Deportados en México: “La policía nos asalta, nos roba, extorsiona…”

Miguel González cuenta las malas experiencia que ha pasado en México

MÉXICO Policías mexicanos corruptos encontraron en el robo a deportados una mina de oro. Aprendieron a identificarlos por su vestimenta, porque hablan inglés y muchas veces deambulan sin un rumbo fijo, extraviados por las calles de diversas ciudades del país.

“Me han asaltado cinco veces”, dijo a este diario Miguel González, repatriado en febrero pasado después de vivir 33 años en Estados Unidos: desde que sus padres lo llevaron cuando tenía cuatro. “Ahora ando bien jodido”.

González encontró pronto trabajo: en un call center de la Ciudad de México como pieza clave en servicios de atención al cliente en inglés, donde va a trabajar diariamente como miles de retornados a quienes los policías pusieron ya una etiqueta.

––Somos los que no sabemos nuestros derechos porque no hemos vivido aquí–– denuncia Pablo Ramos, un emigrante chiapaneco que regresó a México hace 10 años.

En ese tiempo, Ramos aprendió a esquivar maltratos e intentos de incriminación. La última vez, fue en Ecatepec, en el céntrico Estado de México.  Caminaba confundido por las calles del municipio más poblado del país cuando lo abordaron policías locales para decirle que parecía “sospechoso” por andar y desandar unas calles.

“Yo tengo derecho a caminar por la vía pública”, respondió con calma y sin alterarse: lo mejor en esos casos es hablar con respeto y mostrarse seguro. Es una mínima recomendación, dice a sabiendas de que los repatriados, migrantes al fin, están en la mira.

No existen cifras oficiales sobre el número de delitos en contra de los deportados. Robert McKee Irwin, de la USDavis, asegura que la situación es mucho más grave en la frontera, donde muchos se quedan con la esperanza de ver a sus familias o volver a cruzar como indocumentados. “Los reconocen porque llevan mochilas y parecen extraviados porque, obviamente, lo están”.

Las autoridades de seguridad mexicanas (policías federal, estatal, municipal, el Ejército y la Marina) tienen un largo historial de denuncias. Tan sólo en 2018, la Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes, conformado por 23 asociaciones civiles en 13 estados, registró 542 robos contra personas “en condición de movilidad”, 131 casos de abuso de autoridad; 83 extorsiones; 46 lesiones; 26 intimidaciones; ocho secuestros; cinco casos de tortura y discriminación; un feminicidio; un abuso sexual y una desaparición forzada.

A Miguel González, los policías de la Ciudad de México le quitaron 5,000 pesos (alrededor de 280 dólares) que había sacado de la cuenta bancaria de un banco para llevarlo a otro. Parecía que lo estaban vigilando, siguiendo, al acecho. “Aparecieron de la nada”. Eran cuatro, montados en bicicletas. Pidieron identificaciones.

El repatriado estaba acompañado por un amigo salvadoreño indocumentado y, al darse cuenta las autoridades se ensañaron. “O nos dan el dinero o lo llevamos a migración”.  Así los amigos quedaron sin un quinto hasta estos días que recibirán un pago por trabajo. Para comer han tenido que pedir prestado; para un techo, la caridad de un tío solidario.

“El gobierno de México debe hacer algo contra ese tipo de policías. Urgentemente”, comentó González.