Editorial: Hay espacio en la mesa para los refugiados

Según la tradición de este día, el agradecimiento por lo que se tiene se demuestra compartiendo

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Editorial: Hay espacio en la mesa para los refugiados
Un niño duerme entre otros refugiados en Victoria Square, Atenas, Grecia.
Foto: Milos Bicanski / Getty Images

La tradición del Día de Acción de Gracias es una historia de generosidad hacia el extranjero, hacia el viajero que llega a esta tierra escapando de la persecución. La religiosa, en el caso de los primeros colonos, con el que los indígenas compartieron el pan.

La mesa ha ido creciendo con el paso del tiempo y con el arribo de los inmigrantes de todo el mundo. No es hora de cerrar la puerta, todavía queda espacio como para recibir a una modesta cantidad de refugiados sirios.

Estados Unidos fue construido por inmigrantes, por su pujanza y su labor. Pero también tiene su historia negra en el rechazo inicial a los inmigrantes que hablaban otro idioma que no fuera inglés, que no compartieran la misma etnicidad o religión. El miedo excesivo llevó a internar en campos de concentración a ciudadanos estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial;  al mismo tiempo que se negaba refugio a familias judías ancladas en Nueva York, que fueron regresadas a morir en la Alemania nazi.

No repitamos esta parte de la historia con los refugiados. La gente está temerosa por lo ocurrido en París y por el discurso incendiario de políticos que sacan provecho de la ansiedad del público. Para ello hacen exageraciones como el que la Casa Blanca quiera traer más de 100 mil refugiados, cuando el presidente Obama habla de 10 mil. Y desconfían de que el detallado proceso que toma por lo menos dos años para investigar las solicitudes, sea incapaz de detener a un terrorista.

Las cifras son importantes. La cantidad de refugiados que se tiene planeado traer es baja ante los cientos de miles que están siendo recibidos en Europa y los millones desplazados entre Jordania y Turquía por el caos en Siria.

Estados Unidos tiene un deber humanitario para participar en este rescate. También una responsabilidad en la crisis, al desestabilizar Irak y dejarlo en tan malas condiciones como para que ISIS crezca nutriéndose del descontento sunita.

Ya basta de decir que “somos compasivos, pero…”. La mayoría de los refugiados son familias y el terrorista que quiera atacar no va esperar un proceso de dos años a ver si puede entrar al país .

Según la tradición del Día de Acción de Gracias, el agradecimiento por lo que se tiene se demuestra compartiendo. No les demos la espalda a los refugiados sirios.