La Superliga China, una montaña de billetes para seducir a los mejores

La oferta de 83.200.000 dólares por Tevez se empequeñece ante los US$ 522.000.000 con los que Hebei Fortune desea conmocionar a Messi; el brasileño Oscar y el uruguayo Cavani, en la lista
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La Superliga China, una montaña de billetes para seducir a los mejores
El Shanghai Shenhua realiza una sesión de entrenamiento.
Foto: GETTY IMAGES

La astronómica cifra con la que Jiangsu Suning sacudió el mercado de pases de la Superliga de China para la temporada 2016 empieza a presentarse como un monto menor, respecto a los millones que ya mueven los clubes del gigante asiático, rumbo al nuevo ciclo.

Los 58.000.000 de dólares que se desembolsaron por el brasileño Hulk, el goleador que deslumbraba en Zenit, de San Petersburgo, se empequeñecen ante los US$ 74 millones con los que Shangai SIPG tentó a Oscar, de Chelsea, que tiene contrato con el club inglés hasta 2019.

“Está acordado en un 90 por ciento”, admitió el volante, que desde el arribo del técnico Antonio Conte tuvo poca acción y quien hace un año desechó propuestas del campeón Guangzhou Evergrande y de Jiangsu Suning.

El portugués André Villas-Boas, entrenador que aconsejó a Chelsea su contratación y quien luego deseó sumarlo cuando dirigió Totthenam, inclinaría la balanza; de concretarse la operación, provocaría una doble marca: sería el pase récord del fútbol chino y la venta más jugosa de la historia de Chelsea, superando los 62.000.000 de dólares que percibió de PSG, por el zaguero David Luiz.

El nombre de Carlos Tevez es uno más en la lista de estrellas con la que los chinos desestabilizan al planeta fútbol.

Porque a los US$ 83.200.000 millones para que el Apache se mude a Shanghai Shenhua, por dos años, habría que agregarle los 57.500.000 con los que Tianjin Quanjian, equipo recientemente ascendido y que entrena desde junio pasado el italiano Fabio Cannavaro, pretende los goles del uruguayo Edinson Cavani, de PSG. Si el monto de la transferencia impacta, los 21 millones de dólares de contrato por año movilizarían al atacante.

El presidente y propietario del club francés, Nasser Al-Khelaifi, mostró poco afecto a desprenderse del charrúa, a lo que los asiáticos respondieron con un combo: Cavani y Javier Pastore. ¿Más nombres destacados?

Milan y Roma chocaron con la negativa de Cesc Fabregas de dejar Chelsea, aunque los US$ 32 millones que ofertan los chinos podrían modificar el humor del catalán. El primer sondeo no termina de convencer al futbolista que está recuperando el pulso deportivo en la Premier League. ¿La última fantasía china? Hebei Fortune intentará lo imposible: romper la relación entre Messi y Barcelona con. 522 millones de dólares por cinco temporadas.

Con esa única operación, la Superliga quebraría el registro de 350 millones de dólares que inyectó en el mercado 2016, una cifra que empalidece los 261.000.000 que movilizó la Premier League; mucho más retrasadas quedaron las restantes ligas del Viejo Continente: 81.500.000, el calcio; 40.800.000, la Bundesliga; 32, 5 millones la Ligue 1 y 28.000.000, la española.

Los brasileños Renato Augusto y Paulinho, hombre de la selección, y sus compatriotas Alex Teixeira, Ricardo Goulart y Ramires; el marfileño Gervinho, el italiano Graziano Pellé y Ezequiel Lavezzi, algunos de los pases más cotizados y que le dieron forma a aquella rimbombante cifra.

Pero no todos los nombres resonantes ni los cracks que fueron presentados con pompa lograron adaptarse y relucir. El último, el colombiano Jackson Martínez, cuya luz que se encendió en Porto, empezó a languidecer en Atlético de Madrid hasta prácticamente apagarse en Guangzhou Evergrande, que pagó 43,9 millones de dólares por el goleador.

A los pocos meses, su representante Henrique Pompeo negociaba su regreso a Europa, aunque el artillero, de 30 años, cumplió el primer año de los cuatro de contrato y fue campeón, con flojos números: 15 partidos y 4 goles. A comienzos de 2012, Nicolás Anelka dispuso que Shanghai Shenhua se convertiría en el decimosexto club en su extensa trayectoria; US$ 245 mil semanales era una buena razón económica para el francés, al que seis meses más tarde se le unió Didier Drogba, ex compañero en Chelsea.

El marfileño firmó contrato por 257 mil dólares a la semana, aunque seis meses después se marchó a Galatasaray, de Turquía. El astro Robinho dejó Santos para firmar con Guangzhou Evergrande en junio de 2015, aunque para trasladarse impuso el cobro por adelantado de un año de contrato; el vínculo era por tres temporadas y el astro embolsaría un millón de dólares mensuales. La experiencia tuvo números en rojo: 10 juegos y tres goles. Tan bajo fue su nivel que fue suplente en el Mundial de Clubes 2015.

No solo futbolistas de elite capta la Superliga, también directores técnicos de renombre y consagrados jerarquizan el certamen. El italiano Marcello Lippi es el entrenador de la selección que busca clasificarse por segunda vez a una Copa del Mundo. Luiz Felipe Scolari comanda a Guangzhou Evergrande, que domina desde 2011; el chileno Manuel Pellegrini conduce Hebei Fortune; el portugués André Villas-Boas, Shanghai SIPG; Gustavo Poyet, a Shanghai Shenhua; Félix Magath, Shandong Lunen. Como sucedió con los jugadores, hubo entrenadores de elite que decepcionaron, como Vanderlei Luxemburgo (Tianjin Quanjian, que ascendió a la Superliga con Cannavaro) y Mano Menezes (Shandong Luneng).

La reciente temporada tuvo a cuatro jugadores argentinos, aunque dos se despidieron finalizado el certamen. Lavezzi (Hebei Fortune) y Emanuel Gigliotti (Chongqing Lifan) seguirán en 2017; Walter Montillo (Shandong Luneng) y Darío Conca (Shangai SIPG), los que se despidieron y ya tienen ofertas: el primero descartó el regresó a Universidad de Chile y analiza jugar en Brasil o la MLS. Conca fue seducido por Flamengo, rival de Fluminense, donde descolló entre 2008 y 2011.

El fanatismo del presidente Xi Jinping por el fútbol empuja a las empresas a apoyar e invertir en el balompié, porque ningún magnate quiere decepcionar al máximo mandatario. El Gobierno está fanatizado en convertir a China en una potencia futbolística y para eso proyectó la construcción de más de 20 mil escuelas de fútbol para elevar su posición internacional. “Clasificarnos para otro Mundial, organizar un Mundial y ganar un Mundial”, el sueño de Xi Jinping, que mientras tanto disfruta de un campeonato que, desde 2004, cuenta con 16 clubes participantes; se disputa de marzo a noviembre y cuyo dos últimos equipos de la tabla de posiciones descienden de categoría. Un certamen que en 2010 sufrió un fuerte cimbronazo con el amaño de partidos, debido a las apuestas: cuatro árbitros fueron condenados a prisión y otras 33 personas suspendidas de por vida por el gravísimo caso de corrupción. Hoy goza de buena salud deportiva y económica.

Público y TV

La década ganada se refleja en la concurrencia. En 2008, el promedio de asistencia de hinchas a los estadios era de 20 mil, una cifra que se asemejaba a la que tienen las canchas del calcio. En 2015, los números se duplicaron y el último registro es de 45.900 simpatizantes.

Un contrato que sería el sueño de los clubes criollos. El último contrato televisivo que firmó la Superliga con la empresa China Sports Media es de 1.150.000.000 de euros, 30 veces superior al acuerdo anterior. La inyección de capital servirá para invertir en programas de entrenamientos de juveniles y mejorar las instalaciones de los clubes nacionales.

Mala conexión en Barcelona. Una bandera generó polémica en el derby entre Barcelona y Espanyol. Hinchas de Barcelona ubicados en la Grada Jove del Camp Nou se mofaron de Espanyol cuando la goleada blaugrana estaba sentenciada en el clásico catalán disputado el pasado domingo. “RCDE (por Real Club Deportivo Espanyol), primer negocio chino sin final feliz”, se pudo leer, mientras Lionel Messi se erigía como la figura del encuentro. La manifestación recibió críticas en España y fue condenada por ambas parcialidades en las redes sociales. La prensa local la calificó como “una pancarta de mal gusto”. Barcelona pidió disculpas y condenó el mensaje contra Espanyol, una S.A.D de capitales chinos.