Es urgente un cambio de tácticas policíacas para minimizar la violencia con armas

Es totalmente inaceptable que las víctimas mortales sean causadas no solo de los delincuentes, sino por las autoridades también

La comunidad pide justicia por la muerte de Valentina Orellana-Peralta.
La comunidad pide justicia por la muerte de Valentina Orellana-Peralta.
Foto: ROBYN BECK / AFP / Getty Images

Cuando una persona tiene miedo y se comunica con la línea de emergencia 911, la esperanza del que llama es que vengan las autoridades (policía de LA) y salven a las posibles víctimas y no que las maten.

Bueno, eso fue lo que sucedió el 23 de diciembre, un día antes de Navidad, en una tienda de North Hollywood, los empleados estaban aterrados porque un individuo estaba golpeando a una o varias mujeres. Es por eso que le hablaron a la policía, para evitar seguir siendo víctimas del agresor.

Pero lo que nunca imaginaron es que esa llamada le costaría la vida a una jovencita que estaba con su madre en la tienda midiéndose unos vestidos. Mucho menos pensaron que esa llamada provocaría que una madre viera morir en sus brazos a su hija de 14 años, ver a una familia destruida y ver a una madre y a un padre deshechos.

Estoy seguro que si las personas que llamaron a las autoridades pidiendo ayuda, hubieran sabido los resultados de la llamada, nunca lo hubieran hecho, o posiblemente hasta hubiera arriesgado sus vidas para detener al agresor, o no sé, hubieran hecho cualquier cosa, menos hablarle a la policía.

Aparentemente hay reportes que dicen que a la policía se le dijo que el hombre estaba armado, que se habían escuchado balazos en la tienda, pero la realidad es que Daniel Elena López (agresor) estaba agrediendo con una cadena de bicicleta. No tenía una pistola.

¿Qué acaso la policía no mide y planea sus acciones? No es muy difícil imaginar que cuando se va a una tienda, muy posiblemente hay más gente que pudiera salir dañada, así que se tiene que actuar con precaución para evitar más víctimas inocentes.

Si es cierto, la gente que reportó el crimen dijo que el agresor iba armado, pero si la policía al llegar no vio nunca una arma y no escucharon disparos ni el intruso los amenazó a ellos con una arma o vieron al agresor amenazar a una persona con una arma, entonces se debería de haber actuado acorde a la situación.

Además, en el video que publicó el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) nunca se ve al agresor tratando de golpear o agredir a un agente; es más, se ve tratando de escapar de la situación. Sabemos que todo esto pasa en cuestión de segundos, pero acaso no están preparados los agentes para medir la situación y ver qué tipo de armas o recursos se necesitan para controlar la zona sin que haya muertos y mucho menos, personas inocentes.

Si alguien dice que el sospecho tiene una bomba, entonces ellos también van a llegar con bombas sin saber si es cierto o no. No podemos tratar de solucionar todo con balazos, especialmente cuando el agresor no está armado y no hay una amenaza hacia los agentes o al público en el momento de confrontarlo.

Sería muy fácil concluir que la muerte de la niña Valentina Orellana-Peralta en la tienda fue un accidente, un daño colateral, pero cuántos accidentes o daños colaterales tenemos que seguir viviendo para minimizar la muerte de víctimas inocentes; o incluso, de agresores que no están armados y lejos de recibir un disparo se les puede arrestar y proveerles la ayuda necesaria para una rehabilitación. 

Qué sociedad queremos: asesina primero e investigamos después, provocando un sin número de víctimas inocentes; o una sociedad donde se pueda evitar y minimizar la violencia de armas y de víctimas al máximo.

No podemos seguir así. Por un lado nos tenemos que cuidar de los tiroteos que ya se han vuelto una cosa normal en nuestro diario vivir, pero ahora tenemos que pensarlo dos veces al momento de llamar a las autoridades ya que se podría provocar la muerte de personas inocentes.

Es urgente un cambio de tácticas policíacas, no podemos seguir viviendo con miedo de ser víctimas de la violencia generada por algunos miembros de la comunidad y por las autoridades mismas.

Agustín Durán es editor de Metro de La Opinión en Los Ángeles.