Mujeres dos veces víctimas: de acoso e impunidad

Viven en una sociedad machista bajo un sistema de justicia disfuncional
Mujeres dos veces víctimas: de acoso e impunidad
En México se denuncian miles de abusos al año, pocos se resuelven.
Foto: Shutterstock

MÉXICO.- A Katia Joselín Ordaz su jefe la llevó a un privado de la oficina en la que trabajaban ambos. Ahí la tomó de la cintura y la jaló para darle un beso por la fuerza. “Estás temblando, ¿por qué tiemblas?”, le dijo con sorna.

Katia no dijo nada, “no sabía qué hacer”.

Sólo grabó con su celular el audio del momento y este jueves presentó una denuncia penal por acoso sexual contra el regidor del ayuntamiento de Cuautla, Morelos, César Salazar, apenas unas horas después de que la periodista estadounidense Andrea Noel hiciera públicos unos videos que registran el ataque de un hombre en la calle que le levanta la falda.

“Hago responsable al funcionario de cualquier cosa que me pueda pasar”, dijo la joven Ordaz en Morelos ante medios de comunicación. “Me amenazan de muerte”, reportó Noel después de que las imágenes de la agresión subidas a la red social Twitter se hiciera vírales y el caso llegara a los oídos de la policía de la Ciudad de México.

Dos mujeres, dos lugares y el mismo problema de hostigamiento sexual de millones de mexicanas que en el día a día padecen la desventaja por partida doble de ser mujeres en un contexto machista y un sistema de justicia disfuncional donde la impunidad es otro común denominador.

Para el caso de violaciones (con alrededor de 112,000 casos al año) la organización civil Amnistía Internacional documentó que de las 14,829 denuncias presentadas en 2012, únicamente hubo 3,462 enjuiciamientos y de éstos las sentencias se redujeron a sólo 2,765. Esto quiere decir que, en promedio, sólo dos de cada 100 de estos delitos se castigan.

Por otro lado, los acosos y hostigamientos ni siquiera tienen un registro nacional aunque una encuesta del estudio Transporte Efectivo: el poder del consumidor y la encuestadora Dinámica en la CDMX arroja una luz de la dimensión del problema: nueve de cada 10 mujeres que ha utilizado el transporte público ha sufrido tocamientos, miradas lascivas, silbidos, susurros o comentarios obcenos que la ley considera delitos menores.

O sea que en el remoto caso que se lleve a juicio a una persona por estas agresiones ésta no pisará la cárcel si paga una fianza.

“Es increíble que las mujeres nos tengamos que vestir de cierta forma para no sufrir acoso porque la ley no ayuda”, observó Ana Buquet, del Programa Universitario de Estudios de Género.

Lejos de la calle, la violencia de género tampoco tiene muchas esperanzas en casa con comentarios discriminatorios, golpes y hasta violaciones de familiares: de acuerdo con el Instituto para las Mujeres el 70% de este delito provienen del padre, el tío, el abuelo, el padrastro o el primo con las respectivas secuelas sicológicas como depresión o trastorno de la personalidad.

Ya en las escuelas los riesgos también son latentes como ha documentado la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Entre 2000 y 2014 los padres presentaron 2187 quejas formales de diversos tipos de hostigamientos y en algunos casos cuando los padres buscan apoyo en las autoridades de los planteles no tienen eco, sino todo lo contrario.

En San Luis Potosí una supervisora fue denunciada por padres de familias porque supuestamente ella dijo que las niñas delatoras de un profesor que las sentaba en sus piernas para tocarlas “seguramente estaban enamoradas de él” porque seguían el patrón de conducta de los actores de la telenovela “La Rosa de Guadalupe”.

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