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Estrés infantil puede causar estragos permanentes en el sistema digestivo

El estrés temprano puede incrementar la ansiedad y el dolor intestinal, además de predisponer a trastornos digestivos desde una edad temprana

Estrés infantil puede causar estragos permanentes en el sistema digestivo

Los problemas digestivos crónicos se pueden arrastrar desde la infancia. Crédito: Body Stock | Shutterstock

Investigaciones recientes han probado que las experiencias estresantes durante la infancia pueden alterar la configuración del sistema digestivo, llevando a problemas gastrointestinales crónicos.

Los hallazgos de científicos de la Universidad de Nueva York, publicados en la revista Gastroenterology, indican que el estrés en la infancia interrumpe la comunicación vital entre el cerebro y el intestino, una conexión que se mantiene activa constantemente.

El estudio incluyó modelos animales y datos a largo plazo de más de 40,000 niños en Dinamarca y 12,000 en EE.UU. Las conclusiones indican que el estrés temprano puede incrementar la ansiedad y el dolor intestinal, además de predisponer a trastornos digestivos desde una edad temprana.

“Nuestra investigación demuestra que estos factores estresantes pueden tener un impacto real en el desarrollo de un niño y pueden influir en problemas intestinales a largo plazo”, indicó la autora del estudio, Kara Margolis, profesora de la Universidad de Nueva York, en un comunicado de prensa.

“Cuando el cerebro se ve afectado, es probable que el intestino también lo esté; ambos sistemas se comunican las 24 horas del día, los siete días de la semana”, añadió.

Disparadores biológicos

Las investigaciones señalan que no existe un enfoque único para abordar los problemas digestivos. Se están desarrollando tratamientos más personalizados al identificar los mecanismos biológicos específicos que desencadenan los síntomas.

Se sugiere que, al tratar problemas gastrointestinales, también es crucial considerar la historia emocional y de estrés de la infancia, lo que puede guiar hacia un entendimiento más integral de los trastornos de interacción intestino-cerebro.

“Cuando los pacientes llegan con problemas intestinales, no deberíamos limitarnos a preguntarles si están estresados ​​en este momento; lo que ocurrió en su infancia también es una pregunta muy importante que debemos tener en cuenta”, concluye Margolis.

Identificar si se ha experimentado estrés en la infancia

Identificar el estrés en la infancia requiere observar cambios en el comportamiento, emociones y salud física del niño, ya que no siempre lo expresan verbalmente. Estos signos suelen ser más notorios cuando persisten por semanas y difieren de su patrón habitual.

Signos físicos. Los niños estresados pueden presentar dolores de cabeza, de estómago o musculares sin causa médica aparente, problemas para dormir (insomnio, pesadillas o exceso de sueño), cambios en el apetito (pérdida o aumento), sudoración excesiva, resfriados frecuentes o enuresis nocturna.

Signos emocionales. Aparecen irritabilidad, mal humor sin motivo, ansiedad, miedos nuevos o intensos (como a la oscuridad o separación), llanto excesivo, tristeza o dificultad para controlar emociones.

Signos conductuales. Se observan regresiones como chuparse el dedo o mojar la cama, agresividad, retraimiento social, quejas constantes del colegio, abandono de actividades placenteras, menor rendimiento escolar o aferrarse excesivamente a adultos.

Por edades. En bebés y niños pequeños (0-3 años), destacan llanto constante, apego excesivo y regresiones; en preescolares y mayores (4-12 años), baja concentración, evitación social y cambios de humor son comunes. Si persisten, consulta a un pediatra o psicólogo para descartar otras causas y brindar apoyo.

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