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¿Por qué es tan caro tener un bebé en EE.UU.?

El modelo de negocio de los hospitales privados contribuye al encarecimiento. Muchas instalaciones priorizan procedimientos más rentables sobre la salud

¿Por qué es tan caro tener un bebé en EE.UU.?

Bebé inmerso en un sistema de salud que privilegia el lucro. Crédito: andriano.cz | Shutterstock

Estados Unidos ostenta el dudoso honor de ser el país desarrollado más caro del mundo para dar a luz. Mientras que en naciones como España, Francia o el Reino Unido el parto está cubierto casi en su totalidad por sistemas de salud pública, las familias estadounidenses enfrentan facturas que pueden alcanzar decenas de miles de dólares.

Esta realidad financiera convierte uno de los momentos más importantes de la vida en una fuente de estrés económico significativo, reflejando las profundas contradicciones de un sistema de salud que prioriza el lucro sobre el acceso universal.

Traer un bebé al mundo en Estados Unidos puede costar tanto como comprar un automóvil nuevo.

Sacando cuentas

Según datos recientes, el costo promedio de un parto vaginal sin complicaciones ronda los $14,000 dólares, mientras que una cesárea puede superar los $26,000 dólares. Estas cifras no incluyen el cuidado prenatal ni las consultas posparto, que pueden añadir miles de dólares adicionales a la cuenta final.

La estructura fragmentada del sistema de salud estadounidense es uno de los principales culpables. A diferencia de otros países desarrollados, Estados Unidos carece de un sistema de salud universal, que obliga a las familias a depender de seguros privados con coberturas variables. Incluso quienes cuentan con seguro médico enfrentan deducibles elevados, copagos y gastos no cubiertos que pueden sumar miles de dólares de su propio bolsillo.

La facturación médica opaca agrava el problema. Los hospitales cobran precios arbitrarios por los mismos servicios, creando una lotería geográfica donde el costo de dar a luz puede variar hasta un 400% dependiendo del centro médico. Un simple paquete de gasas o una dosis de epidural pueden aparecer en la factura con incrementos de precio astronómicos, aprovechándose de la vulnerabilidad de los pacientes.

Modelo con fines de lucro

El modelo de negocio de los hospitales privados también contribuye al encarecimiento. Muchas instalaciones priorizan procedimientos más rentables como las cesáreas, cuya tasa en Estados Unidos supera el 30%, muy por encima de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del 10-15%. Cada intervención adicional representa no solo mayores riesgos para la madre y el bebé, sino también una factura más abultada.

Las consecuencias de estos costos son devastadoras para muchas familias. Estudios revelan que aproximadamente el 60% de las mujeres estadounidenses que dan a luz enfrentan deudas médicas relacionadas con el parto. Algunas familias retrasan tener hijos por razones económicas, mientras que otras se ven obligadas a declararse en bancarrota tras el nacimiento de sus bebés.

La situación es particularmente grave para familias de bajos ingresos y comunidades minoritarias. Aunque programas como Medicaid cubren cerca del 40% de los nacimientos en el país, las personas que ganan apenas por encima del umbral de elegibilidad quedan atrapadas en un limbo: ganan demasiado para calificar para asistencia pública, pero muy poco para afrontar los costos astronómicos del sistema privado.

Sistema laboral depredador

A esto se suma la precariedad laboral. Estados Unidos es el único país desarrollado sin licencia de maternidad pagada obligatoria a nivel federal, forzando a muchas madres a regresar al trabajo semanas después del parto para no perder sus ingresos, mientras aún cargan con deudas médicas acumuladas.

Reformar este sistema requiere voluntad política para enfrentar los poderosos intereses de la industria de seguros y los conglomerados hospitalarios.

Mientras tanto, millones de familias estadounidenses continúan enfrentando una paradoja cruel: en una de las naciones más ricas del mundo, tener un hijo sigue siendo un privilegio económico más que un derecho accesible para todos.

El niño crece y los gastos también

A esto se suman los gastos iniciales de vida, hasta considerar los costos de cuidado infantil y matrículas escolares de educación en instituciones privadas.

  • Artículos para Bebé: los costos de cochecitos, cunas, pañales y ropa son elevados.
  • Inflación: el aumento en precios de alimentos, energía y vivienda impacta desproporcionadamente a hogares con niños. 
  • Cuidado infantil: a diferencia de la educación escolar, el cuidado infantil no está bien financiado por el gobierno, dejando el peso financiero en las familias.
  • Precios exorbitantes: las guarderías pueden superar los $1,000 dólares al mes, especialmente en zonas urbanas. 

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