De “Roma” a la realidad: el padre ausente afecta a millones de mexicanos

La historia sigue siendo un retrato del México actual

MEXICO.- El multigalardonado largometraje Roma, del cineasta mexicano Alfonso Cuarón, puso sobre la mesa un problema poco atendido en este país: la paternidad irresponsable y el abandono del hogar que, según cifras oficiales y estudios universitarios, lo ha padecido casi la mitad de los mexicanos.

Reina Nájera, una trabajadora doméstica de la Ciudad de México, se cuenta entre ellos por doble partida. Cuando tenía tres años edad, su padre abandonó a la familia de nueve integrantes y dejó a la madre la responsabilidad de la manutención de todos.

“Mis hermanos más grandes tuvieron que emigrar (de Coalaca, Guerrero, a la Ciudad de México) para ayudar a mantenernos: éramos muy pobres y nos volvimos todavía más cuando mi papá se fue”, recuerda en entrevista con este diario.

Según el Censo de Población y Vivienda 2010, cuatro de cada 10 hogares mexicanos carecían de la figura paterna, esto es, ¡en 11.4 millones de hogares falta el padre! Esta cifra ha ido modificándose de mal en peor: en 1995, la carencia del padre del 31% de los hogares; para 2008, el porcentaje aumentó a 41.5%. Para 2015 la cifra se calculó cercana al 47%, ¡casi la mitad de la población!

Psicólogos y analistas de género coinciden en que hay comunes denominadores en los perfiles del padre ausente. Uno de ellos es la falta de educación.  “Sigue habiendo en los padres mexicanos, conforme disminuye el nivel educativo, una mayor tendencia a apegarse a algunas posturas sexistas tradicionales de machismo y marianismo”, advierte Rolando Díaz, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Para María Calvo, analista de género y autora de libro “Padres destronados: la importancia de la paternidad”, hay dos factores más. Por un lado, la desatención gubernamental y familiar en la enseñanza sobre “lo que significa ser padre” y, por otro, una crisis de identidad masculina.

“Se ha transitado de una figura paterna centrada exclusivamente en la contribución económica y el ejercicio vertical de la autoridad, hacia una que incluye relaciones basadas en el afecto y la cercanía con los hijos e hijas”, advierte.

“Este cambio está enfrentando resistencias culturales, psicológicas y sociales muy violentas para los propios hombres”.

Al llegar a la CDMX, los hermanos mayores de Reina trabajaron en lo que pudieron: en fábricas, en la vigilancia privada, como limpiadoras. Luego, la mamá los alcanzó para trabajar en el servicio doméstico. Algunos pudieron pagar sus propios estudios: hay un ingeniero agrónomo, una secretaria y una educadora. Otros no pudieron o no quisieron seguir.

Reina se casó pronto y parecía que había librado repetir la historia de su madre, pero, cuando su hija mayor cumplió 15, el marido la dejó. “Yo tuve que ponerme a trabajar doble turno y mis niñas se quedaban solas: por eso salió una de ellas embarazada”, lamenta.

El académico y especialista en el tema Ricardo Trujillo le da la razón: “La ausencia del padre golpea mucho la autoestima de los hijos porque el padre representa estabilidad, no necesariamente desde lo económico, sino también de lo afectivo”.

Por eso Reina no dudó en recibir de vuelta en casa al marido tres años después. “Al menos no tardó 30 años en regresar como mi padre que ya vino viejo, a los 70. Mi madre lo recibió y todos lo aceptamos, ¿quiénes somos nosotros para juzgarlo?”, pregunta.

LA IMPUNIDAD, A FAVOR DEL PADRE USENTE

En México existe una norma para la Igualdad Laboral y la No Discriminación de Género; otra ley contra los padres que no dan pensión alimenticia a sus hijos, pero es casi imposible lograr una sanción debido a la impunidad del país que rebasa el 90% y no existe una Ley General sobre paternidad responsable.