Club América, ¿por qué te amo y por qué te odio?

El equipo azulcrema celebra hoy 100 años de su fundación, y es justo afirmar que el futbol mexicano no sería lo mismo sin las Águilas
Club América, ¿por qué te amo y por qué te odio?
Una de las grandes virtudes del Club América es que nunca se rinde, siempre cree que puede ganar, y eso es lo que lo ha hecho un equipo grande por tanto tiempo. En la imagen, el remate del portero Moisés Muñoz en camino al más emocionante campeonato del equipo.
Foto: Mexsport

El 12 de octubre de 1916, es decir, hace 100 años, fue fundado lo que hoy es el Club América, nombre entonces escogido por celebrarse el descubrimiento de América.

El equipo de la playera color crema procedió a convertirse con el paso de las décadas en una institución del deporte y, sinceramente, de la cultura mexicana, igual que las Chivas del Guadalajara, su eterno gran rival.

Nada identifica mejor al América que la bipolaridad que sus colores pueden despertar en los aficionados, por eso la frase del “más amado y el más odiado” es insuperable para referirse al club.

Yo no le voy al América, pero como aficionado tengo que reconocer que el equipo me ha causado las mismas sensaciones de amor que de odio. Como analista es distino. Todo mi respeto.

Yo amo al América porque es el equipo que le da, partido a partido, ese ingrediente apasionante al fútbol mexicano que nadie más le podría otorgar. En otras palabras, la liga mexicana no sería lo mismo sin el América. Cuando ganan las Águilas, millones de aficionados se ponen felices, y eso me alegra. Y cuando pierde el América, la mayoría de los mexicanos lo celebra; sí, una derrota de los azulcremas tiene un enorme impacto de felicidad para el pueblo mexicano y grupos de otras nacionalidades.

Pero claro, esto es el América, y este equipo ha llegado a ser odioso. Quien no sea americanista y no los haya odiado al menos un poco no es un verdadero fanático del futbol mexicano.

Yo odio al América porque, simplemente, representa al poder, a los millonarios, a los que han sometido a los equipos chicos y débiles por décadas, por la buena o por la mala; los que han comprado jugadores para desbaratar los sueños de otros. Uno, si no es aficionado de este tipo de equipos, tiene que estar en su contra.

Yo amo al América porque cuando uno tiene la oportunidad de pisar por primera vez la cancha del Estadio Azteca o caminar por sus pasillos, o escuchar a Melquiades Sánchez Orozco (La Voz del Azteca), o caminar por las instalaciones de Coapa (me tocó como jugador de una escuela filial del equipo) es magia pura. No importa que uno sea seguidor de otro club, como yo.

Yo odio al América por esa época de horrenda y penosa promoción y protección de parte de Televisa. Fueron mentirosos y cretinos. Felizmente, los tiempos han cambiado, y si uno no lo reconoce, es porque no quiere.

Yo amo al América por tratar muchas veces de llevar a México a grandes futbolistas, a grandes entrenadores, por darle forma, aunque sea de manera efímera, a aquellas “Águilas Africanas” de Beenhakker; por Reinoso y por “Zague”; por Ortega y Luna; por Blanco, ¿por qué no?

Yo odio al América porque no es raro que sus aficionados se pongan pesados, que sus porras inciten a la violencia, y aunque esto pasa con muchas otras aficiones, en la nación azulcrema no se ha visto mucho interés por frenar tales actos tan lamentables.

Yo amo al América, sobre todo, porque tiene una gran mentalidad. Ellos nunca se rinden, siempre creen que pueden ganar, y nadie sabe mejor esto que el Cruz Azul. Esa mentalidad debería ser imitada por otros equipos, otros deportistas, y por todos incluso afuera del deporte.

Hoy es el día del centenario. Hoy es el día para celebrar al América, para desearle que este sea el principio de otros 100 años de amor y de odio. ¡Felicidades!

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