Iglesias abren sus puertas a inmigrantes que salen de detención
Son en su mayoría solicitantes de asilo que no tienen familiares o amigos que les ofrezcan un techo temporal
Wilmer Castro recibe albergue en una iglesia en San Bernardino. (Cortesía Wilmer Castro) Crédito: Cortesía
Desde que Wilmer Castro salió del Centro de Detención de Adelanto, ha encontrado un hogar temporal en una Iglesia Evangelista de San Bernardino, California.
“Estoy contento y muy agradecido, mirando la libertad”, dice Wilmer, un inmigrante guatemalteco de 24 años, quien estuvo detenido un año y una semana en Adelanto y hasta enfermó de COVID-19.
“Si no me hubieran dado refugio en esta Iglesia, hubiera sido más difícil para mi salir libre. Tengo algunos familiares en este país, pero no mantengo ningún contacto con ellos”, comenta.
Wilmer comparte un cuarto con otro inmigrante liberado de Adelanto en las instalaciones de la Iglesia Evangelista, cuyo nombre y ubicación exactas, se mantienen en el anonimato por parte de los líderes religiosos para evitar protestas de los grupos antiinmigrantes.
Ha sido uno de los 20 inmigrantes y solicitantes de asilo beneficiados por el programa “Shelter In Place: Freedom Immigration Project”, puesto en marcha por varias iglesias en marzo pasado.
“Este programa ya existía desde ante de la contingencia sanitaria. Lo que sucedió fue que lo ampliamos tomando en cuenta que las Iglesias estaban cerradas por la pandemia del Coronavirus; o tenían espacio disponible que no usaban”, explica el pastor Guillermo Torres, vocero de la organización Clérigos y Laicos Unidos por la Justicia Económica (CLUE) .
Pasó también que antes de COVID-19, muchos particulares ofrecían sus casas para dar refugio a los inmigrantes que salían de los centros de detención, pero cuando estalló la crisis de salud ya nadie quería hacerlo por miedo a un contagio, explica.
En este esfuerzo para dar techo a quienes salen de la detención migratoria de Adelanto, participan seis iglesias de las denominaciones religiosas: Metodista, Luterana, Evangelista, Presbiteriana y Adventista de los condados de Los Ángeles y San Bernardino .
“Pero también nos han apoyado con fondos y donativos congregaciones judías, grupos japoneses-americanos y líderes católicos”.
El pastor dice que los cuartos de las iglesias se han habilitado como vivienda con baños y regaderas; y se ha proporcionado a los inmigrantes, ropa, sábanas, cobijas, productos de higiene y un teléfono celular para que se puedan comunicar.
“Casi todas las iglesias cuentan con cocinas en las que ellos pueden comer y preparar sus alimentos. Los hemos apoyado con cajas de comida fresca sin expirar”.

Aclara que estos hogares son de transición mientras pueden reunirse con familiares; o sostenerse por ellos mismos.
“Normalmente les ofrecemos un techo por tres meses, pero si no están preparados para irse en ese tiempo, los dejamos permanecer en las iglesias”.
Algunas veces se les ofrecen cuartos individuales, y otras veces son compartidos.
Entre los inmigrantes que han apoyado, figuran solicitantes de asilo que pidieron refugio en la frontera y fueron puestos bajo custodia, pero también inmigrantes que ya vivían aquí y fueron detenidos por el ICE.
“No solo hemos ayudado a inmigrantes y solicitantes de asilo de Centroamérica sino de Canadá, Colombia, México, África y Rusia”.

El pastor Torres afirma que con este programa quieren demostrar que hay alternativas de compasión para los inmigrantes, contrarias a las políticas crueles de mantenerlos detenidos en sitios inhumanos y con negligencia médica como el Centro de Detención de Adelanto.
“Este programa de albergue es muy importante porque responde a un requisito impuesto por los jueces de migración, quienes para poder liberar a los inmigrantes, éstos deben proporcionar la dirección del lugar donde van a vivir. Si no lo tienen, no pueden salir libres”, precisa.
El 8 de octubre, un juez federal del Valle Central de California ordenó al ICE cumplir con una orden del 20 de abril para liberar a los inmigrantes detenidos con factores de riesgo que aumentan sus probabilidades de contagiarse de COVID-19. El ICE hizo oídos sordos a ese mandato durante seis meses. Incluso varias agrupaciones de fe y familiares de los detenidos llevaron a cabo una huelga de hambre por una semana, frente al ICE de Los Ángeles, para presionar por la liberación de inmigrantes debido al coronavirus.
Cuando en octubre vino la segunda orden de liberación de inmigrantes para el ICE, a esta agencia federal no le quedó otra más que comenzar a liberar detenidos el 19 de octubre. Uno de ellos fue Wilmer Castro.
El 27 de octubre, el ICE anunció en un comunicado que se vieron obligados a liberar del Centro de Detención de Adelanto a 250 inmigrantes con antecedentes penales a las comunidades; y que la población que quedó en esos momentos bajo custodia era de 465.

Liberado por orden de un juez
La liberación de Wilmer fue posible gracias a la orden del juez federal del 8 de octubre. No se recuerda el día preciso que se vio libre de las rejas migratorias y pudo respirar aire fresco.
Había sido detenido el 17 de octubre de 2019 cuando fue a una cita a las oficinas de ICE en el centro de Los Ángeles. “Ya llevaba 5 años en el país, y andaba arreglando que me quitaran un delito que me hacía deportable. Tuve problemas de adicciones en el pasado y quebré una ventaja de una casa. Me reportaron a la policía y me acusaron de intento de robo, lo cual no es cierto”.
El año que pasó en detención – dice – fue muy difícil porque siempre vivió con miedo a la deportación. “El asilo me lo negaron y estaba en proceso de apelación”.
Cuando la pandemia comenzó, las condiciones de vida dentro de Adelanto se complicaron. “No nos dejaban hablar por teléfono. Nos encerraron. Solo nos daban media hora al día para salir de la celda. En esa media hora: o nos bañábamos o nos hacíamos algo de comer. No alcanzaba ese tiempo para nada”.
Pero además a Wilmer le pegó el coronavirus. “Me dolía mucho la frente, los pulmones. Me daban como punzadas y dolores de espalda. Me ardía la garganta. No me sentía bien. El estómago se me soltó”. Después de dos semanas, se recuperó.
Ahora en libertad, más tranquilo en la Iglesia Evangelista de San Bernardino, Wilmer está en espera de una respuesta a su caso de apelación por el asilo político que le negaron. “Aún no tengo abogado, pero mi sueño es salir adelante y progresar. Me gustaría mucho regresar a trabajar a la construcción o donde se pueda”.