Enlace: El contraataque de México  

La mayoría de las veces el gobierno de México se ha hecho el sordo y el ciego ante esos ataques
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Foto: EFE

Dice un antiguo refrán que más vale tarde que nunca. En el caso del gobierno de México, la respuesta hacia la despiadada ola de ataques de Donald Trump contra los mexicanos que viven en Estados Unidos ha sido bastante lenta y desorganizada, pero finalmente hay señales de que empieza a tomar forma y fuerza.

Uno de los primeros pasos sólidos en esa dirección parece ser el reciente nombramiento de Carlos Manuel Sada como embajador de México en Estados Unidos. En una de las primeras entrevistas que concedió en su nuevo cargo, Sada, quien fue cónsul en Los Ángeles y en Nueva York, aseguró que el gobierno de su país contraatacará a Trump con esfuerzos de cabildeo y una estrategia promocional similar a la que llevan a cabo Israel y la comunidad cubana en Estados Unidos.

Sada puntualizó que tanto los mexicanos que viven en la Unión Americana como las compañías estadounidenses con operaciones en México necesitan destacar de manera más efectiva los enormes beneficios que representa la relación económica, comercial y cultural entre ambas naciones.

Habría que agregar que también se necesitan llevar a cabo estudios amplios y serios sobre el grave daño que sufrirían ambas naciones si se llegaran a implementar cualquiera de las ideas de Trump, entre ellas la de construir un muro en la frontera, imponer más gravámenes a las exportaciones de México hacia Estados Unidos, bloquear las remesas que envían los indocumentados a sus lugares de origen o deportar masivamente a quienes carecen de residencia legal aquí.

Sada también lamentó que cada cuatro años, durante las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la comunidad mexicana que reside en este país sea duramente atacada.

El embajador tiene toda la razón. Desde tiempos inmemoriales, los mexicanos en Estados Unidos hemos sido los chivos expiatorios favoritos de políticos sin escrúpulos que, ante la falta de ideas y propuestas eficaces, buscan culpar de los problemas del país a los más vulnerables. Los mexicanos, especialmente los indocumentados, son el blanco perfecto porque no tienen voz ni voto ni quién los defienda.

Ahí están, para citar sólo algunos casos, las deportaciones masivas que tuvieron lugar en la década de 1930 por la Gran Depresión y, más recientemente, las agresiones que encabezó contra México, a mediados de 1990, el entonces gobernador de California Pete Wilson.

Con la excusa de no querer intervenir en la política de Estados Unidos,  la mayoría de las veces el gobierno de México se ha hecho el sordo y el ciego ante esos ataques. Las consecuencias de esa indiferencia están a la vista. En estos momentos, con excepción de los musulmanes, no hay comunidad más despreciada en EEUU que la de los mexicanos.