¿Qué es el scrapping y cómo puso en jaque al catálogo de Spotify?
El scrapping permite extraer grandes cantidades de información de sitios web de forma automática utilizando bots
Se cree que los hackers lograron obtener más del 90% del catálogo total de Spotify utilizando una técnica llamada scrapping Crédito: Shutterstock
El reciente caso en el que un grupo de hackers aseguró haber copiado prácticamente todo el catálogo musical de Spotify volvió a poner sobre la mesa un término que suena cada vez más en el mundo tech: scrapping (o mejor dicho, web scraping). Más allá del escándalo, entender esta técnica es clave porque se usa tanto para cosas muy útiles como para operaciones claramente ilegales.
Qué es el scrapping (o web scraping)
En términos simples, el web scraping es una técnica para extraer automáticamente datos de sitios web usando programas o bots, en lugar de hacerlo “a mano” como haría una persona con el ratón y el teclado. Esos bots navegan por una o varias páginas, leen el código HTML y se quedan solo con la información que interesa: textos, precios, imágenes, enlaces, metadatos, etc.
La palabra “scraping” viene de “raspar”: la idea es “raspar” un sitio web para quedarte con sus datos y guardarlos en formatos estructurados como CSV, Excel, JSON o bases de datos. A nivel técnico, el proceso suele seguir cuatro pasos básicos: el script recibe una lista de URLs, hace peticiones HTTP a esas páginas, localiza los fragmentos relevantes dentro del HTML (por ejemplo con selectores CSS o expresiones regulares) y almacena el resultado de forma ordenada para poder analizarlo después.
Detrás de esto puede haber desde un pequeño script en Python que un desarrollador corre en su portátil, hasta granjas completas de servidores rotando IPs y proxys para no ser bloqueados por los sistemas de seguridad de los sitios que están scrapeando. Por eso, el scraping no es solo “un truco de hackers”: es una tecnología madura y masiva, usada tanto por empresas legítimas como por actores maliciosos.
Cómo se habría usado el scrapping contra Spotify
En el caso de Spotify, un grupo de hackers activistas —identificado en varios reportes como Anna’s Archive— afirmó haber copiado alrededor de 86 millones de canciones y los metadatos de 256 millones de pistas, lo que correspondería a más del 99% de las escuchas y del catálogo disponible en la plataforma. La propia Spotify confirmó que desactivó cuentas vinculadas a este grupo tras detectar actividad irregular relacionada con extracción automatizada de datos, es decir, scraping ilegal.
Según los reportes públicos, el ataque no habría expuesto datos personales de usuarios, sino archivos de audio y metadatos (títulos, artistas, álbumes, ISRC, fechas, etc.) que forman parte del catálogo musical que la plataforma ha ido incorporando durante casi dos décadas. En la práctica, eso abre la puerta a que terceros creen copias piratas casi completas del catálogo de Spotify, algo que preocupa tanto por derechos de autor como por el modelo de negocio del streaming.
Aunque el grupo lo presenta como un “archivo para la conservación de la música”, la realidad es que la técnica utilizada encaja perfectamente con un scraping masivo y continuado de la infraestructura de Spotify, probablemente aprovechando cuentas de usuario y accesos automatizados a la API o al reproductor web. Normalmente, las plataformas intentan frenar este tipo de abusos con límites de peticiones, captchas, detección de patrones extraños y bloqueos de IP, pero cuando se combinan muchas cuentas y proxys es posible ir “raspando” poco a poco hasta sumar decenas de millones de archivos.
Lo llamativo del caso es la escala: se habla de unos 300 terabytes de archivos y datos, una cantidad gigantesca incluso para estándares de grandes empresas, lo que demuestra que un scraping bien orquestado puede convertirse en una auténtica aspiradora de catálogos digitales. Spotify insiste en que el incidente no afecta a las cuentas ni a la información financiera de los usuarios, pero reconoce que tuvo que reforzar sus controles para frenar nuevos intentos de acceso automatizado.
Para qué se usa el scraping (y cuándo se vuelve ilegal)
Lejos del contexto de hackers, el web scraping se utiliza a diario en sectores como el marketing, el análisis de competencia, la investigación de mercados o el SEO. Muchas empresas lo usan para monitorizar precios de competidores, analizar reseñas de usuarios, seguir tendencias en e‑commerce o recopilar datos públicos para alimentar modelos de IA y sistemas de recomendación.
También es muy común en el mundo del posicionamiento web y el contenido: herramientas de SEO y analítica utilizan scraping para recopilar resultados de buscadores, snippets, títulos y enlaces internos, lo que permite optimizar estrategias de contenido o detectar oportunidades de palabras clave. Incluso universidades, medios y organizaciones de investigación recurren a estas técnicas para estudiar fenómenos sociales a partir de datos públicos en webs, foros o redes.
El problema empieza cuando ese scraping cruza varias líneas rojas:
- Violación de derechos de autor o propiedad intelectual, por ejemplo copiando catálogos enteros de medios, música o vídeos para redistribuirlos sin permiso.
- Recolección masiva de datos personales sensibles (emails, teléfonos, direcciones) para spam, marketing no consentido o usos maliciosos.
- Incumplimiento deliberado de medidas técnicas de seguridad (saltarse autenticación, CAPTCHAs o bloqueos) o de los términos de uso de un servicio.
En varias jurisdicciones, incluidas las de Estados Unidos y Europa, las autoridades han dejado claro que el scraping no es ilegal por definición, pero sí puede serlo según qué se scrapee, cómo se haga y para qué se utilicen los datos. Extraer datos públicos para análisis interno suele considerarse aceptable, mientras que republicar de forma masiva contenidos protegidos o construir servicios que compiten directamente con la fuente original entra en terreno de riesgo legal serio.
Visto así, el caso de Spotify sirve como advertencia doble: por un lado, muestra que incluso las grandes plataformas pueden ser vulnerables a operaciones de scraping a gran escala; por otro, deja claro que esta misma técnica, que impulsa buena parte de la economía de datos en internet, puede convertirse en la herramienta favorita de quienes quieren copiar catálogos enteros sin pasar por caja. Para usuarios, artistas y sellos, la conversación que viene ya no será solo sobre piratería clásica, sino sobre cómo se controla el “raspado” automatizado de datos en la era del streaming y de la IA.
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