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Infecciones graves: un nuevo riesgo de demencia

Un estudio determinó vínculos sólidos entre las infecciones del tracto urinario y la demencia, así como otras infecciones bacterianas

Infecciones graves: un nuevo riesgo de demencia

Señales de demencia. Crédito: Tero Vesalainen | Shutterstock

Un estudio realizado por la Universidad de Helsinki revela que las infecciones graves pueden aumentar el riesgo de demencia en personas mayores, independientemente de la presencia de otras afecciones no infecciosas. Los investigadores analizaron datos de más de 62,000 pacientes con demencia de aparición tardía y controlaron 312,000 personas sin demencia.

La comparación se llevó a cabo entre 2016 y 2020. Se identificaron diagnósticos de demencia y se realizó un análisis de las condiciones tratadas en hospitales en los años previos. Alrededor del 47% de los pacientes con demencia tenían antecedentes de ciertas enfermedades que se vinculan con un mayor riesgo de demencia.

El estudio, publicado en PLOS Medicine, identificó 29 condiciones tratadas que mostraron una prevalencia significativa vinculada al riesgo de demencia. Las condiciones más frecuentes incluyeron accidentes cerebrovasculares y trastornos metabólicos, entre otros.

Relación entre enfermedades infecciosas y demencia

Se establecieron vínculos sólidos entre las infecciones del tracto urinario y la demencia, así como otras infecciones bacterianas. Estas asociaciones no se vieron afectadas por la presencia de enfermedades coexistentes.

Los investigadores subrayaron la necesidad de estudios de intervención que exploren la prevención y tratamiento de infecciones como una estrategia potencial para reducir el riesgo de demencia.

Con un enfoque en la relación entre infecciones graves y demencia, este estudio aporta evidencia relevante sobre la importancia de la salud preventiva en la población de edad avanzada. Se sugiere que la vacunación podría influir favorablemente en la disminución de la incidencia de demencia.

Infecciones más comunes asociadas a la demencia

Las infecciones graves, especialmente las bacterianas, se han relacionado con un mayor riesgo de demencia en estudios recientes. Entre las más comunes destacan la cistitis, la neumonía y las infecciones urinarias.

Infecciones bacterianas principales

  • La cistitis (infección urinaria) y las infecciones bacterianas sin localización específica muestran la mayor asociación con demencia en adultos mayores de 65 años, incluso ajustando por otras enfermedades.
  • La neumonía y las caries dentales se vinculan especialmente con demencia de inicio temprano (antes de los 65 años).
  • Otras como sepsis e infecciones de piel elevan el riesgo hasta un 78% y 42%, respectivamente.

Infecciones virales relacionadas

  • Virus como el herpes, influenza y otros del tracto respiratorio (superiores e inferiores) se asocian con atrofia cerebral y mayor probabilidad de demencia futura.
  • Estas infecciones pueden desencadenar inflamación que acelera el deterioro cognitivo, ocurriendo en promedio 5-6 años antes del diagnóstico.

Mecanismo y consideraciones

  • Las infecciones graves actúan como aceleradores del envejecimiento cognitivo mediante respuestas inflamatorias, independientemente de comorbilidades como diabetes o Parkinson.
  • Aunque hay vínculos estadísticos fuertes, no se prueba causalidad directa; se necesitan más estudios para confirmar tratamientos preventivos.

Identificar señales de demencia en etapas iniciales

La demencia asociada a infecciones puede comenzar con síntomas leves y poco específicos que muchas veces se confunden con estrés, depresión o “desgaste de la edad”. En las etapas iniciales, el desencadenante infeccioso suele ser un episodio inflamatorio (por ejemplo, una infección respiratoria grave, urinaria o sistémica) que acelera o desenmascara un deterioro cognitivo ya en curso.

Señales cognitivas tempranas

  • Dificultad para recordar hechos recientes, nombres o conversaciones, o para seguir instrucciones simples.
  • Pérdida de interés en actividades habituales, lentitud mental (“bradipsiquia”) y apatía, que pueden parecer una depresión.
  • Problemas para concentrarse, planificar tareas cotidianas (como organizar cuentas o una comida) o para tomar decisiones sencillas.

Comportamiento y cambios emocionales

  • Cambios de carácter: irritabilidad, indiferencia hacia la familia, desconfianza o desinhibición social.
  • Aislamiento progresivo, menos participación en conversaciones o en la vida social, a menudo vinculado a vergüenza por olvidos o confusión.

Relación con infección

  • La demencia puede aparecer o empeorar tras una infección grave (neumonía, sepsis, meningitis, infecciones urinarias, VIH, etc.), que desencadena inflamación sistémica y daño cerebral.
  • En etapas iniciales, el cuadro puede manifestarse como un “delirio” agudo (confusión súbita, desorientación, alteración del sueño) que luego deja secuelas cognitivas persistentes, en vez de un deterioro gradual clásico.

Cuándo consultar a un profesional

Conviene buscar evaluación neurocognitiva y médica si una persona mayor (o de cualquier edad con riesgo, como VIH) presenta:

  • Deterioro progresivo de la memoria y del pensamiento tras una o varias infecciones.
  • Cambios de conducta, desorientación o confusión que persisten más allá de los días de fiebre o del tratamiento infeccioso.

Un neurólogo o geriatra puede realizar pruebas neuropsicológicas, análisis de sangre y estudios de imagen para diferenciar demencia asociada a infección de otras causas (Alzheimer, depresión, delirio reversible, etc.).

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