Violaciones, abusos o falta de comida: los terribles testimonios de niños en centros de detención

En una veintena de textos que recibió Univision, los menores relataron de su puño y letra las malas condiciones en las que viven en los centros de detención y el infierno que pueden llegar a atravesar antes de llegar a la frontera
Violaciones, abusos o falta de comida: los terribles testimonios de niños en centros de detención
Según DHS, las restricciones para deportar menores son "otro peligroso factor de atracción".
Foto: John Moore / Getty Images

Las condiciones en las que viven los niños que pasan por los centros de detención de la Patrulla Fronteriza se ha puesto más aún en tela de juicio desde este lunes, cuando el gobierno ordenó el traslado de cientos de niños detenidos. El trato penoso que reciben, la malnutrición y falta de aseo a la que se enfrentan y la necesidad que lo los mayores cuiden de los más pequeños sigue despertando las críticas de activistas y defensores.

Como muestra de esta triste situación, el medio hispano Univision publicó este miércoles testimonios que una veintena de estos menores escribieron de su puño y letra. En algunos de ellos se refleja, además, las difíciles situaciones por las que atraviesan algunos de ellos antes de llegar a la frontera.

Una de las historias que resalta el periodista Jorge Cancino es la de un adolescente que relató su violación en territorio mexicano. El menor estaba hambriento cuando un hombre le pidió que se bañara para luego violarlo.

Todos los testimonios son anónimos y en ninguno de ellos hay una descripción positiva de las “hieleras” o “perreras” como llaman a los centros de detención de la Patrulla Fronteriza. Allí -donde pasan hambre y no pueden asearse como es debido– muchas veces los menores están más tiempo del permitido en el acuerdo Flores (72 horas).

Respecto a la higiene, en varios testimonios los menores aseguran que solo pueden bañarse cada 5 o 6 días (incluso las niñas que están menstruando) y que ni siquiera pueden lavarse los dientes. A parte de esto, muchas veces tienen que dormir en el suelo, no reciben atención médica ni psicológica, no tienen acceso a ayuda legal ni a comida buena y suficiente.

Pese a la insistencia de Trump de cerrar las puertas a la inmigración, estos niños -y otros muchos migrantes- llegan a Estados Unidos con la esperanza de una vida mejor. Algunos de ellos relatan sus intención de ayudar a su familia y a otros que puedan pasar por situaciones como las de ellos.

“Vine para estudiar, para cumplir mis sueños y ayudar a mi familia”, reza uno de los manuscritos. “Mi sueño es estudiar para ser un abogado para poder ayudar a los migrantes de otros países” -dice otro de los niños, que expresa también la dificultad que supone dejar su país.