Con amigos y familia, las cuentas deben estar muy claras

Quienes prestan por echar una mano suelen acabar sin dinero y sin amistad
Con amigos y familia, las cuentas deben estar muy claras
El dinero complica las relaciones entre amigos y familiares./Shutterstock
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La experiencia de echar una mano a un amigo o un familiar con dinero no suele tener final feliz. Es más, en los casos en los que se ayuda con un préstamo se termina de una manera agria y muchas veces quien tiende la mano termina perdiendo plata, según se desprende de una encuesta hecha por la web de finanzas, Bankrate.com.

No es casual que el matrimonio sea un contrato de convivencia y relaciones económicas porque cuanto más cercanas sean las amistades y las relaciones familiares, más conviene tener claras las expectativas con respecto al dinero. Con acuerdos claros y vinculantes se pueden evitar o minimizar los malos entendidos o las consecuencias no deseadas, que no son excepcionales. La experiencia del 37% de quienes prestan dinero a una persona cercana es que la plata no se recupera.

El 21% admite que la relación con ese familiar o amigo se ha deteriorado como resultado de ello.

Pero si dar dinero directamente es un problema no lo es menos ayudar a conseguirlo. Según Bankrate.com uno de cada cinco adultos ha cofirmado un préstamo para ayudar a que este sea concedido y el resultado ha sido malo. Para el 21% la relación se ha estropeado, en uno de cada cinco casos la calificación crediticia se ha perjudicado y un 18% ha perdido dinero con todo ello.

La mayor parte de quienes cofirman son padres y lo hacen a favor de un hijo adulto.

Son las malas consecuencias de buenas intenciones que se tienen que medir. Ted Rossman, analista financiero de Bankrate explica que lo más recomendable es poner a los amigos o familiares en contacto con asesores financieros que les puedan hablar de préstamos personales o incluso tarjetas de crédito aseguradas para salvar el apuro que tengan.

Si no hay mucha salida Rossman aconseja que se preste el dinero “sin expectativas de que sea devuelto”. ESi se quiere ayudar de verdad hágalo pero solo con lo que pueda permitirse perder”. “Asuma que es un regalo”, dice.

Las cautelas con las que hay que hablar de prestar dinero no solo se aplican a situaciones puntuales en las que un abuelo ayuda a un nieto con un préstamo o un amigo saca de un aprieto a otro por una situación que se creía temporal.  Incluso en situaciones en las que no hay un préstamo en puridad sino un acuerdo de pago conjunto hay lugar para los desengaños y la desconfianza.

Según Bankrate quien pone una tarjeta de crédito para pagar una cuenta conjunta, por ejemplo en un restaurante, para facilitar un cobro o conseguir puntos no siempre consigue que todo el grupo le abone lo que corresponde. Un 70% de los que han avanzado su tarjeta no termina de ver toda la cantidad de dinero se le adeuda por parte del resto. El 27% dice, de hecho, que ocurre frecuentemente.

En el caso de los mileniales el 76% han sufrido esta situación en más ocasiones.