window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-laopinion'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

La guerra de Trump contra Irán llevará al país al abismo económico

Ninguna nación está a salvo si representa un obstáculo contra las ambiciones de poder de EEUU e Israel

En campaña, Trump prometió mantener a Estados Unidos alejado de nuevas guerras en el exterior.

En campaña, Trump prometió mantener a Estados Unidos alejado de nuevas guerras en el exterior.  Crédito: LM Otero | AP

Israel y Estados Unidos declararon la guerra a Irán y a todo gobierno alrededor del mundo en desacuerdo con someterse a sus planes de dominación mundial estratégica.

Así se tienen que entender los mortíferos bombardeos desatados por los gobiernos del presidente Donald Trump y Benjamin Netanyahu en contra de la nación persa la madrugada del día de ayer.

El mensaje es más que claro. Ninguna nación, ni ningún individuo está a salvo si representa un obstáculo al ejercicio y al control absoluto del poder por parte de estas dos naciones y sus aliados occidentales.

Las relaciones diplomáticas internacionales fueron sacrificadas en aras del retorno a las épocas en que se privilegió el poder bruto y salvaje del más fuerte.

En un cuarto de siglo se constituyó en el Medio Oriente este esquema de imposición imperial.

Todo empezó en 2003, cuando con argumentos y evidencias falsas Estados Unidos invadió a Irak. La justificación del presidente George W. Bush y su lugarteniente Dick Chaney, fue la urgente necesidad de destruir las inexistentes “armas de destrucción masiva” con las que la nación árabe preparaba ataques inminentes contra los Estados Unidos y sus intereses.

Después, con la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, el primer presidente afro-americano, se apresuró a anunciar una política nueva en la región que pasaría a los anales de la historia mundial con el nombre de “la primavera Arabe”. Esta política, se afirmó, finalmente hacía llegar la democracia plena a los pueblos de dicha región.

Bajo este guión democratizador, el primero en caer fue el presidente de Egipto, Hosni Bubarack. Tras su desplome, el 11 de febrero del 2011, llegó al poder Abdel Fattah el-Sisi. Cuando las elecciones democráticas favorecieron a los candidatos de la Hermandad Musulmana, se les desconoció y se les encarceló porque en la democracia que promueve Occidente sólo se les reconocerá a aquellos que no representan obstáculo alguno a los objetivos por controlar los recursos energéticos de la región por parte de Israel y Estados Unidos.

En octubre de ese año, las fuerzas armadas de Estados Unidos y los países miembros de la Alianza del Tratado del Atlantico Norte (OTAN) organizaron una “insurrección popular” contra el presidente libio Muammar Gaddafi, quien luego de ser derrocado fue capturado, y su brutal e inhumano asesinato fue grabado y transmitido mundialmente. Todo esto ocurrió a pesar de que Gaddafi pudo haber acordado que lo dejarían en paz, con base en la lección de Irak, él sí negoció con Occidente el desmantelamiento y posterior destrucción de todas sus armas estratégicas.

En esta política de terrorismo de Estado nadie se quedó a salvo. El 27 de septiembre del 2024, Israel con ayuda estadounidense descabezó a la cúpula político-militar de Hezbolá, liderada por Hassan Nasrallah, quien en conjunto con un número indeterminado de miembros de su alto mando perdieron su vida.

Apenas tres meses después, el turno fue de Bashar Al Assad, el presidente de la nación árabe de Siria, quien fue derrocado y pudo salvar su vida gracias a la generosidad del gobierno de Rusia que le otorgó asilo político. La caída de Assad se logró mediante una alianza político-militar entre Estados Unidos, Israel y Turquía, que prestaron ayuda económica y militar a quien hoy funge como nuevo presidente sirio, Ahmed al-Sharea. Con anterioridad al-Sharea se había distinguido como un comandante en las filas de la reconocida organización terrorista Al-Qaeda.

Constituiría una gran irresponsabilidad no mencionar el genocidio que Israel y los Estados Unidos vienen perpetrando contra el abnegado, sufrido y heroico pueblo palestino mayormente en Gaza, pero también en el resto de los territorios ocupados.

Así llegamos a los lamentables y peligrosos acontecimientos del sábado iniciados conjuntamente por Israel y los Estados Unidos en contra de la nación persa. En los primeros momentos de esta guerra, una escuela con alrededor de 150 niñas, el líder supremo del gobierno iraní Ayatolá Seyyed Ali Kamenei y un número importante de altos mandos militares fueron asesinados.

Las consecuencias están a la vista. En respuesta, Irán no tuvo otra que defenderse atacando las bases militares estadounidenses ubicadas en el golfo pérsico y gobernadas por las monarquias árabes de Bahrain, Qatar, los Emiratos Arabes Unidos (EAU), Kuwait, y Arabia Saudita.

Esta guerra se podría haber evitado. Apenas el día 26 de febrero cuando los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, así como los enviados por el gobierno de Irán para negociar un acuerdo que evitará la confrontación militar habían reportado “progreso significativo” y negociaciones “muy serias y prolongadas”, anunciando que reanudarían las negociaciones en breve. Sin embargo, por segunda ocasión y en medio de negociaciones, Trump ordenó el inicio de la guerra.

No es exageración, no se puede confiar en la palabra ni en los compromisos que asume el líder de la Casa Blanca en nombre del pueblo estadounidense. No se le puede creer “ni poquitito”.

Las consecuencias de esta guerra le impondrán a Estados Unidos y al mundo, un incontenible impacto económico negativo pero también un peligroso costo político.

En el plano doméstico, la inflación, el alza del precio de la gasolina, la luz, el gas, los alimentos, la vivienda, y la educación no se detendrá. También se verán afectadas la bolsa de valores y las acciones que se venden y se intercambian.

Sin duda, pronto se le dirá al pueblo estadounidense que la única manera de “defender” a Estados Unidos de Irán es cancelando por completo las próximas elecciones de mitad de mandato. Debemos estar atentos y preparados para ese momento.

En otra clara violación a la Constitución, Trump ha ido a la guerra sin el voto del Congreso, sin debate público y sin que se haya presentado al pueblo estadounidense una justificación de su necesidad. Trump ha ido a la guerra con un pueblo que mayoritariamente rechaza esa aventura bélica teniendo como único aliado a Israel y sin ningún plan para el futuro.

Peor aún, esta guerra está siendo liderada por hombres y mujeres increíblemente poco fiables: incompetentes, extremistas, corruptos y deshonestos. En ninguno de ellos, desde Donald Trump hasta Pete Hegseth y Marco Rubio, se puede confiar. Su probada incompetencia podría lanzarnos hacia el abismo.

Nunca ha habido una acción militar en la que los hombres que la lideran hayan tenido menos estatura moral e integridad que este grupo. Juntos, son los más incapaces de los incapaces. Una banda de bufones, belicistas y mentirosos. Son un equipo de perdedores y criminales, protectores de pedófilos, fascistas, fanáticos religiosos e hipócritas armamentísticos que están jugando un juego mortal no solo con las vidas de la juventud estadounidense sino con las de todo mundo. Estamos parados frente al precipicio.

*Juan José Gutiérrez es director de la Coalición Derechos Plenos para los Inmigrantes.

Contenido Patrocinado