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Tendencia del “speed-watching”: no es que ganas tiempo, ver videos a mayor velocidad no es positivo

El speed-watching no mejora el aprendizaje ni la retención a largo plazo, sino que favorece la ilusión de eficiencia cognitiva

Tendencia del "speed-watching": no es que ganas tiempo, ver videos a mayor velocidad no es positivo

Consumo de contenido en forma acelerada y superficial. Crédito: Pheelings media | Shutterstock

La práctica del speed-watching se ha vuelto común, especialmente entre los jóvenes. Este fenómeno responde a la necesidad de optimizar el tiempo, pero también refleja un temor creciente a perder información valiosa.

Pero lo peor no que genere problemas de comprensión, sino además otros efectos negativos.

Esto se da en el contexto de una sobrecarga y celeridad informativa que “manifiesta los límites del cerebro”, pues se expone a un consumo de información cada vez más rápido y exigente, refiere el Hospital Quirónsalud San José (Madrid), en una nota de prensa.

Por otra parte, EFE recuerda que este fenómeno está asociado al FOMO (Fear of Missing Out o el miedo a perderse algo) o a la exigencia de estar constantemente actualizados.

Consecuencias cognitivas del speed-watching

Expertos del Hospital Quirónsalud San José advierten que el consumo acelerado de contenido afecta negativamente el procesamiento cognitivo, llevando a una comprensión superficial de la información.

Señalan que mantener la atención requiere un ritmo de presentación sosegado y pausado, de forma que cuando la información se recibe a un ritmo apresurado, aumenta la exigencia de novedad y, paralelamente, disminuye la habilidad para sostener la concentración.

Este centro médico cita estudios que son concluyentes en este sentido. En particular, dentro del ámbito educativo, en donde se ha apreciado cierto auge del speed-watching, se ha comprobado que los jóvenes mantienen un nivel aceptable de comprensión al percibir el mensaje a una velocidad x1.5, pero se reduce considerablemente en velocidades superiores al x2.

El speed-watching no mejora el aprendizaje ni la retención a largo plazo, sino que favorece la ilusión de eficiencia cognitiva.

“Aunque reproducir vídeos a una velocidad ligeramente superior (por ejemplo, 1.25× o1.5×) puede ser útil en determinadas circunstancias, su uso constante y excesivo puede alterar negativamente funciones cognitivas esenciales como la atención sostenida, la concentración y la consolidación de la memoria”, afirma la doctora Lucía Vidorreta Ballesteros, especialista en neurología y coordinadora de la Unidad de Migrañas del Hospital Quirónsalud San José, recoge EFE.

La disminución de la retención y comprensión se agrava en la población adulta mayor, donde el speed-watching provoca claros déficits en memoria y comprensión.

Comportamientos asociados

La exposición a ritmos acelerados puede generar ansiedad y frustración, disminuyendo la capacidad de disfrutar de experiencias prolongadas.

La presión por mantenerse al tanto puede intensificar la sobrecarga informativa.

Esta generación, llamada también “generación faster“, consume videos, mensajes e incluso juegos con un ritmo mucho más rápido que antes. Aunque el speed-watching permite ahorro de tiempo y adaptarse a una sociedad acelerada, también afecta la comprensión profunda del contenido, dejando la información de manera más superficial.

Consumo efectivo de contenido

Los profesionales sugieren que es fundamental incorporar pausas y repeticiones para una asimilación eficiente de la información.

Adaptar la velocidad de reproducción a niveles razonables podría ayudar a mitigar los efectos negativos del speed-watching.

Contenidos que se consumen con speed-watching

El contenido más consumido a través del speed-watching varía principalmente entre formatos como series de televisión, vídeos cortos, podcasts y contenidos instructivos, con una marcada preferencia por la eficiencia en el consumo para ahorrar tiempo.

Los jóvenes, especialmente Millennials y Generación Z, son los usuarios más activos del speed-watching y prefieren consumir una gran cantidad de contenido variado, incluyendo series, vídeos cortos (como en TikTok o YouTube), y podcasts a velocidades aceleradas. Por ejemplo, videos con duración habitual de una hora se reducen alrededor de 40 minutos para agilizar su consumo. Este grupo también prefiere contenidos que permiten saltarse escenas consideradas aburridas o irrelevantes.

En cuanto a la variación por edad, se observa que:

  • Los usuarios jóvenes (18-24 años) consumen mucho contenido de formato corto a diario (sobre un 68% ven vídeos cortos como “how-to”, noticias, y contenido generado por usuarios).
  • La práctica del speed-watching también está presente en personas mayores (65+ años), con un porcentaje incluso mayor en esta franja (36%) que acelera la reproducción, principalmente para evitar aburrimiento o saltarse partes no deseadas.
  • Sin embargo, la motivación principal para todas las edades suele ser la conservación del tiempo en un entorno muy ajetreado, con la búsqueda de mantener la atención y disfrutar sin aburrirse.

Plataformas como YouTube, Netflix, Spotify y WhatsApp han integrado opciones para acelerar la reproducción, adaptándose a esta tendencia que busca consumir más contenido en menos tiempo, y esto es especialmente popular entre las generaciones digitales más jóvenes.

Recomendaciones para padres y educadores

  • Establecer horarios y límites para el uso de pantallas, evitando periodos prolongados de conexión continua.
  • Promover que los jóvenes usen dispositivos en espacios comunes del hogar y evitar que se conecten solos en la habitación con la luz apagada.
  • Incentivar un consumo audiovisual más pausado para mejorar la concentración, el aprendizaje y la salud mental.
  • Estar atentos a signos de estrés o ansiedad relacionados con la búsqueda compulsiva de contenido a alta velocidad y actuar para fomentar hábitos más saludables.

Estas medidas buscan preservar y apoyar el buen desarrollo cognitivo y emocional de los jóvenes frente al auge del consumo acelerado de contenido digital.

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