Inmigrante salvadoreña recibe el 2020 como nueva residente de EEUU

Se terminó el miedo a ser separada de su familia y deportada a El Salvador
Inmigrante salvadoreña recibe el 2020 como nueva residente de EEUU
Xiomara Galicia comienza el año con su residencia de EE UU y su nueva casa. (Araceli Martínez/La Opinión).
Foto: Araceli Martínez / La Opinión

Más de tres décadas después de haber emigrado de El Salvador a Estados Unidos, Xiomara Galicia obtuvo su residencia tras lograr echar abajo una orden de deportación en su contra. 

Este año 2020 tiene dos razones para iniciar con el pie derecho: su residencia y su casa propia.

Cuando hace tres semanas recibí la tarjeta de residencia, el corazón me dio un brinco de gusto. Ahora tengo que cumplirle a la Virgen de Guadalupe, la promesa que le hice y viajar a la Ciudad de México a la Basílica para darle gracias. Ojalá se me haga este año que comienza”, dice Xiomara, una mujer inmigrante de carácter alegre y chispeante.

Como si fuera ayer, recuerda que entró a los Estados Unidos el 1 de octubre de 1986. Tenía solo 16 años.  “Yo hablaba mucho, y mi familia en El Salvador tenía miedo de que la guerrilla me fuera a llevar con ellos. Así que no se opusieron a que me viniera a Estados Unidos con unos tíos”, dice.

Xiomara Galicia con su esposo Marcelo Rodríguez y su hija Annxio Sabrina Rodríguez tienen muchas razones para estar felices. (Araceli Martínez/La Opinión).

Entró al país de manera indocumentada por el lado de Ciudad Juárez. “Crucé el río Grande sobre las espaldas de un coyote que me dijo que me agarrara muy fuerte porque si pisaba un muerto, se iba a resbalar y nos íbamos a caer”, dice

La historia la llenó de miedo. “Es verdad, hace unos días, uno de nosotros pisó un cadáver y cayó”, le respondió el traficante de humanos.

“Tardamos en cruzar el río como 20 minutos”, dice. Y ya en El Paso, Texas la entregaron a un tío que se encargaría de traerla a Los Ángeles. Pero en el aeropuerto de El Paso, fue descubierta por los agentes de migración mientras que su tío huyó.

“Cuando yo les dije a los oficiales que no traía pasaporte ni ningún documento, me procesaron, pero me dejaron seguir el viaje, después de hablar con la tía que me iba a recibir en Los Ángeles. Los oficiales si trataron de intimidarme, pero eran otros tiempos y al ver que yo era menor de edad, me comenzaron a tratar bien”, cuenta.

Xiomara Galicia ya no teme que la separen de su esposo Marcelo Rodríguez y su hija Sabrina Rodríguez. (Araceli Martínez/La Opinión).

Ya en Los Ángeles, en la casa de su tía, platica que ésta le decía que recibía documentación de migración, y hasta una vez la llevó con un notario. “Por muchos meses me pedía que no saliera de la casa, que la Migra podía ir a buscarme”, dice.

Tres años después de haber llegado a los Estados Unidos, conoció al mexicano Marcelo Rodríguez quien en ese momento ya era residente. Se casaron en 1994. Tienen dos hijos, un muchacho de 30 años y una menor de 11 años.

Cuando ya casada fue a ver a una mujer que hacía trámites migratorios, descubrió cuando le hicieron la revisión de sus antecedentes migratorios que tenía una orden de deportación que le dieron en 1987 cuando no se presentó a la corte de migración.

“Fui a ver a varios abogados. Recuerdo a uno con oficinas muy lujosas en un edificio en el condado de Orange que cuando le pedí que me dijera qué probabilidades tenía de cero a 100% de ganar mi caso, me respondió que solo un 40%, le di las gracias y me fui”, expone.

Tiempo después fue a ver al abogado en migración Richard Lucero, quien no dudó en tomar el caso.

“Le hice la misma pregunta a él sobre mis probabilidades de éxito. No me dio un porcentaje, pero me dijo que sí se podía.Yo estaba tan desconfiada, que pensé entre mí, me está dando paja”, comenta.

Sin embargo, confiesa que el defensor la hacía sentirse optimista. Aunque el proceso fue muy largo, y se tomó varios años, Lucero consiguió que le quitaran la orden de deportación y le aprobaran la residencia.

Xiomara García con su abogado de migración Richard Lucero. (Araceli Martínez/La Opinión).

Por ser menor de edad

Yo le vi probabilidades de éxito al caso de Xiomara porque la orden de deportación se la dieron cuando era menor de edad, y además su tía que supuestamente iba a ayudarla, se desapareció y realmente nunca le informó lo que estaba pasando. No era culpa de ella no haberse presentado a la corte; y entró al país siendo una niña”, explica el abogado Lucero.

“Basado en eso, conseguimos reabrir el caso y desechar la deportación”, sostiene.

Hace cuatro meses, el juez de migración cerró el caso cuando se le informó que habían presentado una petición familiar y la solicitud de ajuste de estatus a petición del esposo que ahora ya era ciudadano.

“Xiomara no tuvo que salir a El Salvador porque la petición familiar la habían hecho antes del 30 de abril de 2001, y no se ordena en esos casos, que tenga que salir por un perdón”, dice.

Y precisa que dicha petición familiar no procedió años atrás por la orden de deportación que ella tenía.

“Al principio, el caso fue difícil, pero cuando el juez aceptó reabrirlo, todo lo demás fue fácil”, explica el abogado.

Entre la incredulidad y la esperanza

La nueva residente de los EE UU dice que ella siempre ha sido muy asustadiza, pero el abogado Lucero le dio mucha esperanza. 

“De hecho, yo pensé que la entrevista por la residencia el 31 de octubre pasado, no me la iban a aprobar. Fue todo un desastre. Mi esposo no pudo recordar la fecha de mi cumpleaños, ni de nuestra boda. No se acordaba cómo se llamaba mi mamá. Yo salí bien preocupada, casi segura de que me iban a negar la residencia”, platica.

Pero aún con lo despistado que le salió su marido, semanas después recibió la carta del Servicio de Migración y Ciudadanía (USCIS) con la noticia que había anhelado por décadas, ya era residente de EE UU.

“Fue un momento de mucha felicidad, pero también de tristeza. Me hubiera gustado tener esa tarjeta de residente años atrás. La necesité tanto para ir a despedirme de mis dos mujeres, mi madre y mi abuela. Murieron sin que yo pudiera verlas y estar cerca de ellas”, comenta.

Pero por otro lado, la residencia, dice, la hace sentirse segura. “Siempre viví con miedo a que me deportaran y me separaran de mi familia. Una vez que fui a una corte de migración, tenía tanto miedo que hasta me despedí de mi jefa, por sí ahí mismo en la audiencia me detenían. El abogado trataba de tranquilizarme, pidiéndome que fuera más optimista, pero yo me veía en El Salvador deportada”, confía.

Xiomara se gana la vida como niñera. “Ahora que soy residente, me gustaría más adelante buscar un trabajo en una escuela”, revela.

Tan pronto obtuvo su residencia, ella y su esposo viajaron a Tijuana y Rosarito para celebrar el acontecimiento largamente esperado.

En este momento lo que la tiene muy ilusionada, además de su residencia, es que para principios de año, le entregaran su nueva casa. “Estamos esperando ese día con mucho ilusión. Así que tenemos doble motivo para celebrar y comenzar el año con entusiasmo: y primero Dios, ojalá podamos ir a la ciudad de México a darle gracias a la Virgen de Guadalupe por cumplirme y darme mi residencia”, externa fascinada.