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Indígena oaxaqueño es un mecánico a domicilio en L.A.

Lleva más de dos décadas ganándose la vida con la reparación carros, un oficio que aprendió al emigrar a EE UU

Alejandro Méndez, un mecánico a domicilio  en Los Ángeles.

Alejandro Méndez, un mecánico a domicilio en Los Ángeles. Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

Alejandro Méndez, un indígena zapoteco de los Valles Centrales de Oaxaca encontró en la mecánica su vocación al emigrar a Los Ángeles, y lleva más de dos décadas, dedicado a ser un mecánico a domicilio.

“Tuve mucho tiempo mi taller, pero cuando vendieron el local, preferí convertirme en un mecánico a domicilio, porque me da tiempo para hacer el activismo social y cultural que tanto me gustan”, dice Alejandro.

Cuando terminó de estudiar inglés y la secundaria aquí en Los Ángeles, recuerda que miró que al lado de la escuela, había un taller mecánico que daba clases de mecánica.

“Me interesó y emocionado tomé el curso. Al año y medio de graduarme, puse mi taller mecánico”, comparte.

Alejandro Méndez realmente disfruta ser un mecánico en Los Ángeles.
Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

Alejandro emigró a Los Ángeles en 1989 cuando tenía 17 años.

En la urbe angelina conoció a una muchacha que también era de Santiago Matatlán, su pueblo en la región de los Valles Centrales de Oaxaca. Se casaron y tuvieron cinco hijos, de los cuales Alejandro se siente muy satisfecho.

“Todos me hicieron caso, le echaron ganas a la escuela y son profesionistas”.

Recuerda que al llegar a Los Ángeles, trabajó en restaurantes; y pronto se dio cuenta que si quería prosperar, debía estudiar inglés.

“En el 2000 abrí mi propio taller en el que trabajé alrededor de cinco años. Después lo cerré porque alguien compró el local, y decidí intentar trabajar en la mecánica a domicilio para tener más tiempo para la familia, ir a las juntas de las escuelas de mis hijos, y hacer mi activismo”.

Y le dio resultado, comenta.

Comparte que no tiene una especialidad en la mecánica, y se considera un electromecánico.

“Arreglo motores, frenos, y sé hacer de todo. Enseñé a tres muchachos, y cuando aprendieron muy bien, se fueron a hacer la lucha por su cuenta. Me siento orgulloso de haberlos ayudado”.

Pero trabajar a domicilio,¿no es un problema cuando el vehículo a arreglar está en el estacionamiento de un edificio de departamentos?

“Sí lo es, y nos hemos metido en problemas, al grado que algunos gerentes me han amenazado con llamar a la policía sino me voy del edificio cuanto antes Me he sentido horrible cuando han pasado esas cosas. En esos casos, me traigo los vehículos a mi casa; o a veces, hasta ayudo a mis clientes con el costo de la grúa”.

Alejandro Méndez ha logrado sacar adelante a su familia de cinco hijos con su trabajo como mecánico.
Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

Dice que en cambio cuando va a reparar un automóvil a una casa, trabaja muy a gusto, sin que nadie lo moleste.

“Ya ven como es nuestra gente. Hasta me ofrecen agua y comida”.

¿Le ha dejado la mecánica automotriz para vivir?

“Si sale haciendo un buen trabajo. Los mismos clientes te recomiendan. Cuando son clientes nuevos, les pido que me dejen hacer mi trabajo, antes de juzgarme”.

Alejandro dice que quizá le hubiera gustado trabajar como mecánico de una empresa grande, pero decidió ser independiente, y no se arrepiente

“Ahorita ya no.Tengo 54 años, y ya se sienten”, dice riendo. 

¿Qué ofrece diferente a un taller mecánico?

“Pueden ahorrar desde un 40 hasta un 100%. Hay ocasiones en que los clientes me llegan con una lista de cosas que el dealer les ha dicho que sus carros necesitan. Yo les cobro alrededor de $30 por inspeccionar el auto, y de la lista, encuentro cosas que el dealer les quiere poner que no necesitan; o que bien pueden durar varios meses más. Por lo tanto, son gastos que de momento no se requiere que hagan”.

A veces, comenta que mucha gente lo busca porque observan luces en el tablero que indica que algo no funciona o necesita atención, pero al pasarles la computadora, encuentra que es algo simple como que se desenchufa un conector, y reparaciones que no requieren hacer un desembolso fuerte.

Alejandro Méndez va a las casas de los angelinos a reparar sus autos.
Crédito: Araceli Martínez Ortega | Impremedia

En los 25 años que lleva como mecánico a domicilio, dice que en su clientela no hay solo oaxaqueños.

“Tengo clientes gringos, afrodescendientes, indios. Haber ido a la escuela a aprender inglés, me ha dado una ventaja, tener clientes de todas las razas”.

Otra de las ventajas de ser un mecánico a domicilio independiente es que dispone de su tiempo para hacer el activismo que tanto le gusta.

“Me molesta mucho cuando hay una injusticia en cualquier parte del mundo, o ahora aquí con el ICE. Cuando se estaba pidiendo que Los Ángeles se hiciera una Ciudad Santuario, supe dos horas antes, dejé el carro que estaba arreglando y me fui al Ayuntamiento a alzar mi voz”.

A Alejandro no solo se le ve en las marchas y protestas sino que participa activamente en los eventos culturales oaxaqueños que se efectúan en Los Ángeles.

“Participo en la fiesta de la Guelaguetza o en cualquier actividad de nuestra cultura como el Día de los Muertos cuando nos vamos al cementerio”.

Pero este inquieto oaxaqueño además de ser mecánico ambulante y un activista, es maestro de la lengua zapoteca.

“Me tomó un año prepararme para dar las clases a hijos de inmigrantes oaxaqueños que ya nacieron en Los Ángeles y quieren aprender el idioma de sus padres y abuelos. Es como todo, al principio, a uno le da miedito y piensa ‘qué tal si no resulta’, pero luego se decide y se lanza, y todo sale bien. El miedo es el peor enemigo del hombre”.

Alejandro Méndez, mecánico, activista y maestro de zapoteco.
Crédito: Araceli Martínez | Impremedia

Con toda honestidad, Alejandro dice que no es el único mecánico a domicilio en Los Ángeles.

“Hay varios y tenemos comunicación porque cuando algunos de nosotros se topa con un problema difícil, nos llamamos para aconsejarnos”.

Dice que los operativos agresivos de migración han hecho que muchos mecánicos indocumentados que iban a las casas, hayan decidido alquilar un espacio para no exponerse al ICE.

Un cuarto de siglo después de reparar carros directamente en los hogares, está encantado de la vida.

“Claro, muchas veces después de 11, 12 horas de trabajo, uno se frustra, pero al día siguiente, me levanto con ganas, y entonces constato que la mecánica es lo mío, y que me gusta mucho”.

Una pasión que muchas veces lo poner a prueba con el avance de la tecnología en los autos.

“Esto me obliga con frecuencia a regresar a los libros y a la teoría para actualizarme y sacar el trabajo”.

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