atendió por teléfono a este diario desde Miami en plena promoción de “The 33”, donde interpreta a Mario Sepúlveda, el líder de los mineros que pasaron 69 días atrapados bajo tierra en 2010. “El récord lo tengo con El Gato con Botas, donde mi amiga Salma Hayek y yo nos largamos en 11 días 769 entrevistas”.

– No sé cómo aguantáis…
– Ni yo-, contesta Banderas.
– Ni cómo aún nos atendéis el teléfono…
– Es que además yo trato que cada entrevista sea distinta y de que tengáis una energía real. Que no vaya con el piloto automático, porque es feo.
– Pero si tienes 700 y quieres darle algo original a cada uno…
– Se convierte en un desafío bastante curioso, jejeje.

Le agota y es una de las obligaciones de su profesión que menos le gustan, pero realmente se nota el esfuerzo del actor por dar una buena entrevista, más aún en la promoción de una película en la que puso tanto esfuerzo.

– Para nosotros era importante el saber y darnos cuenta de qué era esta película, cuál era su corazón. La historia ya la conocemos: un montón de mineros se quedan atrapados, resultan que están vivos, hay que rescatarlos… y termina más Hollywood que Hollywood. Pero la percepción tenía que ser de otra manera. Se trataba de poner una lupa dentro de la condición humana en situaciones límite. ¿Y qué es lo que te dan las situaciones límite? Eliminan las situaciones estúpidas con las que vivimos continuamente. Eso se refleja en la escena de la última cena que tienen, que es una latita de atún, y a partir de ahí existe lo desconocido y la muerte, básicamente. Y donde esta gente lo único que quiere es un abrazo, un abrazo de la persona querida, de la madre, de la hermana, un plato de comida… las cosas simples que la vida nos da. Quieren volver a ser felices en su pobreza. Creo que ahí hay una gran reflexión.

– La fe también está presente…
– No como concepto religioso, sino la fe de unas mujeres que deciden plantarse frente a la autoridad y decir ‘hay que cavar hasta que nos muramos o lo hacemos nosotras con las manos’.
La fe de un hombre como Mario, cuando los que sabían de la mina –como Lucho, personaje interpretado por Lou Diamond Phillips– saben que las posibilidades de salir con vida de allí son prácticamente cero. Entonces Mario, que ha sido un superviviente toda su vida, asume la responsabilidad de decir: “No, de aquí vamos a salir como sea” y distribuye y estira el tiempo.
La fe también de un político que se saca la chaqueta de político y se queda con la camisa de ser humano y se pega definitivamente a las mujeres y necesita seguir trabajando hasta que caigan derrotados.

– Los mineros reales participaron del proceso, ¿qué os decían?
– Que ellos no querían ser retratados como héroes, que ellos se reconocían como seres humanos que viajaban con cosas buenas y con cosas malas. En algún momento determinado Lucho fue débil y Mario agarra de alguna forma el liderazgo dentro de la mina. Pero en otro momento también Mario entra en estado de debilidad por toda la contaminación que les llega desde fuera con ofertas de trabajo, ofertas económicas… eso le individualiza, lee todo en términos de oportunidad y se “separa” del grupo.

– Luego Mario rectifica.
– Se da cuenta de que tiene que volver a la realidad. Y la realidad la expresa él muy bien cuando dice: “Aquí entramos mineros y saldremos mineros”. Y eso es el final de la historia, pero en cualquiera de los casos, yo creo que todos tenemos una mina en nuestra vida. Y la película lo que ofrece son las posibilidades de poder luchar por salir de ella.

Los 33 mineros de la película, con Banderas al frente.
Los 33 mineros de la película, con Banderas al frente.

– ¿Cómo fue la relación del equipo con los mineros?
– Muy buena desde el principio. Y muy interesante y curiosa porque, no siendo personas cercanas al mundo del cine, ellos aceptaron perfectamente que los 70 días de los 33 –cuyas historias darían para 33 películas– había que reducirlos. Ellos lo entendieron y querían que se rescatara el símbolo, el corazón, de lo que vivieron, que es lo que trata tanto Patricia (Riggen, la directora) como los guionistas. Así que ellos nos ofrecieron todo su apoyo desde el principio y estuvieron con nosotros.

– ¿Y tu relación con Mario?
– Fue, naturalmente, con el que más me relacioné. Me empezó a visitar en Colombia y ahí nació una amistad que continuó después en el rodaje en Chile. Mario es un sobreviviente desde el momento en que nació, porque su madre muere cuando nace él. Es un hombre con muchísimas dificultades económicas en términos familiares, sociales, de todo tipo. Es un hombre que aprendió muy temprano a luchar y a sobrevivir, al que la vida le dio una oportunidad para que todo eso que ya llevaba en su cuerpo, en su alma, en su hacer diario, lo pudiese poner al servicio de los 32 compañeros que estaban allí con él.

– ¿Cómo es él fuera de la mina?
– Mario tiene un gran carisma, está loco como un cencerro y es un tío maravilloso con el que me encantó compartir tiempo, con el que me reí mucho. Es un tío muy gracioso que tiene una fuerza y liderazgo natural. Él casi no se convierte en líder, los demás se lo piden después de una discusión con Lucho. Le dan una llave que es casi simbólica dentro de la película y le dicen: ‘Tú tienes que ser el que nos estire el tiempo, porque el tiempo es lo que nos va a salvar o no’. Y así fue: si la comida se hubiera acabado a los tres o cuatro días, hubieran fallecido, por lo menos los más viejos, que no hubieran estado en condiciones de soportar lo que allí vivieron.

– Durante el rodaje trabajasteis en minas.
– Sí. Dentro de las minas las condiciones de trabajo son extraordinarias, y eso nos ayudó a nosotros también mucho, aunque vuelves al hotel vomitando. Todo eso le da realismo a la película, nos dejó “pelados” a todos. Aparte de que teníamos un nutricionista, pero nos quedamos muy delgados por la propia actividad profesional, por el trabajo de estar allí metidos 14 horas. Se rodó todo en dos minas colombianas. En una teníamos que viajar casi una milla en carro dentro de la montaña y en otra caminando unos 400 metros hasta llegar a donde estaba el rodaje. Hacía un frío extraordinario y nosotros teníamos que fingir que hacía mucho calor porque la mina de San José del desierto de Atacama era una mina muy calurosa. Ellos pasaron mucho calor y nosotros mucho frío.

– La película ha recibido algunas críticas por estar en inglés, aunque había incluso actores hispanos…
– ¿Me gustaría haberla hecho en español? Sí, claro que sí. Lo que pasa que desafortunadamente el mercado internacional de cine se mueve en el idioma inglés. Tanto el productor como la directora han defendido que hicieron la película en inglés por dos razones fundamentales: a cuanta mayor gente sea posible llegar, mejor para la película y para la propia historia. Y naturalmente Patricia repunta eso con algo que es cierto: nosotros vamos a hacer la película con más actores hispanos, con una historia hispana, con una directora hispana que va a abrir más salas en los Estados Unidos en la historia de la cinematografía norteamericana. 2,500 salas apoyados por Warner Brothers… eso si la película se hubiera hecho en español no hubiera sucedido.

– Quizá algún día…
– ¿Que tenemos que luchar los hispanos para imponer también nuestro idioma? Sí, eso va a suceder, pero no por la historia del cine, sino por la propia historia de la comunidad hispana, que se acrecenta y que cada vez va a ocupar más puestos de poder en este país y llegará un momento en el que el hispano reclame cine en su propio idioma. De hecho ya está pasando, pero de ahí a que abran todos los canales de distribución, los estudios todavía tienen que caminar un camino complejo…