Comunidades de la diáspora definen debate público
Influyen tanto en las políticas de sus países de origen como en la de Estados Unidos
Un manifestante muestra una bandera en una protesta en Washington. Crédito: José Luis Magaña | AP
En todo Estados Unidos, las comunidades de la diáspora están desempeñando un papel cada vez más visible en los debates sobre política exterior, democracia, sanciones y conflictos geopolíticos, pero además participan políticamente con los acontecimientos en sus países de origen.
Durante la videoconferencia “La política de la diáspora en la era de Trump”, organizada por American Community Media (ACoM), se analizó cómo las comunidades han evolucionado como actores políticos en Estados Unidos.
Eduardo Gamarra, profesor de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Florida dijo que la población cubana llegó tras la Revolución Cubana y no adquirió relevancia en el ámbito de la política estadounidense hasta mediados de la década de 1980 cuando se convirtieron en ciudadanos estadounidenses.
“El Partido Republicano realizó una excelente labor al promover su agenda entre ese grupo específico durante los años 80. Una de las características distintivas de los cubanos es que su rechazo al Partido Demócrata se remonta a la percepción de que John Kennedy les negó apoyo aéreo en el contexto de la invasión de Bahía de Cochinos”.
Mencionó que los republicanos supieron capitalizar este sentimiento durante las campañas de registro de votantes y las iniciativas masivas para la obtención de la ciudadanía estadounidense.
“Ese fortalecimiento del vínculo entre los republicanos y los cubanos se mantuvo, de hecho, durante la mayor parte de los siguientes 40 años”.
Sin embargo, en el ámbito social, han tendido a inclinarse hacia posturas más progresistas, tales como la defensa de la Seguridad Social, Medicare y Medicaid.
De hecho, dijo que algunos de los códigos postales de Hialeah, una ciudad en Florida, registran el índice per cápita más elevado de utilización del programa Obamacare en todo el país.
No obstante, sostuvo que esos mismos códigos postales corresponden a zonas donde más del 70 % de los cubanoamericanos votaron a favor de Donald Trump.
“Nos encontramos ante una contradicción asombrosa”.
Agregó que los cubanos han sido los grandes beneficiarios de la política migratoria estadounidense desde la década de 1960 en adelante.
“La Ley de Ajuste Cubano ha sido particularmente importante en la medida en que los cubanos, un año y un día después de su llegada a los Estados Unidos, son inmediatamente elegibles para obtener la residencia estadounidense”.
Explicó que esto se remonta a 50 años atrás, y lo fascinante es que los cubanoamericanos son los grandes beneficiarios de una política de inmigración sumamente amplia y generosa.
Pero, enfatizó que hoy en día, lo que estamos presenciando, es la alineación de los cubanoamericanos con políticas de inmigración sumamente restrictivas.
“No resulta sorprendente, que en Hialeah, durante la campaña de 2024, el presidente Trump anunciara su plan masivo de deportación de hispanos.
“Lo hizo ante un público predominantemente cubanoamericano, aunque también había venezolanos, colombianos, entre otros. Así pues, resulta muy interesante observar cómo los grandes beneficiarios de las políticas progresistas y expansivas de Estados Unidos son, a su vez, quienes hoy en día parecen identificarse en mayor medida con el Partido Republicano y con Donald Trump”.
¿Cómo es la dinámica política de la diáspora irani en Estados Unidos?
William O. Beeman, profesor emérito de antropología de la Universidad de Minnesota, dijo que debemos remontarnos a hace más de 40 años, a la Revolución iraní de 1978-1979
“Durante la revolución, hubo en realidad tres facciones que aspiraban a reemplazar al Shah cuando cayó del poder y fue exiliado de Irán. El primer grupo estaba compuesto por nacionalistas seculares, quienes de hecho gobernaron el país durante unos seis meses, hasta que estalló la crisis de los rehenes con Estados Unidos en el otoño de 1979”.
Precisó que el segundo grupo eran los religiosos, liderados por el ayatolá Jomeini; y el tercer grupo estaba formado por lo que podríamos denominar marxistas islámicos que se inspiraba, en particular, en los escritos de Frantz Fanon, el autor socialista que abordaba temas como los condenados de la tierra y la pobreza.
“Estos tres grupos creían, cada uno a su manera, que serían los futuros gobernantes de Irán una vez que el Shah se marchara. Y, fundamentalmente, los religiosos —es decir, el ayatolá Jomeini— lograron consolidar su poder aprovechando el contexto de la crisis de los rehenes para establecer una nueva constitución islámica en Irán; y han permanecido en el poder hasta la fecha”.
Sostuvo que los otros dos grupos abandonaron el país; el principal grupo marxista son los Muyahidines, quienes durante mucho tiempo estuvieron establecidos en Irak y continúan ejerciendo una labor de oposición al gobierno.
“Fueron expulsados de Irak como consecuencia de la invasión estadounidense de 2003; actualmente se encuentran establecidos en Albania, aunque cuentan con representantes por toda Europa; y partidarios dentro de los propios Estados Unidos. Sam Brownback, senador por Kansas, llegó incluso a cederles un espacio físico dentro de su propia oficina senatorial”.
Añadió que John Bolton, un destacado especialista en asuntos iraníes, fue un partidario directo de los Muyahidines.
Asimismo dijo que han recibido fondos por un monto aproximado de $75 millones del gobierno de los Estados Unidos durante la primera administración Trump.
En cuanto a los nacionalistas seculares, que incluye a los monárquicos que abandonaron Irán durante la revolución debido a sus vínculos de alianza con el Shah, se encuentran, en gran medida, en Estados Unidos con una enorme concentración de esta población en California.
“Uno de los canales más importantes para este grupo han sido los medios de comunicación iraníes radicados en California que difunden contenidos como música popular y teatro popular, géneros que están prácticamente restringidos para la población islámica en Irán”.
Así pues, resumió que estos dos grupos, los monárquicos o nacionalistas seculares y los grupos islámico-marxistas se oponen firme y rotundamente al actual régimen de Irán.
“En su mayor parte, estos grupos respaldan al Partido Republicano y apoyan a Trump, pues creen que acabarán con el régimen islámico en Irán.
De hecho, indicó que promueven activamente la hostilidad de los republicanos hacia el régimen actual, convencidos de que será derrocado.
Además, enfatizó que albergan la idea de que ellos mismos tomarán el control y que, finalmente, podrán regresar a Irán.
“Un aspecto fundamental en lo que respecta a la diáspora iraní es que, a pesar de vivir en el exilio, fuera de su país de origen, mantienen un profundo compromiso con la cultura persa”.
La diáspora asiática
Helen Zia, periodista y activista por los derechos civiles asiático-estadounidense dijo que la experiencia de los asiáticos en Estados Unidos, es una historia que abarca entre 150 y 200 años, con diversas generaciones de migrantes de distintas nacionalidades y etnias asiáticas.
“Esta historia comenzó, en realidad, como parte de los esfuerzos imperialistas y coloniales de las naciones occidentales como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, las cuales saquearon Asia y destruyeron las economías locales de la región”.
Como consecuencia, dijo que la fuerza laboral de esos lugares se transformó en mano de obra prescindible que fue empleada a lo largo de Sudamérica, el Caribe y en los Estados Unidos.
“A diferencia de los migrantes cubanos o de los más recientes a quienes se les otorgó el estatus de Protección Temporal (TPS) y un trámite acelerado a través del sistema de inmigración estadounidense, la diáspora china y asiática fue la primera en ser excluida”.
Precisó que la Ley de Exclusión China de 1882 y la Ley Page de la década de 1870 impidieron que los chinos y, posteriormente, todos los migrantes asiáticos se convirtieran en ciudadanos y participantes políticos dentro del sistema de los Estados Unidos.
“Ni siquiera podían testificar ante un tribunal si un familiar suyo era asesinado y habían presenciado el crimen; no podía votar, no podía postularse para un cargo público y tampoco podía adquirir propiedades. Constituían, por tanto, una comunidad diaspórica totalmente privada de sus derechos”.
Indicó que cuando observamos hoy en día la madurez política de las comunidades asiático-americanas, vemos que las generaciones de ciudadanos con plenos derechos son relativamente recientes; dado que la era de la exclusión no concluyó sino hasta 1952.
“Estamos hablando de apenas 75 años de capacidad para participar en la vida de los Estados Unidos, a diferencia de otras comunidades diaspóricas en el continente americano que han gozado de esa posibilidad durante cientos de años”.