El terror y las condiciones de vida en el sitio de Nueva York donde “reina” la Mara Salvatrucha

Brentwood y Central Islip son dos pueblos del este estado separados apenas por una calle. Allí, esta pandilla mató a 11 jóvenes en sólo siete meses
El terror y las condiciones de vida en el sitio de Nueva York donde “reina” la Mara Salvatrucha
José Hernández estudiaba la secundaria pero fue asesinado en 2016 por este grupo.
Foto: BBC Mundo

A menos de 100 metros de la escuela primaria de Central Islip y a muy pocas cuadras de restaurantes, tiendas e iglesias se encuentra el parque Clayton.

Rodeado de una zona boscosa con altos árboles, es el sitio en el que hallaron los cuerpos desmembrados y desfigurados de cuatro jóvenes el 12 de abril de este año.

Fueron los últimos cuatro asesinatos de una seguidilla de 11 que comenzaron apenas siete meses antes en los suburbios de Brentwood y Central Islip, en Long Island, Nueva York, Estados Unidos.

Estas dos poblaciones, de la noche a la mañana, se convirtieron en el área donde más asesinatos ha cometido la Mara Salvatrucha en este país.

De acuerdo a las investigaciones policiales, a las que tuvo acceso BBC Mundo, Jorge Tigre (18), Justin Llivicura (16), Michael López (20) y Jefferson Villalobos (18) fueron rodeados por pandilleros en la noche del 11 de abril en el parque Clayton.

Los padres tuvieron la dolorosa labor de reconocer los cuerpos.

A uno de ellos le faltaba la mitad de la cara. A otros les habían cortado las orejas.

El ataque con machetes fue tan sádico que algunos miembros estaban desprendidos de los cuerpos.

“La manera en la que fueron asesinados es consistente con el modus operandi de MS 13, por lo que claramente estamos apuntando a esa posibilidad”, afirmó el comisionado del Departamento de Policía del condado de Suffolk, Timothy Sini.

MS 13 es la forma en la que se llama comúnmente a la Mara Salvatrucha en Estados Unidos, la organización criminal considerada por el Buró Federal de Investigación (FBI, por su sigla en inglés) como la “única pandilla transnacional del mundo“.


En el corazón de Long Island

A primera vista, Brentwood y Central Islip no se parecen mucho al muy violento Bronx neoyorquino de los 70 y 80, o a las calles del sur de Los Ángeles durante la década del 90, donde surgió la Mara Salvatrucha.

No encuentras grafitis con los símbolos de MS 13 en las paredes de las casas, casi todas de no más de dos pisos, con jardín frontal y estacionamiento lateral.

Los restaurantes con comida mexicana y salvadoreña se mezclan con aparente armonía con las banderas estadounidenses que abundan en estos días por la cercanía del 4 de julio, el día de la independencia en este país.

En tren demoras casi dos horas en cubrir los 80 kilómetros que separan a estas dos modestas poblaciones del ostentoso Times Square, tal vez el lugar más emblemático de Nueva York.

Ambos poblados se encuentran en el condado de Suffolk, en la mitad casi exacta de Long Island.

En Brentwood habitan menos de 60.000 personas, en Central Islip apenas 35.000.

Más de la mitad son inmigrantes latinos o descendientes de ellos, la mayoría salvadoreños y puertorriqueños, aunque también encuentras hondureños, ecuatorianos y colombianos.

Los vecinos del lugar coinciden en que pocas veces se oyen disparos y que caminan por las calles con relativa seguridad, aunque saben que hay lugares por los que es mejor no pasar de noche.

Añaden que no se escuchan sirenas policiales ni ambulancias con frecuencia.

Pero eso no significa que no tengan miedo. Todo lo contrario.


El lugar donde más asesinatos comete la Mara Salvatrucha

  • 11 asesinatos vinculados a la Mara Salvatrucha sucedieron en Brentwood y Central Islip entre septiembre de 2016 y abril de 2017. Apenas siete meses.
  • De acuerdo al reporte del FBI sobre pandillas, no hay condado en Estados Unidos con ese margen de asesinatos.
  • La policía del condado estima que la cantidad de pandilleros de MS 13 en Suffolk es de 400. El FBI calcula que en todo Estados Unidos los mareros pueden llegar a 10.000.
  • El rango de edad es de 15 a los 29 años.
  • De acuerdo al más reciente reporte del FBI, la Mara Salvatrucha creció en el 49% de la jurisdicción estadounidense entre 2013 y 2015.
  • MS 13 tiene presencia en 49 de los 50 estados de EEUU.

Los padres de Nisa

Toda la casa de la familia Mickens Alvarado está llena de recuerdos de Nisa, otra de las víctimas recientes de la MS 13.

El 13 de septiembre de 2016, ella y su amiga Kayla Cuevas fueron rodeadas por un grupo de pandilleros que las conocían de la escuela secundaria de Brentwood.

Iban de vuelta a sus casas. Mickens tenía 15 años y Cuevas 16.

Ambas tenían ascendencia puertorriqueña y eran muy allegadas la una con la otra desde la infancia.

“Nisa estaba con su mejor amiga (Kayla), iban a todas partes juntas. Sin importar la situación, estaban juntas”.

Cuando pasó lo que pasó, obviamente mi hija no iba a dejar a su mejor amiga“, relata a BBC Mundo Elizabeth Alvarado, madre de la menor asesinada.

Las investigaciones establecieron que Mickens fue atacada con bates de béisbol y machetes; su cuerpo presentaba al menos 10 heridas de gravedad y un probable golpe de auto.

Encontraron a Nisa tirada en una calle, frente a la salida principal de la escuela primaria de Brentwood.

El cuerpo de su amiga fue hallado unas horas después cerca de allí, a una cuadra de su casa.

Rob Mickens fue quien tuvo la dolorosa tarea de reconocer el cuerpo vejado de su hija, probablemente la cosa -como él mismo señala- más difícil que le puede tocar a una persona en la vida.

La fiscalía del distrito de Nueva York reportó en ese entonces que el cuerpo de Nisa Mickens había quedado irreconocible.

Sin embargo, el padre de Nisa afirma que los recuerdos felices con su hija lograron sobreponerse a las imágenes dolorosas.

Su sueño era llegar a la WNBA (liga de baloncesto para mujeres). También pensaba seguir los pasos de su madre y estudiar asistencia médica para llegar a ser enfermera o veterinaria, lo cual me parecía maravilloso”, señala el padre de Nisa mientras muestra los dos trofeos de básquetbol ganados por su hija en la escuela.

Rob y Elizabeth armaron un pequeño altar para su hija y cubrieron las paredes de su sala con los carteles con fotos, mensajes y dibujos elaborados por los compañeros de clase de Nisa, retratos de ella con diferentes edades, flores, peluches y velas, entre muchos otros recuerdos.

Incluso colgaron el cartel de la policía del condado de Suffolk en el que se ofrecen $15.000 dólares por datos que puedan llevar al arresto de los asesinos de Nisa y Kayla.

Al lado de la puerta de la casa, como si estuviera en exposición, se encuentra un balón de básquetbol con un mensaje escrito por la hermana de Nisa: “Te amo, hermanita. Estaré contigo muy pronto“.


La mamá de José

Sara Hernández acude al psicólogo una vez por semana desde hace casi ocho meses.

Comenzó a ir poco después de esa mañana de octubre en la que la policía encontró el cuerpo de su hijo José Peña.

Sara es otra de las madres de los 11 jóvenes asesinados.

Son casi las 5:00 de la tarde cuando Sara llega para su sesión semanal acompañada de sus dos hijos pequeños.

Su voz suena normal y no parece contrariada. Sí muestra algo de desconfianza.

Después de su sesión de una hora, sale tan distinta que sorprende.

Tiene la voz rota y habla con prisa, como si quisiera huir de allí con sus dos niños.

Me ha dolido muchísimo. No lo puedo superar“, lamenta esta mujer salvadoreña.

No todas sus visitas al psicólogo la reconfortan. Algunas, como en este caso, también reabren las heridas.

José Peña, su hijo mayor, fue reportado desaparecido en mayo de 2016 y hallado muerto en octubre de ese mismo año.

Habla poco y se aferra con vehemencia a una idea: José Peña, su hijo asesinado, fue una víctima inocente de lo que le sucedió.

“Él era un niño bueno, muy respetuoso con las personas y sobre todo conmigo, por eso me dolió tanto lo que pasó”, afirma la mujer salvadoreña.

Para Hernández, no hay duda de que “en la escuela están las pandillas queriendo meter a los niños en sus grupos”.

“Por eso asesinaron a mi hijo. Rechazarlos puede significar la muerte”, concluye.

Los padres de Nisa Mickens y Kayla Cuevas canalizan su dolor ayudando a otras madres y niñas en riesgo.

En cambio, Sara todavía necesita ayuda y ella lo reconoce.


Las 11 víctimas de Brentwood y Central Islip
Nombre Edad Nacionalidad o ascendencia Detalles
Nisa Mickens 15 años Ascendencia puertorriqueña Asesinada el 13 de septiembre de 2016 en Brentwood.
Kayla Cuevas 16 años Ascendencia puertorriqueña Asesinada el 13 de septiembre de 2016 en Brentwood. Un día después iba a cumplir 16 años.
Óscar Acosta 19 años Salvadoreño Desaparecido en mayo, su cuerpo fue hallado el 21 de septiembre de ese año en Brentwood.Le faltaban semanas para graduarse de la secundaria.
Miguel García Morán 15 años Ecuatoriano Desaparecido desde febrero de 2016, su cuerpo fue hallado el 21 de septiembre de ese año en Brentwood. Sus restos fueron cremados y enviados a Ecuador.
Dewann Stacks 34 años Estadounidense Fue golpeado hasta la muerte el 13 de octubre de 2016 por caminar por una zona boscosa frecuentada por pandilleros. Recién se había mudado a Brentwood.
Jose Peña Hernández 18 años Salvadoreño Desapareció en mayo de 2016 y su cuerpo fue hallado el 17 octubre de ese año en un bosque de Brentwood.
Esteban Alvarado Bonilla 19 años Ascendencia salvadoreña Asesinado a balazos en Central Islip el 30 de enero de 2017.
Jorge Tigre 18 años Ascendencia ecuatoriana Su cuerpo fue encontrado en el Parque Clayton el 12 de abril.
Justin Llivicura 16 años Ascendencia ecuatoriana Su cuerpo fue encontrado en el Parque Clayton el 12 de abril.
Michael López Banegas 20 años Hondureño Su cuerpo fue encontrado en el Parque Clayton el 12 de abril.
Jefferson Villalobos 18 años Ascendencia hondureña Su cuerpo fue encontrado en el Parque Clayton el 12 de abril. Fue a Central Islip de vacaciones y a visitar a sus primos.

5 cosas que pasaron en Brentwood y Central Islip a partir de los 11 asesinatos

  1. El fiscal general de Estados Unidos Jeff Sessions realizó una inédita visita a Central Islip en abril para anunciar medidas “contundentes” que frenen la ola de crímenes. “Los tenemos en la mira. Estamos tras ustedes”, advirtió Sessions antes de expresar su sorpresa por el súbito incremento de asesinatos.
  2. Desde que se encontraron los primeros cadáveres, patrullas vigilan escuelas, parques y bosques de día y de noche. Incluso en el receso escolar estadounidense, vehículos policiales se encuentran en las inmediaciones de los centros educativos. Por las noches, el parque Clayton también tiene vigilancia.
  3. En el último mes, en el marco de la “Operación Matador”, 39 miembros de MS 13 fueron arrestados acusados por los asesinatos recientes y otros crímenes.
  4. En los meses previos, otros 41 pandilleros fueron acusados ante tribunales neoyorquinos.
  5. El estado de Nueva York fortaleció la presencia de la Fuerza Antipandillas compuesta por policías y liderada por el FBI.

El problema de los menores indocumentados

Long Island es el tercer lugar de Estados Unidos en el que más pandilleros de MS 13 fueron arrestados en los últimos 10 años, sólo detrás de Washington D.C. y Baltimore, según el Centro de Estudios sobre Inmigración.

Además, el condado de Suffolk, donde se encuentran las poblaciones de Brentwood y Central Islip, es junto con los condados de Los Angeles y Miami-Dade, uno de los mayores destinos de inmigrantes menores de edad no acompañados que ingresan a EE.UU .

En los últimos seis años, 750 nuevos estudiantes ingresaron al cada vez más saturado sistema de educación pública de Brentwood.

Esta clase de cifras, combinadas con los asesinatos recientes, han multiplicado las voces que señalan que un mayor control migratorio es el único freno a la ola de asesinatos.

Una posición que no es sólo defendida por una parte de los habitantes de Central Islip y Brentwood, sino también por legisladores locales.

El propio Sessions, en su visita a la zona, dio a entender que una de las soluciones a la violencia será “cerrar el paso” a decenas de miles de menores no acompañados que ingresan a territorio estadounidense.

Por su parte, el comisionado del Departamento de Policía de Suffolk, Timothy Sini, cree que la Mara Salvatrucha aprovecha esta situación para reclutar nuevos miembros en las escuelas.

Hay jóvenes que no tienen un círculo social establecido y MS 13 les provee ese círculo“, señala el agente policial.

“Les dicen, ‘si no te unes, te mataremos'”, añade Sini.


Ser expandillero en Nueva York

Ramón Dávila* es puertorriqueño y vive en Brentwood desde sus 11 años. Ahora tiene 24.

No tenía bueno dominio del idioma inglés cuando llegó a Nueva York y tuvo muchas problemas en la escuela.

De hecho, nunca la terminó.

Abandonó la secundaria después de que ingresó a una de las clicas (células o pequeñas pandillas afiliadas) de MS 13 en Brentwood.

“Llega un punto en el que te das cuenta que estás dentro. Uno no desea ser pandillero, no es un objetivo que tienes, pero pasa porque no quieres estar solo“, explica a BBC Mundo el joven que ahora se encuentra desempleado.

Allí conoció lo que es ser perseguido por grupos contrarios y también andar con un machete a todas partes.

Tuvo una pistola en sus manos por primera vez a los 17 años.

El puertorriqueño afirma que las pandillas ahora “son más visibles ” porque sus integrantes inician su trayectoria cada vez más jóvenes.

Llegan a la mayoría de edad con múltiples delitos, arrestos, armados y sin miedo a nadie“, indica.

Dávila cuenta que, al menos en Brentwood y sus alrededores, la Mara Salvatrucha realiza rara vez el “bautizo” a los nuevos miembros, porque a las clicas les interesa reclutar cada vez más y más personas.

Es conocido que el ritual de iniciación para los hombres en la Mara Salvatrucha es resistir una brutal paliza durante 13 segundos.

En el caso de las mujeres existe una variante: mantener relaciones sexuales con todos los presentes en el “bautizo”.

“Ahora los ubican en las escuelas. Desde los 12 o 13 años pueden comenzar a buscarte. Te presionan al decirte que debes decidir entre ser amigo o enemigo “, indica el puertorriqueño.

Dávila explica que muchas veces son las mujeres de la pandilla las que hacen el vínculo.

Todo comienza con una amistad como cualquiera, hasta que llega el punto en el que el probable nuevo miembro debe decidir, muchas veces bajo gran presión de grupo.

Ramón lleva el pelo corto y dice que no ha cambiado su forma de vestir desde que dejó de ser pandillero.

Arrestos múltiples de varios miembros de la clica que conformaba le permitieron “salir de circulación” hace un par de años.

El apoyo de sus tíos fue vital.

Trabajó un tiempo como cajero de una tienda 7 Eleven, pero mucha de la gente “amiga y enemiga” que acudía allí lo reconocía.

Dávila reconoce que su futuro todavía es incierto, pero afirma que no volverá a su anterior vida. “Tampoco podría”, dice en tono de broma.

Su mejor opción es conseguir un trabajo en algún lugar de Long Island lo suficientemente lejos como para que nadie lo conozca.

Pero ello le representará gastar una cantidad importante de lo que pueda ganar en los boletos diarios de tren. Comprar un auto le saldría mucho más caro y no tiene otro lugar donde quedarse que en la casa de sus tíos.

Me siento atrapado por Brentwood y por mi pasado“, concluye.


Buscando una explicación

Margarita Espada es una maestra y activista cultural puertorriqueña que tiene distintas actividades en Brentwood y Central Islip, la más importante de ellas es su Centro de Artes Yerbabruja.

Lleva más de 15 años en el área, y según su experiencia, “a estas alturas cualquiera puede ser de las ‘gangas'”.

“Gangas” es un término coloquial con el que las comunidades hispanas en Long Island y otras partes de Estados Unidos se refieren a las pandillas. Viene de la palabra en inglés gangs .

“Antes decían que (los pandilleros) se vestían de un mismo color (azul), pero ya no es así. Yo no los puedo distinguir. Ves gente en el gimnasio o en la calle y no sabes si son o no son“, explica la mujer a BBC Mundo.

Espada pudo hacer algo que padres a lo largo de Long Island y muchos otros lugares de Estados Unidos esperan lograr: mantener a sus hijos lejos de los crímenes y violencia de la Mara Salvatrucha.

Consultada sobre por qué creció tanto el poder de MS 13 en Brentwood y Central Islip en los últimos dos años, la puertorriqueña cree que el problema de fondo es la integración.

“Tu idioma y tu cultura es lo que tú eres. Las ‘gangas’ eso es lo que te ofrecen. Van a hablar tu idioma, van a comer las pupusas (un bocado típico salvadoreño) y van a escuchar tu música. ¿Dónde te vas a sentir más cómodo si eres recién llegado? Por eso es tan fácil reclutar para ellos”, afirma.

Espada apunta que para los menores centroamericanos que llegan a Estados Unidos, fundamentalmente los que vienen solos, el primer obstáculo es el idioma.

La activista puertorriqueña considera que si no se trabaja con intensidad en la integración de los recién llegados “sólo nos queda esperar a la próxima muerte”.

“El problema que yo siento acá es que tu cultura pierde el valor, que hablar español parece valer menos. Como ellos no han estudiado o vienen con la educación a medias, se avergüenzan. Y si tú te niegas a ti mismo, te vas a perder“, añade.

Integración y cultura son dos de las consignas vitales del centro cultural de Espada. Los promueve a través de jardinería comunitaria, teatro, pintura, música o canto.

“Esto no es un centro para latinos, es un centro para toda la comunidad. Así podemos crear diálogos con los afroestadounidenses o los italianos, por ejemplo”, afirma Espada, quien es la principal promotora del Centro de Artes Yerbabruja.

El inmueble donde funciona el centro de artes era un terreno abandonado donde las pandillas iban a consumir y vender drogas, en el que se produjeron varios tipos de delitos.

La yerbabruja es una planta caribeña que donde quiera que la lances nace“, afirma Espada.


¿Qué pasa en las escuelas?

Después de los asesinatos, padres de familia demandaron que se instalaran detectores de metales en las secundarias para evitar que los menores no carguen machetes y pistolas en sus mochilas.

El año escolar en los distritos de Brentwood y Central Islip quedará para siempre marcado por las muertes de alumnos como Nisa Mickens, Kayla Cuevas, José Peña o Jorge Tigre.

Además de las patrullas policiales en las inmediaciones de las escuelas, el distrito escolar señaló que tiene profesionales como psicólogos y asesores familiares para ayudar a los menores que presentan problemas.

Sin embargo, autoridades y padres de familia reconocen que no existe el suficiente personal para acompañar a todos los menores que no pueden ser recogidos de la escuela por sus padres.

Rob Mickens, el padre de Nisa, es uno de los que señala que ahora hay más control, pero que no es suficiente, ni lo único que se debe hacer.

“Una parte importante es aumentar la seguridad, pero la otra es mantener a los niños lejos de las calles. Hay que incrementar los programas que, por ejemplo, le enseñen cómo hacer una canción al muchacho al que le guste cantar”, indica Mickens.

Tenemos que permitir que los niños hagan lo que de verdad aman hacer. Eso hará un cambio“, concluye el padre de Nisa.

Antes de que terminen las clases, alumnos de la secundaria de Brentwood presentaron un video recordando todo lo que pasó.

Así es como la mayoría de las personas ven a Brentwood“, se lee en el clip.

Inmediatamente después aparecen titulares de la prensa estadounidense dando la noticia de los asesinatos de estudiantes ocurridos en los últimos meses.

Sin embargo, al cabo de un rato, irrumpen imágenes con niños que pintan con los dedos, ensayan violín o juegan básquetbol.

Este es el Brentwood que el mundo no ha visto. Nuestro hogar“.


De vuelta al parque Clayton

Más de dos meses después del hallazgo de los cuatro cuerpos, familiares de las víctimas y vecinos no dejan de llevar flores, velas y banderas al lugar donde se cometió el brutal asesinato múltiple.

El vivo color de las flores es una señal de que, pese al paso del tiempo, las personas se esmeran en preservar el improvisado memorial dedicado a los muchachos.

Durante el día, grupos de jóvenes aprovechan el receso escolar para practicar deportes en el parque, pero en la noche, el silencio y la oscuridad se apoderan de todo.

Tanto que intimida y da la impresión de que entre esos altos árboles que rodean al parque podría pasar lo que sea. Sin que nadie lo note.

Una de las cosas más lastimó a los vecinos de Central Islip fue que ellos mismos reacondicionaron el parque.

Ahora allí encuentras un campo de fútbol y otro de fútbol americano con el césped bien cuidado.

Y una patrulla que no se mueve del lugar.


Nueve paradas

Al caminar por las calles de Brentwood y Central Islip uno observa que restaurantes mexicanos o salvadoreños son frecuentados por estadounidenses blancos y que los centroamericanos no tienen mayores problemas para acceder a espacios públicos como la biblioteca.

Durante el día, te parece imposible que hayan pasado tantas cosas en tan poco tiempo en estas pequeñas poblaciones.

Sin embargo durante la noche, sobretodo después de los últimos acontecimientos, es algo difícil para el visitante no sentir algo de temor en las calles.

Apenas nueve paradas de tren separan a Brentwood y Central Islip de una de las ciudades más cosmopolitas del planeta.

Eso hace que todo lo que sucedió desde septiembre de 2016 sea aún más difícil de creer.

Al final del recorrido, el conductor que lleva al periodista de BBC Mundo rumbo a la estación de trenes, observa con asombro y pesar a dos patrullas policiales que vigilan una escuela secundaria.

De inmediato suelta un comentario que permite entender mejor el profundo impacto que esas 11 muertes significaron para los habitantes de esos modestos suburbios.

“Gracias a Dios no tengo ningún hijo pequeño”.

* El entrevistado pidió que se use un nombre ficticio por seguridad .