Mente abierta para disfrutar el Hyundai Ioniq Eléctrico

Su rango de autonomía le quita puntos, pero es un modelo cargado de tecnología
Mente abierta para disfrutar el Hyundai Ioniq Eléctrico
Es un modelo rápido y espacioso
Foto: Armando Varela / Cortesía

Con el Hyundai Ioniq Electric, el fabricante coreano pone su grano de arena en el futuro de un mercado de amplio potencial.

El modelo 2020 que probamos ofrece unas 134 millas de autonomía, que no es una apuesta muy competitiva en un entorno en el que la ansiedad de carga -como llaman a los nervios de los conductores que temen de quedarse sin el ‘jugo’ que los impulsa- es hoy por hoy un factor determinante. Vehículos similares ofrecen unas 100 millas más.

Este Ioniq es un auto 100% eléctrico (hay otra versión híbrida) que se puede recargar durante su operación gracias a unas pestañas bajo el timón. Esta opción genera energía en los descensos y evita gastar carga mientras se regenera. Sin embargo, pese a tener varios niveles de recarga, su efecto final en la autonomía total del auto no es muy grande. En otras palabras, cuando te quedas sin carga, te metiste en problemas.

En un enchufe regular, como el de una casa cualquiera, tarda unas 22 horas en lograr el nivel completo de carga y en un cargador público de mayor capacidad, unas 4 horas en total.

El modelo que manejamos tiene lujos como sillas con calefacción, llave de ingreso en proximidad que te deja abrirlo cuando te acercas con el control en tu bolsillo y un espacio generoso tanto adelante como atrás, pero su línea exterior tiene mucho plástico en los terminados, lo que le quita algo del atractivo que le da un diseño compacto.

Sus controles son una mezcla digital y táctil que permite manejar desde el clima de la cabina hasta las opciones de entretenimiento, así como controlar el gasto o regeneración de energía.

Viene con monitor de punto ciego, asistente de carril, control de tracción, frenado automático y control de navegación inteligente, entre otros y al ser un auto eléctrico responde bastante bien al pedal de aceleración, lo que lo hace muy divertido.

Pero manejar un eléctrico no es para todo el mundo, o por lo menos no todavía. Requiere disciplina y organización para dejar el carro cargando por la noche, todas las noches, o suerte en trabajar para una empresa (del gobierno o una universidad) que tenga cargadores en el estacionamiento y te permita conectarlo durante la jornada laboral.

También está la opción de utilizarlo como carro de transporte entre la casa y la estación de trenes y dejarlo cargando mientras se hace el ‘commute’ hasta el lugar de trabajo. En este caso, un eventual ahorro de gasolina queda en el bolsillo de la compañía de trenes, al no utilizarlo realmente como auto acia el empleo.

Además, la velocidad de carga todavía no es siquiera comparable a los cinco minutos que tarda uno en una de las cientos de estaciones de gasolina cualesquiera, que hay en todas las ciudades del mundo.

Con el Ioniq nos pasó de todo: desde sufrir porque el carro se iba a quedar sin energía, hasta quedarnos cargándolo a las 12 de la noche en un estacionamiento público por horas. Eso sí, por una fracción de lo que cuesta llenar un tanque de gasolina.

El sistema aún es experimental y en una de las estaciones nos ayudó un operario al autorizarnos la carga; habrá que ver si con la masificación del sistema el servicio deja de ser personalizado. California, donde realizamos la prueba, es quizás uno de los estados más populados por estas estaciones de servicio y ese es otro factor que hay que tener en cuenta.

Aún quedan muchos interrogantes y quien quiera manejar un auto eléctrico debe tener la mente abierta para enfrentar situaciones que no son las más comunes. Pero es una tecnología cuyo futuro es muy alentador en beneficio, no solo del planeta, sino de sus mismos usuarios vía menores costos de movilización.

Su precio inicia en $33,000 y el modelo que probamos llega hasta los $38,000, que nos parece bastante, dado su rango.