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Cárteles mexicanos ahora pelean por el espacio aéreo con tecnología de punta

Los cárteles han incorporado sistemas para detectar, rastrear, interferir y derribar drones, cuyo costo puede alcanzar hasta $300,000 dólares

Miembros del CJNG

El CJNG cuenta con una célula especializada en el manejo de drones armados. Crédito: X/blogdelnarcomx | Cortesía

El control del territorio por parte del crimen organizado en México ya no se disputa sólo en tierra. Ahora ha comenzado a librar una nueva batalla en el aire, mediante el uso de tecnología militar diseñada para crear zonas de exclusión aérea y blindar sus operaciones frente a rivales y autoridades.

Cárteles del narcotráfico han incorporado sistemas de última generación conocidos como C-UAS (Counter Unmanned Aircraft System), utilizados originalmente por fuerzas armadas para detectar, rastrear, interferir y derribar drones. Con estos equipos, los grupos criminales establecen límites invisibles en el cielo, una especie de domos de protección aérea que impiden el ingreso de aeronaves no autorizadas.

Una revisión de perfiles en redes sociales vinculados a la delincuencia organizada, realizada por el diario Milenio, permitió identificar al menos cinco grandes organizaciones que ya emplean esta tecnología de forma sistemática: La Mayiza, Los Chapitos, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Cárteles Unidos y dos facciones del Cártel del Golfo en Tamaulipas, Los Metros y Los Escorpiones.

El uso de estos sistemas marca una evolución frente a los llamados “bajadrones”, dispositivos rudimentarios que requerían detectar manualmente una aeronave para neutralizarla. En contraste, los C-UAS fijan zonas completas de exclusión aérea, de modo que cualquier dron que ingrese puede ser identificado y derribado de forma automática.

“Cuando se habla de domos de exclusión aérea no es ciencia ficción. Es la creación de una zona invisible sobre una ciudad, un campamento o una casa, donde ningún dron puede volar sin ser detectado o neutralizado”, explicó a Milenio el especialista en seguridad Alberto Guerrero Baena. “En los hechos, los cárteles están levantando feudos, pero ya no en la tierra, sino en el aire”.

En México, la vigilancia del espacio aéreo es responsabilidad del Centro Nacional de Vigilancia y Protección del Espacio Aéreo (Cenavi), adscrito a la Secretaría de la Defensa Nacional, encargado de detectar, interceptar y neutralizar vuelos irregulares. Sin embargo, esa misma lógica de control ha sido replicada por las organizaciones criminales para proteger rutas, laboratorios y centros de operación.

Durante la tercera semana de enero circularon en redes sociales dos fotografías geolocalizadas en Sinaloa que exhiben este fenómeno. En una de ellas aparece un joven armado con un sistema C-UAS portátil de la marca Skyfend, empresa con sede en Shenzhen, China.

En la segunda imagen, otro integrante del mismo grupo porta un equipo similar junto con una mochila rígida equipada con antenas y una tableta de monitoreo. Ambas imágenes fueron tomadas en el municipio de San Ignacio y corresponden a integrantes de La Mayiza.

De acuerdo con análisis difundidos por la cuenta especializada @Furia_Tinta en la red social X, el sistema incluye un dispositivo denominado “Hunter”, capaz de detectar y neutralizar drones en un radio de hasta tres kilómetros, así como un “Spoofer”, diseñado para engañar señales GPS y crear zonas donde las aeronaves no pueden operar. El conjunto forma parte del armamento SHH100, que incluso suplanta la identidad digital del dron para hacerse pasar por una fuente legítima.

Este tipo de tecnología, comparable a la empleada por países como Estados Unidos, Israel, Rusia o Irán, tiene un costo que oscila entre los 200,000 y 300,000 dólares por unidad, lo que la hace accesible sólo para ejércitos, grandes corporaciones o las organizaciones criminales con mayor capacidad financiera.

En julio pasado, el sitio especializado Intelligence Online documentó el decomiso de un arsenal completo de Skyfend en el estado de Durango, bastión histórico de los fieles a Ismael “El Mayo” Zambada. El operativo, realizado por fuerzas especiales mexicanas, reveló una red clandestina de suministro que conectaba a China, Panamá y al Cártel de Sinaloa.

La expansión de estos “espacios aéreos protegidos” no se limita a Sinaloa. Mientras La Mayiza opera domos de exclusión en el sur de esa entidad y en Durango, Los Chapitos han hecho lo propio en el norte sinaloense, Chihuahua y Baja California. En Ensenada, por ejemplo, se documentó la presencia de un sistema C-UAS móvil, capaz de desplazar el perímetro de protección conforme avanza su operador.

El CJNG también ha innovado en este terreno con la creación de divisiones especializadas. Entre ellas destaca el grupo conocido como “Los Droneros”, una célula dedicada exclusivamente a tareas aéreas como vigilancia de rutas, detección temprana de aeronaves oficiales y operaciones con drones armados.

En meses recientes, esta unidad ha instalado zonas de control aéreo en la frontera entre Jalisco y Michoacán, donde el cártel mantiene una disputa con Cárteles Unidos.

En plataformas como X y TikTok circulan imágenes de sus jefes armados con sistemas C-UAS para proteger las operaciones de su líder, Luis Enrique Barragán Chávez, alias “El R5” o “El Güicho”, dirigente del autodenominado Cártel de Los Reyes.

La expansión del control aéreo criminal ha despertado alertas más allá de México. Sitios especializados como Cuashub.com han advertido sobre dificultades que han tenido aeronaves militares estadounidenses en zonas cercanas a la frontera, particularmente en Texas, colindante con Tamaulipas, bastión del Cártel del Golfo, al que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha clasificado como organización narcoterrorista.

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