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Grupos comunitarios salen al rescate con despensas de comida ante la inflación

Casa Sonora distribuye alimentos cada sábado a las familias necesitadas en South Gate

Casa Sonora lleva comida a los residentes de bajos ingresos en South Gate. (Araceli Martínez/La Opinión).

Casa Sonora lleva comida a los residentes de bajos ingresos en South Gate. (Araceli Martínez/La Opinión). Crédito: Araceli Martinez Orteg | Impremedia

Cuando Sandra Mange y Claudia Vidaurri, líderes de la Casa Sonora unieron fuerzas para repartir comida, tres meses después de que inició la pandemia en 2020, no imaginaron la necesidad tan grande de alimentos que se iba a desatar, primero por la crisis de salud; y hoy en día, por la inflación,

“Desde antes de las 7 de la mañana, los conductores comienzan a hacer fila en sus carros. Nosotros empezamos a repartir a las 8 de la mañana”, dice Mange.

Relata que al principio, llegaban unos 150 carros por comida, ahora dan despensas a unos 150 vehículos.

“La voz se empezó a correr entre familiares y amigos. Y tenemos gente no solo de South Gate sino personas que viven en los códigos 310, 323, 626 y 213”.

Claudia Vidaurri y Sandra Mange , líderes de la Casa Sonora, reparten comida cada sábado en South Gate. (Araceli Martínez/La Opinión)

Acompañadas por unos 10 voluntarios, Mange y Vidaurri se instalan cada sábado en la ciudad de South Gate, California.

Y antes de comenzar, hacen un círculo, se toman de las manos y rezan una oración para dar gracias por la oportunidad de ayudar y proveer alimento a los necesitados.

“La comida nos las donan los bancos de comida de Los Ángeles; y mientras nos sigan apoyando, vamos a seguir ayudando a la gente porque hay mucha carencia”, dice Mange.

Grandes cajas con alimentos son colocadas por los voluntarios en los carros de las personas que necesitan comida. (Araceli Martínez/La Opinión)

Solo pararon en enero, porque muchos de los voluntarios se enfermaron de covid-19, y a fin de no propagar más el virus, suspendieron.

“Normalmente damos vegetales como limones, lechugas, tomates, cebollas, zanahorias; y frutas como naranjas y sandías, entre muchos otros; así como comestibles empaquetados, leche, agua embotellada. A veces, damos pollo o carne; y también gel antibacterial”.

Mange estima que cada familia se lleva una despensa de $100 a su casa cada semana.

“Es una satisfacción seguir ayudando a la gente y que se vayan contentas porque llevan para comer”.

Algunos de los voluntarios de Casa Sonora en el donativo de comidas. (Araceli Martínez/La Opinión)

Vidaurri dice que constantemente reciben llamadas telefónicas preguntando si pueden ir a las secundarias y escuelas intermedias a repartir comida. “La verdad no nos damos abasto. También hemos repartido comida en ciudades como Compton, Cudahy y Los Ángeles”.

Y agrega que siempre que distribuyen comida, llega gente de las clínicas a instalar un puesto que ofrece pruebas de covid ya sea de antígenos o PCR.

“Cuando podamos también ayudamos con becas”, dice. Y Mange agrega que además donaron 30,000 pesos mexicanos a una fundación en Cananea, México que apoya con prótesis a personas que han perdido algún miembro del cuerpo.

Jose Serafín recurre a los donativos de comida por falta de trabajo. (Araceli Martínez/La Opinión) Crédito: Cortesía

Al que madruga, Dios lo ayuda

José Serafin, residente del sur de Los Ángeles, llegó muy temprano al reparto de despensas de la Casa Sonora.

“Esta comida me dura una semana, y es una gran ayuda, sobre todo porque me han reducido los días de trabajo en la fábrica de vidrio donde laboro y todo está demasiado caro. Solo me dan de 3 a 4 días de trabajo. Nomás trabajamos para pagar la renta y los biles”

“Esta comida me dura una semana, y es una gran ayuda, sobre todo porque me han reducido los días de trabajo en la fábrica de vidrio donde laboro y todo está demasiado caro. Solo me dan de 3 a 4 días de trabajo. Nomás trabajamos para pagar la renta y los biles”.

Manuel Talavera, reparte su despensa entre su familia. (Araceli Martínez/La Opinión)

Manuel Talavera, un pensionado de 74 años que vive en South Gate, también madrugó por su despensa. 

“Me ayuda bastante. Yo la reparto con mi hermana y mi mamá.”.

Confía que le preocupa mucho cómo se están poniendo de cara las cosas, por lo que tratan de ahorrar lo más que pueden. 

“No compramos lo que no necesitamos; y solo vamos adquiriendo lo que vamos necesitando”.

Patricia Villasana contenta con la despensa que lleva a su casa.(Araceli Martínez/La Opinión)

Patricia Villasana, una madre soltera quien trabaja en una fábrica de costura y vive en Lynwood, dice que la despensa que le da la Casa Sonora es una bendición a como está la economía y la cuestión laboral.

“A veces hay trabajo, a veces no. En promedio, trabajo 3 días a la semana y me pagan el mínimo. Tengo 2 hijos ya grandes que viven conmigo y entre los 3 nos ayudamos”.

Revela que durante esta época de crisis económica, solo compra lo necesario. 

“Siempre estamos ahorrando para asegurar la renta. Pero la gasolina está muy cara. Mi carro como está grande se llena con $100 y eso que casi no lo uso”.

Patricia cree que con la guerra en Ucrania, se podrán las cosas más difíciles. 

“¡Qué Dios nos ayude!”.

Pedro Cervantes en la lucha por la comida. (Araceli Martínez/La Opinión)

Pedro Cervantes, también pensionado, reconoce que está batallando con todo tan caro. 

“Esta despensa es de mucha ayuda sobre todo porque ya no trabajo”.

Víctor Aragón, residente de Huntington Park, padre de dos hijos en edad escolar y trabajador de una bodega, dice que ante la carestía de la vida, no le ha quedado más que apretar en los gastos.

“Ahorita ando en la onda de no gastar más de lo que no debo, y tener lo más básico. La salud es la prioridad”.

Por eso asegura que la despensa de la Casa Sonora le cae de maravilla.

“Habemos mucha gente que necesita ayuda”.

Moisés Gómez reconoce la gran ayuda de las despensas. (Araceli Martínez/La Opinión)

Moisés Gómez, de 80 años, quien trabajó toda su vida productiva como tapicero y es residente de South Gate, hizo fila en su carro desde temprano para recibir sus donativos. 

“Ya me acostumbré a venir por esta comida, y nos sirve mucho en la casa”.

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