Posadas en México: de la tradición a los festejos más raros

Santa Claus se ha integrado a las Posadas de México.

Santa Claus se ha integrado a las Posadas de México. Crédito: Gardenia Mendoza | Impremedia

MÉXICO.- Mucho ha pasado desde que en 1587 Fray Diego de San Soria pidió permiso al Papa Sixto V para realizar la primera “posada” religiosa de la que México tiene registro oficial, para recordar los nueve días en que los padres de Jesucristo pidieron albergue desde Nazaret a Belén, donde José tenía que cumplir sus obligaciones fiscales con María a punto de dar a luz.

Hoy los habitantes de la colonia Candelaria Ticomán en el Distrito Federal aún recuerdan cada diciembre la travesía de José y María, pero a su manera: en lugar de cantar al compás de los panderos y guitarras, entonan los villancicos al estilo rap con pistas de música como si fuera un karaoke y sobre sendas motocicletas en lugar de burros o caminatas a pie.

Estas peculiares posadas son organizadas por un grupo de pandilleros dedicados al robo de casas y automóviles que se autodenominan “Los Hijos de la Anarquía”, aunque sus fiestas tienen muy poco de desorden.

De hecho, se planean con meses de anticipación y una parte de los hurtos son guardados celosamente para dar a los ticomanenses una gran fiesta: acuden hasta 1,500 personas de todo el barrio.

“Todos los que vivimos ahí sabemos a qué se dedican, pero no decimos nada porque también son bondadosos con la gente: por ejemplo, si roban una pantalla, nos la dan bien barata y no como en las tiendas, y también hacen esas grandes posadas donde hay de todo: tostadas, pozole, ponche con ‘piquete’ (alcohol) y todo lo pagan ellos”, cuenta César Alanís, un habitante del barrio de 19 años que no cabe en sí de la emoción.

Este festejo hubiera escandalizado a más de uno el Virreinato y hasta casi dos siglos después, pero a finales del 2015 las posadas son, en México como en todo el mundo, un sincretismo religioso y cultural con posadas y arbolitos con luces de colores; nacimientos y renos.

La presencia de un  “Santaclaus” en la “posada” del bisabuelo “Acho”, patriarca de una familia de clase alta en la capital mexicana, es uno de los mejores ejemplos.

Santaclaus acude al evento vestido con su traje rojo y larga barba blanca contratado exclusivamente para que sea “un receptor de deseos”, como un santo al que van a pedirle salud, dinero, un novio, un hijo… después de hacer un recorrido por los patios y jardines cantando los tradicionales cantos para pedir posada.

“Es tanta su fe que cuando se cumplen las peticiones que me hicieron  regresan a la posada del siguiente año a darme las gracias”, cuenta Santa. “Y yo sólo les contesto que si crees realmente en algo un milagro puede surgir”.

A veces no hace falta un milagro y las posadas son un mero pretexto para las reuniones familiares y sociales que dejan a su paso mucho dinero. La Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo calcula que este año los mexicanos gastarán en las fiestas decembrinas alrededor de 24,000 millones de dólares.

Osvaldo Martínez, un empleado de 24 años, cuenta que cada año hay una posada en su casa y pocos saben que se trata de recordar un evento religioso (el nacimiento de Jesús), sólo que habrá pozole, piñatas, alcohol y un baile al final de la fiesta. “Posada es hoy un sinónimo de fiesta”, concluye.

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