Dos meses de la Guerra Israel-Hamas: El dolor sigue

La Opinión logró llegar al lugar donde se produjeron los ataque de Hamas en la frontera sur de Israel, que dieron pie al inicio del conflicto armado que ha dejado miles de muertos

El Kibutz Kfar Aza, una comunidad agrícola israelí, localizada a unos cuantos metros de Gaza, fue devastada durante los ataques de Hamas del 7 de octubre. (Araceli Martínez/La Opinión)

El Kibutz Kfar Aza, una comunidad agrícola israelí, localizada a unos cuantos metros de Gaza, fue devastada durante los ataques de Hamas del 7 de octubre. (Araceli Martínez/La Opinión) Crédito: Araceli Martinez Ortega | Impremedia

Primera parte

A dos meses de que hombres armados del grupo terrorista Hamas irrumpieran y arrasaran con el Kibutz Kfar Aza en la frontera sur de Israel, aún se respira muerte.

El lugar parece un cementerio de casas incendiadas y destruidas. 

Este asalto a tres kitbuzim: Kfar Az, Nir Oz y Be’eri; y al Festival de Música Nova donde se divertían miles de jóvenes dio inicio a una de las guerras más cruentas entre Israel y Hamas.

Tras los mortales ataques a Israel del 7 de octubre, se desató un conflicto bélico que tuvo una tregua de seis días, la última semana de noviembre, para llevar ayuda humanitaria a Gaza, y efectuar un intercambio de secuestrados por Hamas con prisioneros palestinos en Israel.

Las huellas de la masacre en el Kibutz Kfar Aza están por todos lados: viviendas quemadas, techos colapsados, escombros y fierros retorcidos entremezclados con restos de muebles, ropa y todo tipo de prendas y artículos.

En muchas ventanas y paredes se observan los agujeros dejados por el impacto de las metralletas. Todavía quedan los cascarones de los autos quemados.

Es como si una bomba hubiera estallado en el lugar, aunque lo que explotó fueron las granadas lanzadas.

A media calle, en un carrito de bebé, tipo corralito, hay casquillos de bala.

El Kibutz Kfar Aza, una comunidad agrícola israelí, localizada a unos cuantos metros de Gaza, fue devastada durante los ataques de Hamas del 7 de octubre. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martinez Ortega | Impremedia

Nadie vive ya en el pintoresco Kibutz Kfar Aza, ubicado a tres millas de la Franja de Gaza. Desde la parte trasera de este kibutz se pueden ver las edificaciones de Gaza. 

Esta comunidad agrícola pasó de ser un apacible paraíso a un lugar al que ninguno de sus habitantes quiere volver.

En la actualidad, el lugar es custodiado por miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Días después del sábado 7 de octubre, el día que Hamas atacó este Kibutz alrededor de las 9:30 de la mañana, reportes noticiosos daban cuenta de que había cadáveres esparcidos por las calles y bolsas con cuerpos en la cancha de basquetbol.

El Kibutz Kfar Aza, una comunidad agrícola israelí, localizada a unos cuantos metros de Gaza, fue devastada durante los ataques de Hamas del 7 de octubre. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martinez Ortega | Impremedia

El Kibutz Kfar Aza es una de las tres comunidades agrícolas en la frontera sur de Israel que fueron devastadas por Hamas.

En el Kibutz Kfar Aza que visitó La Opinión vivían alrededor de 750 personas. Fueron asesinadas 62, entre niños, ancianas, mujeres y  hombres. Algunas fueron baleadas, otras quemadas y algunas más decapitadas. Los hombres armados de Hamas los mataron en sus camas, cuartos de seguridad, comedores, jardines y en cualquier lugar donde los encontraban.

Se llevaron a 18 secuestrados, hasta el 28 de noviembre cuando La Opinión visitó el lugar, se habían liberado a siete de ellos, como producto de la tregua a la Guerra Israel-Hamas. Todavía hay muchos desaparecidos.

Y ni las mascotas se salvaron, la mayor parte de ellas fueron acribilladas como se pudo ver en un video de 45 minutos de las Fuerzas Armadas de Israel que muestra cómo los miembros de Hamas, todos muy jóvenes, entraron a Israel, disparando a matar a quienes se encontraban en su camino en la carretera, y llegaban a los kibutzim y acababan con familias enteras, dando gracias a Dios tras cada ejecución, como si estuvieran haciendo una ofrenda.

Incluso en un audio se puede escuchar a uno de ellos, llamar a su padre para presumirle que había matado a más de ocho judíos, mientras que su progenitor le responde que está muy orgulloso de él, y le pasa a su madre para que le comparta “la buena nueva”.

El video de 45 minutos fue realizado con los propios videos que Hamas publicó en sus redes sociales y los videos capturados por las cámaras de las casas de los kibtuzim.

El mayor Ronnie Kaplan del Ejército de Israel platica con Dikla Shimritz, una madre que vivía en el Kibutz Kfar Aza, y a quien Hamas le tiene secuestrado un hijo. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martinez Ortega | Impremedia

Diklá Shmriz, una mujer, hija de padres argentinos-judíos es la primera vez que va al Kibutz Kfar Aza después del 7 de octubre. 

En esta comunidad la consideran una mujer fuerte porque no ha perdido la fortaleza, aún cuando su hijo de 26 años fue secuestrado por Hamas. 

“Es muy difícil venir. Hay gente que todavía no puede. Yo no sé si voy a querer volver a regresar a vivir aquí”

En este kibutz vivían muchos israelíes de origen argentino y brasileño.

¿Qué cómo le hago para sobrevivir después de los ataques?

“Vivo empastillada como todos los de este kibutz. Lo que más me cuesta es ver las señales con los números de muertos y secuestrados que el ejército ha puesto afuera de cada casa”.

El mayor Roni Kaplan, vocero de las Fuerzas de Defensa de Israel afirma que al Kibutz Kfar Aza llegaron entre 350 y 200 terroristas de Hamas, el 7 de octubre.

“Muchos se pararon arriba de esta casa para asesinar a la gente de seguridad”, dice mientras acompaña a un grupo de periodistas hispanos a hacer un recorrido por lo que queda del Kibutz Kfar Aza; y muestra la casa donde vivía el superintendente del kibutz, Ofir Libstein, quien perdió la vida luchando por proteger a su comunidad.

Su hijo de 19 años, Nitzan también murió durante la masacre. Su cuerpo fue encontrado 12 días después. Padre e hijo fueron sepultados con dos horas de diferencia.

El mayor Ronnie Kaplan de las Fuerzas de Defensa de Israel muestra la imagen del superintendente del Kibutz Kfar Aza, Ofir Libstein, quien junto con su hijo fue asesinado durante los ataques de Hamas el 7 de octubre. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martinez Ortega | Impremedia

“En este lugar mataron desde bebés hasta personas mayores de 80 años. Ese día del ataque, era un Día Festivo, el Día de Sucot (una festividad de las más importantes del calendario judío). Las familias estaban en pijamas, cuando llegaron a tocarles a sus casas para matarlos”, dice el mayor Kaplan, un reservista del ejército de origen uruguayo que fue llamado de emergencia a servir como portavoz para los medios en español tras los ataques de Hamas.

Describe el Kibutz como un lugar hermoso lleno de jardines bien cuidados, con gente que ayudaba a sus vecinos de Gaza. 

“Había una convivencia. Los llevaban a tratamientos de quimioterapia a Tel Aviv”.

Israel había emitido permisos de trabajo para 18,000 palestinos con el objetivo de que trabajaran en la construcción y en la agricultura; y estos trabajadores cruzaban la frontera a diario tanto para trabajar en Israel como en los territorios ocupados del West Bank.

El militar habla con tristeza del barrio de los jóvenes, el más afectado por los ataques de Hamas en Kfar Aza.

“A muchos los quemaron vivos y a sus hogares les prendieron fuego. Los sueños de los jóvenes se enterraron en este lugar; les ataron las manos antes de matarlos. A una mujer embarazada, le cortaron el vientre, le sacaron al feto, lo asesinaron y luego lo mostraron”. 

El mayor del ejército de Israel, Ronnie Kaplan muestra como las balas cayeron en una carreola de un niño durante los ataques de Hamas en el Kibutz Kfar Aza el 7 de octubre. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

Pero eso no fue todo, dice que los terroristas grabaron lo que hicieron, traían cámaras en el cuerpo en donde quedaron registradas sus acciones.

 “Los Nazis escondían todo lo que hacían. Los terroristas de Hamas las hicieron públicas en las redes, orgullosos de todos los judíos que masacraron. Lo sucedido va a hacer que toda nuestra generación viva con un postrauma y que no haya paz en esta zona”.

Por momentos, el mayor Kaplan se muestra optimista: “la salida de los rehenes es una luz de esperanza, de que un día vamos a poder vivir en paz”. 

Después de la tragedia, todos los habitantes del Kibutz Kfar Aza como los de los kibutzim del norte y sur de Israel fueron evacuados y llevados a hoteles. 

El Kibutz Kfar Aza, una comunidad agrícola israelí, localizada a unos cuantos metros de Gaza, fue devastada durante los ataques de Hamas del 7 de octubre. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martinez Ortega | Impremedia

Los Kibutz nacieron como una experiencia socialista a principios del siglo pasado, cuyo principal modo de supervivencia era la agricultura. Se privatizaron en los años 80; y algunos en la actualidad han diversificado sus fuentes de ingreso estableciendo empresas de alta tecnología o plantas industriales. En la actualidad, hay 270 kibutzim en Israel.

El 7 de octubre, Hamas mató a alrededor de 1,200 israelíes. Miles resultaron heridos y se llevaron a 240 como rehenes, muchos de ellos bebés, niños, abuelas, mujeres y hombres.

Durante la tregua de seis días, Hamás liberó a 105 rehenes civiles: 81 de ellos israelíes, 23 tailandeses y un filipino. Se estima que quedan 138 secuestrados en Gaza.

Casas siniestradas en el Kibutz Kfar Aza. (Araceli Martínez/La Opinión)

A cambio, Israel liberó a 240 prisioneros palestinos, todos ellos mujeres y menores de 18 años. 

Antes del ataque de Hamas, trabajaban 30,000 tailandeses en los campos agrícolas de Israel, en base a un acuerdo entre Tailandia e Israel.  

Luego de los devastadores e inesperados ataques de Hamas, la solidaridad mundial se volcó hacia el pueblo de Israel, pero tras la respuesta armada de Israel, y que empezaron a caer miles de muertos del lado de Gaza, mucha de la opinión pública le dio la espalda.

El senador estadounidense Bernie Sanders, crítico del primer ministro israelí Benjamin Netayahu, se opuso a que se den $10,000 millones de ayuda de emergencia a Israel como parte del plan de gastos para la seguridad nacional.

Aunque considera apropiado que Estados Unidos apoye a Israel para que proteja a sus ciudadanos de los ataques por misiles, está en desacuerdo con el acercamiento militar utilizado en la Guerra contra Hamas por los miles de muertes de civiles que ha dejado.

Hasta el 5 de diciembre, de acuerdo al Ministerio de Salud de Gaza, habían muerto, 15,299 en Gaza.

El Kibutz Kfar Aza, una comunidad agrícola israelí, localizada a unos cuantos metros de Gaza, fue devastada durante los ataques de Hamas del 7 de octubre. (Araceli Martínez/La Opinión)
Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

El mayor Kaplan aclara que Israel no está luchando contra el pueblo palestino, ni contra el Islam. 

“Estamos luchando contra un grupo terrorista que nos quiere destruir. En nuestra Carta Magna dice que Israel existe, y cuando Israel lucha lo hace de acuerdo al Derecho Internacional y a la moral judeocristiana. 

 “No entiendo como aquel que se adhiere al Derecho Internacional es criticado, acaso en Estados Unidos hubo esas manifestaciones cuando fue la guerra en Siria, en Cambodia, en Myanmar o en Yemen cuando de forma intencional se asesinaban civiles. 

“Acaso Hamas no se tiene que adherir al Derecho Internacional, es un doble estándar: uno para Israel y otro para el resto del mundo.

“Hacemos lo máximo para minimizar el daño a los civiles. Nuestro objetivo es desmantelar a Hamas, devolver a los rehenes y dar seguridad a nuestra ciudadanía”.

La tregua de la Guerra Israel-Hamas que comenzó el viernes 24 de noviembre terminó el viernes 1 de diciembre.


*Esta serie de reportajes es posible gracias a una fellowship de Fuente Latina, una organización no lucrativa y no partidista, fundada y dirigida por Leah Soibel. Tiene oficinas en Miami y la Ciudad de México. La misión de Fuente Latina es remover barreras lingüísticas y geográficas, empoderando a periodistas e influencers para cubrir historias sobre Israel y el Medio Oriente. Durante más de 11 años, Fuente Latina ha entregado fellowships a más de 350 profesionales de los medios hispanos de 12 países. Mucho del contenido informativo generado ha obtenido premios.

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