“Como un iPhone”: Volkswagen admite una cruda realidad
El CEO de Volkswagen dijo que la marca perdió identidad en su transición eléctrica y ahora busca reconectar con los conductores
Modelo 2026 Volkswagen Tiguan. Crédito: Volkswagen. Crédito: Cortesía
Volkswagen decidió mirar hacia adentro y aceptar que algo no salió como esperaban. La marca, que durante décadas supo conectar con millones de conductores, ahora reconoce que, en medio de su transformación, perdió parte de su esencia.
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No es una crítica menor. Desde la propia dirección admiten que algunos de sus modelos más recientes dejaron de transmitir ese carácter tan reconocible que históricamente definía a la marca. El diagnóstico fue claro y llegó tras analizar distintos mercados y escuchar a los clientes. Había una desconexión. Los autos seguían vendiéndose, pero no necesariamente emocionaban como antes.
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El propio Thomas Schäfer lo expresó sin rodeos al afirmar que “se vivió una fase fase en la que los coches se veían como productos de iPhone, más anónimos, sin alma”. Una frase que resume el problema con bastante crudeza.
Volver a lo que hizo fuerte a la marca
A partir de ese reconocimiento, la estrategia empezó a girar. La idea no es reinventarlo todo, sino recuperar aquello que hizo de Volkswagen un referente global. Diseño con identidad, soluciones prácticas y una sensación de calidad que no necesite explicación.
Este cambio también se siente puertas adentro. La compañía está ajustando sus procesos, reorganizando equipos y apostando por una visión más coherente a largo plazo. No se trata solo de corregir errores, sino de construir una base más sólida para lo que viene.

La electrificación también dejó lecciones
El salto hacia el coche eléctrico fue uno de los movimientos más ambiciosos de la marca. Sin embargo, no todo salió como se esperaba. Schäfer reconoce que el contexto no acompañó del todo. La infraestructura de carga avanzó más lento de lo necesario y algunos incentivos desaparecieron en mercados clave.
Ese desajuste generó dudas. Por un lado, los fabricantes aceleraban su oferta. Por el otro, muchos consumidores todavía no estaban listos para dar el salto. El resultado fue un mercado que no creció al ritmo previsto.
Ahora el enfoque es distinto. Volkswagen quiere que sus eléctricos sean más accesibles y fáciles de usar. Modelos como el futuro ID. Polo apuntan a precios cercanos a los $27,000 dólares, con la intención de acercar esta tecnología a más personas.

Menos complejidad, más sentido común
Otro de los aprendizajes tiene que ver con la experiencia de uso. En los últimos años, la industria cayó en la tentación de llenar los autos de funciones y pantallas. Volkswagen busca ir en la dirección contraria.
La apuesta es por controles más claros, sistemas intuitivos y una conducción que no requiera adaptación constante. En otras palabras, autos que se entiendan desde el primer momento.
Europa y un escenario en movimiento
El mercado europeo sigue siendo un terreno complejo. Aunque el coche eléctrico gana terreno, su crecimiento depende de muchos factores externos. Ayudas gubernamentales, infraestructura y contexto económico juegan un papel clave.
En ese escenario, Schäfer también fue claro al hablar de los aranceles a fabricantes chinos. “Cuanto más impuestos hay, menos competitividad”, aseguró, defendiendo un mercado más equilibrado donde “todo el mundo juega con las mismas reglas”.
La presión de competidores como BYD está obligando a reaccionar rápido. Pero en Volkswagen lo ven como un desafío necesario.
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