Satélite de SpaceX parece haber explotado misteriosamente en órbita y nadie sabe por qué
SpaceX no ha ofrecido mayores detalles sobre cuál podría ser el motivo detrás de la destrucción de su satélite
La compañía ha dicho que los fragmentos del satélite no representan un riesgo para la Estación Espacial Internacional Crédito: Shutterstock
Un satélite Starlink de SpaceX habría sufrido una explosión inexplicable en el espacio, generando una nube de basura orbital justo cuando la empresa de Elon Musk aún investiga un incidente similar ocurrido apenas meses atrás. La situación vuelve a encender las alarmas sobre la seguridad en la órbita baja terrestre y plantea preguntas incómodas que, por ahora, SpaceX no ha sabido —o no ha querido— responder.
SpaceX perdió el contacto y apareció la basura espacial
Todo comenzó cuando SpaceX reportó que había perdido comunicación con el satélite Starlink 34343 tras una vaga “anomalía” a bordo. La compañía no ofreció detalles específicos sobre qué ocurrió exactamente, algo que se ha vuelto un patrón preocupante en este tipo de eventos. Lo que sí quedó claro casi de inmediato fue lo que detectaron los rastreadores espaciales externos.
La firma de monitoreo orbital LeoLabs reportó haber detectado inmediatamente múltiples objetos cerca del satélite Starlink 34343 tras el incidente. En cuestión de minutos, donde antes había un solo satélite operativo, ahora existía una dispersión de fragmentos moviéndose por la órbita a unos 560 kilómetros de altitud. La combinación de pérdida repentina de señal seguida de la aparición de desechos es, para los expertos, la firma clásica de algún tipo de evento energético —léase: una explosión.
Aunque SpaceX usó el término técnico “anomalía”, los observadores independientes no dudaron en llamarlo por su nombre: una fragmentación en órbita, cuya causa interna aún se investiga. Los ingenieros de la empresa están analizando telemetría y datos orbitales para determinar la causa raíz del fallo.
Un patrón que preocupa a los expertos
Lo que hace este incidente aún más inquietante es que no se trata del primer satélite Starlink que “explota” misteriosamente. El 17 de diciembre de 2025, el satélite Starlink 35956 sufrió una anomalía similar mientras se encontraba a unos 418 kilómetros de altitud. En ese caso, el fallo fue rastreado hasta el venteo del tanque de propulsión, que provocó una pérdida de comunicaciones, una caída rápida de unos 4 kilómetros en su órbita y la liberación de fragmentos rastreables.
LeoLabs detectó en aquella ocasión cientos de fragmentos dispersados a lo largo de más de 6,000 kilómetros en el camino orbital del satélite. La situación fue tan llamativa que múltiples medios describieron el evento como una “explosión menor en órbita” impulsada por una fuente energética interna, descartando una colisión con otro objeto. Tras ese incidente, SpaceX anunció el despliegue de software actualizado para sus satélites y planificó bajar la altitud de su constelación de aproximadamente 550 km a 480 km durante 2026.
Sin embargo, esas medidas no habrían bastado para evitar el nuevo incidente con el Starlink 34343, que ocurrió apenas semanas después. Esto sugiere que el problema podría ser más sistémico de lo que SpaceX ha reconocido públicamente.
¿Qué riesgo representa para la ISS, Artemis y la órbita terrestre?
La buena noticia, si es que hay alguna, es que SpaceX confirmó que el satélite y sus fragmentos no representan un riesgo elevado para la Estación Espacial Internacional. Los detritos se encuentran en una órbita lo suficientemente baja como para que la resistencia atmosférica acelere su reentrada, y se espera que se desintegren en la atmósfera en cuestión de semanas.
No obstante, algunos expertos han señalado que el momento del incidente es especialmente delicado, ya que hay preocupación por el posible impacto sobre la próxima misión Artemis II de la NASA. Cualquier fragmento errante en las rutas orbitales utilizadas por estas misiones podría representar un riesgo, aunque SpaceX ha asegurado que el análisis del evento no muestra un riesgo nuevo para la misión o la tripulación.
El panorama más amplio sigue siendo preocupante. La órbita baja terrestre se encuentra cada vez más congestionada, con miles de satélites Starlink activos más los fragmentos de estos incidentes. Investigadores han llegado incluso a proponer un “CRASH Clock” —similar al Reloj del Juicio Final— para visualizar cuánto tiempo podría pasar antes de que ocurra una colisión catastrófica en cascada, el temido Síndrome de Kessler, si todos los sistemas de evasión de colisiones dejaran de funcionar.
Por ahora, SpaceX mantiene silencio sobre los detalles técnicos del fallo del Starlink 34343. Lo que queda claro es que este ya no es un evento aislado: dos satélites afectados en cuestión de meses, con fragmentos dispersándose por la órbita y sin una explicación pública satisfactoria. La empresa que más satélites opera en el espacio tiene mucho que explicar, y el mundo —y la comunidad científica— está esperando respuestas.
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