El poder a fuerza de tortura y miedo

Venezuela hoy está más cerca de volver a ser un país gobernado por personas que creen en la democracia que Cuba
El poder a fuerza de tortura y miedo
Foto: Mariela Lombard / Mariela Lombard

Han pasado muchos años de cuando los dictadores latinoamericanos tenían personas expertas en torturar a sus oponentes.

Pasaba en Cuba, Haití, Nicaragua, Venezuela y muchos otros países.  Recuerdo haber leído que algunos comenzaban arrancándoles las uñas a los prisioneros. Otros apagaban sus cigarros en la planta de los pies de los sospechosos de estar conspirando contra el dictador de turno.

No quiero seguir detallando las cosas que hacían los torturadores. Todavía me duelen y yo nunca fui víctima de estos esbirros.

Cuando Fidel Castro llegó al poder, el ordenó se hicieran juicios populares donde se determinaría si los acusados eran batistianos que había cometido abusos durante el régimen. En pocos días ya habían juzgado a miles y muchos fueron ejecutados ante un paredón donde los fusilaban. Otros cumplieron 20 ó 30 años de cárcel.

Roberto Martín Pérez fue uno de ellos.  El cumplió 28 años de cárcel por haber conspirado con el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo para derrocar a Castro.

Fueron muchos los presos. Tantos que en 1978 dejó salir a 3,800 presos políticas.

Yo conocí a muchos de ellos. Andrés Vargas Gómez era el tío de mi esposa. Raoul Alfonso era primo (casi hermano) mío.  Y Alfredo Izaguirre fue amigo de siempre e hijo de un socio de mi padre.  A él lo acusaron de tratar de matar a Fidel.

En la cárcel de Isla de Pinos a Izaguirre le exigieron que trabajara en el campo. El se negó y los guardias le metieron una bayoneta en el muslo.

El régimen cubano depende de las torturas y el miedo para mantenerse en el poder.  Años después han refinado lo que hacen. Ahora le pegan a los disidentes, los encarcelan dos o tres días y los sueltan.  Hasta la próxima vez que hagan lo mismo.

Lo que nunca había oído era que en Cuba usaban torturas psicológicas. Los venezolanos fueron los primeros en usarlas.

La semana pasada, Lilian Tintori, la esposa de Leopoldo López, el preso político de mayor importancia, fue obligada a desnudarse delante de los guardias de seguridad para asegurarse que no trataba de introducir nada prohibido para su esposo.

Tintori dijo que los guardias la inspeccionaron detenidamente para hacerla sufrir aún más.

El sábado de la semana pasada me reuní con un grupo de disidentes cubanos. Uno de ellos me dijo que estando él en la cárcel, cuando su esposa vino a visitarlo, la hicieron que se desnudara para asegurarse que no tenía nada.

Uno de ellos contó que cuando el estaba en la cárcel desnudaron a su esposa antes de que lo pudiera ver.  Agregó que para vejarla, aún más, le metieron a un hombre en el cuarto donde ella estaba desnuda.

Amnistía Internacional y otras organizaciones de derecho humanos critican a todos los que torturan a sus enemigos político. Las torturas físicas dejan su huella en el cuerpo, las psicológicas quedan en la mente de los torturados por el resto de sus vidas.

Las elecciones recientes en Venezuela le dieron una mayoría habilitante a la oposición al régimen de Nicolás Maduro.  Eso nos da la esperanza que en un futuro cercano los venezolanos puedan volver a una patria libre y democrática.

No importa que Maduro al principio se negara a reconocer el resultado de las elecciones. Ya es demasiado tarde. El Poder Legislativo en Venezuela está en contra del presidente.

Los que luchan por los derechos humanos y los que creen en una justicia verdadera ya piden y demandan que el gobierno libere a Leopoldo López. Su único crimen fue pedirle a los venezolanos que salieran a las calles a protestar en contra del régimen.

Maduro se ha hecho el bobo. No ha hecho nada.

Pero, no hay duda que hoy Venezuela está más cerca de volver a ser un país gobernado por personas que creen en la democracia que Cuba.

Lo de Cuba es otra historia más larga y triste. Raúl Castro dice que el régimen no va a cambiar en nada.  El está muy contento con la política de Obama de darle a Cuba cada días más cosas sin pedir a cambio nada.

Los estadounidenses creen que a Raúl se le puede convencer que cambie haciéndole “regalitos”. Raúl recibe con brazos abiertos todo lo que le dan y después vuelve a decir. Nosotros no vamos a cambiar.

Aún bajo estas condiciones la disidencia en Cuba crece por días.  Uno de los disidentes que vino a un seminario en Miami me dijo.

“Los cubanos le están perdiendo el miedo al gobierno”.

¡Ojala tenga razón!