Alertan sobre opioide ampliamente recetado que muestra un alivio mínimo del dolor y un mayor riesgo cardíaco
A pesar de ser percibido como una opción más segura, el análisis señala que su eficacia no es la esperada
Cápsula de tramadol. Crédito: chatuphot | Shutterstock
Un estudio publicado en BMJ Evidence-Based Medicine ha cuestionado la utilidad del tramadol, un opioide comúnmente recetado para el dolor crónico. A pesar de ser percibido como una opción más segura, el análisis señala que su eficacia es mínima y sus riesgos, significativos.
“A menudo, usamos tramadol para evitar drogas más adictivas como otros opioides, aunque en realidad el tramadol es un opioide sintético. Es mucho más suave”, observa el Dr. Marc Siegel, analista médico senior a Fox News Digital.
La investigación abarcó 19 ensayos clínicos aleatorios con más de 6500 participantes. Los resultados mostraron que la reducción del dolor tras el uso de tramadol fue inferior al umbral clínicamente relevante, lo que plantea dudas sobre su uso continuado.
Los pacientes que recibieron tramadol presentaron un riesgo mayor de eventos adversos, incluyendo problemas cardiovasculares graves, en comparación con el grupo placebo. Se destacó la necesidad de reconsiderar su prescripción debido a estos riesgos.
Limitaciones del estudio y consideraciones futuras
A pesar de la validez del análisis, se reconocen limitaciones significativas. Los ensayos fueron de corta duración, lo que dificulta la evaluación de efectos a largo plazo y la comparación con otros tratamientos. Los expertos advierten que el cambio en la medicación debe hacerse bajo supervisión médica para evitar síntomas de abstinencia.
Se sugiere que tanto clínicos como pacientes participen en una toma de decisiones informada, que contemple los beneficios limitados del tramadol y sus riesgos asociados.
Mecanismo de acción del tramadol
El tramadol actúa como analgésico opioide atípico con un mecanismo de acción dual o triple, combinando la activación de receptores opioides μ con la inhibición de la recaptación de serotonina y noradrenalina en el sistema nervioso central.
Mecanismo del tramadol. El tramadol se une débilmente a los receptores opioides μ, mientras que su metabolito activo O-desmetiltramadol (M1) lo hace con mayor afinidad, contribuyendo a la analgesia. Además, inhibe la recaptación de noradrenalina y serotonina, bloqueando la transmisión del dolor en la médula espinal, lo que explica por qué la naloxona no revierte completamente sus efectos.
Comparación con otros analgésicos. A diferencia de opioides puros como la morfina o fentanilo, que actúan casi exclusivamente sobre receptores μ con alta afinidad, el tramadol tiene menor potencia opioide (6000 veces menos que morfina) pero añade efectos sinápticos similares a antidepresivos. En contraste con AINEs como ibuprofeno (inhiben COX periféricamente) o paracetamol (mecanismo central no opioide), el tramadol es más efectivo para dolor neuropático moderado-severo.
Evaluación de riesgos antes de prescribir tramadol
La evaluación de riesgos y beneficios antes de prescribir tramadol es esencial para garantizar un uso seguro, ya que este opioide sintético conlleva riesgos como adicción, convulsiones y depresión respiratoria. Se debe realizar una valoración integral del paciente para equilibrar el alivio del dolor moderado a severo con posibles efectos adversos.
Pasos clave:
- Evaluar historial médico: Identificar factores de riesgo como epilepsia, apnea del sueño, abuso de sustancias, traumatismos craneales o uso concomitante de sedantes, antidepresivos o gabapentinoides.
- Analizar riesgo de adicción: Usar herramientas validadas para detectar abuso previo, dependencia o historial familiar de trastornos por opioides.
- Considerar comorbilidades: Revisar edad avanzada, insuficiencia renal/hepática o problemas respiratorios, ajustando dosis a la mínima eficaz.
Riesgos principales. Tramadol puede causar convulsiones (especialmente >400 mg/día), síndrome serotoninérgico con serotonérgicos, tolerancia/dependencia y depresión respiratoria en sobredosis o combinaciones. El riesgo aumenta con alcohol, benzodiacepinas o uso prolongado, requiriendo monitoreo estricto.
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