La presión popular y jurídica contra los excesos migratorios
Las críticas a Trump por su política migratoria no provienen únicamente de los propios inmigrantes, de sus vecinos y de los activistas que los apoyan
Una persona es detenida en Minneapolis por agentes federales el martes 3 de febrero de 2026. Crédito: Ryan Murphy | AP
En los pasados días se han producido algunas noticias positivas dentro del mar de pesimismo que ahoga al tema migratorio. Sin embargo, enfrentamos la certeza de que a la presidencia de Donald Trump le restan tres largos años y a menos que causas mayores lo impidan, completará su mandato sin visos de que sus políticas en inmigración vayan a cambiar.
Ciertamente surgen destellos de luz en medio de un oscuro túnel. Por ejemplo, el niño Liam Conejo Ramos, de cinco años de edad, fue liberado de un centro de detención en Texas junto a su padre, Adrián Conejo Arias, tras su vergonzosa detención en Minneapolis el 20 de enero al retornar de la escuela.
Ambos son solicitantes de asilo. Sus peticiones están en proceso pero fueron detenidos. El juez federal Fred Briery, del distrito Oeste de Texas, señaló que la detención de ambos “tiene su origen en la mal concebida e incompetente aplicación por parte del gobierno de cuotas diarias de deportación, aparentemente incluso si ello implica traumatizar a los niños”.
Otra jueza federal de distrito para el Distrito de Columbia, Ana C. Reyes, pospuso la cancelación del TPS para 350,000 haitianos por el gobierno de Trump mientras proceden demandas interpuestas por los afectados. Hay temores de que la maquinaria de detenciones y deportaciones de Trump se dirija a ciudades con altas concentraciones de haitianos, como Springfield, Ohio, especialmente si pierden la protección de la deportación al quitarles el TPS.
En la campaña presidencial del 2024, Trump promovió la mentira de que los haitianos se comían las mascotas de los residentes de Springfield. El entonces senador por Ohio y aspirante a la vicepresidencia, JD Vance, la repitió a pesar de que su equipo corroboró que la información era falsa.
Y en la entrega de los premios Grammy fueron varias las figuras musicales, encabezadas por el galardonado puertorriqueño Bad Bunny, quienes denunciaron la violencia de ICE. Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre de pila del artista, hizo un llamado a evitar que el odio nos contamine y a protestar, no desde el odio sino desde el amor.
Hay quienes dirán que esto no tiene ninguna importancia pero se trata de otro elemento de presión pública que fortalece lo que ya vienen haciendo los manifestantes en Minneapolis, Minnesota al ayudar a sus vecinos inmigrantes y condenar el abuso de poder de las autoridades migratorias federales que ya cobró la vida de los ciudadanos estadounidenses Renee Nicole Good y Alex Pretti. Decenas de inmigrantes también han muerto bajo la custodia de ICE en centros de detención donde hay denuncias de abuso, maltrato, falta de atención médica y condiciones insalubres.
Las críticas provienen de diversos sectores: entretenimiento, deportes y empresarios, sobre todo de alta tecnología.
La AP reportó que el director general de Apple, Tim Cook, envió un memorando a sus empleados expresando descontento con los desarrollos en Minneapolis.
“Creo que Estados Unidos es más fuerte cuando estamos a la altura de nuestros ideales más elevados, cuando tratamos a todos con dignidad y respeto sin importar quiénes son o de dónde vienen, y cuando abrazamos nuestra humanidad compartida”, señaló Cook.
Es decir, las críticas no provienen únicamente de los propios inmigrantes, de sus vecinos y de los activistas que los apoyan. El círculo se ha ido ampliando y eso se refleja también en los sondeos de opinión que demuestran una baja en los índices de apoyo a la gestión de Trump en general y sus números en inmigración en particular. Tampoco apoyan el desempeño de ICE.
Aunque los republicanos siguen apoyando su gestión migratoria, ha habido erosión, sobre todo tras la muerte a tiros de Pretti a manos de un agente migratorio.
Y es que esa presión tiene el potencial de producir cambios, no con la celeridad ni el alcance requeridos, pero cambios.
Por ejemplo, el lunes la Secretaria del DHS, Kristi Noem, anunció que los agentes del DHS destacados en Minneapolis portarán cámaras corporales, uno de los cambios que exigen los demócratas para liberar la totalidad de los multimillonarios fondos asignados a ICE.
Pero tampoco queremos tapar el sol con un dedo y sabemos que a pesar de los sondeos desfavorables, las protestas, las muertes o los retoques cosméticos a su estrategia, Trump no cambiará sus posturas antiinmigrantes porque son parte de su esencia.
Y su asesor Stephen Miller, el arquitecto de sus políticas migratorias más extremas, incluida la separación de niños migrantes de sus padres en el primer gobierno de Trump, seguirá fraguando planes porque perseguir inmigrantes es su misión de vida.
En esta lucha de decencia y valores contra la crueldad extrema, la presión popular y jurídica son vitales motores de cambio contra los excesos migratorios del gobierno de Trump.
Los textos publicados en esta sección son responsabilidad única de los autores, por lo que La Opinión no asume responsabilidad sobre los mismos.