Pasó con los iPhones y ahora llega a las laptops: tu próximo equipo puede no incluir su cargador
Una nueva normativa permitiría a los fabricantes poder vender portátiles sin incluir cargadores en la caja junto al dispositivo
Los fabricantes de laptops deberán migrar al estándar USB-C en sus cables de carga a partir de este año Crédito: Shutterstock
Si creías que el caos de los cargadores era solo un problema de los teléfonos, prepárate. La industria de las computadoras portátiles está a punto de vivir su mayor transformación en materia de conectividad en décadas, y no es por decisión de Apple, Microsoft o ninguna otra empresa de tecnología. Es la Unión Europea la que manda, y su nueva normativa ya tiene fecha límite: el 28 de abril de 2026.
Así como pasó con los smartphones, donde el USB-C terminó con años de conectores propietarios e incompatibles, ahora le toca el turno a las laptops. El cambio no es opcional. No es una recomendación. Es una ley que todos los fabricantes deberán acatar si quieren vender sus productos en territorio europeo, y eso, inevitablemente, va a moldear toda la industria global, tal y como ocurrió con los iPhones.
La normativa europea que lo cambia todo
Todo viene de la Directiva UE 2022/2380, aprobada por el Parlamento Europeo en octubre de 2022 con una aplastante mayoría de 602 votos a favor, 13 en contra y 8 abstenciones. Esta directiva estableció un plan por fases para unificar los estándares de carga en prácticamente todos los dispositivos electrónicos del mercado.
La primera fase ya entró en vigor: desde el 28 de diciembre de 2024, todos los teléfonos móviles, tablets, cámaras, auriculares, libros electrónicos, ratones, teclados, consolas portátiles y altavoces vendidos en la UE deben tener puerto USB-C. Para ese momento, los fabricantes ya tenían dos años de margen para adaptarse. Ahora, la segunda fase entra en escena con un objetivo más ambicioso: las computadoras portátiles.
A partir del 28 de abril de 2026, cualquier laptop que quiera estar en los estantes de una tienda europea debe poder cargarse mediante USB-C. Y no solo tener el puerto como complemento decorativo: si el dispositivo tiene una potencia de carga superior a 15 W, también deberá ser compatible con el estándar USB Power Delivery. No hay excepciones. Ni siquiera para los conectores propietarios como el icónico MagSafe de Apple.
El fin de los cargadores en la caja y el golpe a los conectores propietarios
Aquí viene la parte que a más de uno va a doler en el bolsillo. Con la nueva normativa, los fabricantes no estarán obligados a incluir el cargador dentro de la caja del producto. Ya lo vivimos con los iPhones y algunos Android: primero fue una decisión “ecológica” de cada empresa, pero ahora la UE lo formaliza para que el consumidor pueda elegir si quiere pagar por él o usar el que ya tiene en casa.
En el papel, eso suena bien: si ya tienes un cargador USB-C compatible, no necesitas otro. El problema es que esto también puede convertirse en un negocio adicional para los fabricantes, que podrían vender el cargador como accesorio premium por separado. Ojo con eso.
El impacto más simbólico, sin duda, es el que sufren los conectores propietarios. Durante años, empresas como Apple usaron sus propios sistemas de carga como argumento diferenciador, y en algunos casos como fuente de ingresos adicionales. El MagSafe, el barrel connector de muchas laptops Windows de gama alta, y otros conectores similares tendrán que convivir con el USB-C o directamente desaparecer en los modelos nuevos para Europa.
El mercado global observa de cerca este movimiento. Lo que ocurre en Europa no suele quedarse solo en Europa: en la práctica, muchos fabricantes prefieren unificar su línea de productos globalmente antes que mantener versiones distintas por región. Así fue con los móviles, y todo apunta a que pasará lo mismo con las laptops.
Por qué Europa tomó esta decisión y qué viene después
Detrás de toda esta regulación hay un argumento que va más allá de la comodidad del usuario: la basura electrónica. Según estimaciones de la Comisión Europea, el sistema anterior —con el USB Micro-B, USB-C y Lightning coexistiendo en el mercado— generaba hasta 11,000 toneladas de residuos electrónicos al año. Cables inservibles, cargadores que solo funcionan con un modelo específico, accesorios que se vuelven obsoletos con cada cambio de dispositivo. Todo eso tiene un costo enorme para el medio ambiente.
La normativa también busca beneficiar directamente al bolsillo del consumidor. La Comisión Europea estima que los usuarios podrían ahorrar colectivamente hasta $300 millones de dólares al año al no tener que comprar cargadores nuevos cada vez que cambian de dispositivo. Un número nada despreciable.
Y la cosa no se detiene aquí. La UE ya tiene en la mira el siguiente paso: a partir de 2028, todos los cargadores externos vendidos en el mercado europeo también deberán tener un puerto USB-C, independientemente del dispositivo al que estén destinados. Además, deberán traer cables desmontables y cumplir con estrictos requisitos de eficiencia energética, especialmente en modo de espera. Incluso se habla de un logo europeo unificado para identificar los cargadores certificados, algo similar a lo que ya existe con las calificaciones energéticas en electrodomésticos.
En resumen: lo que está pasando con las laptops es solo un eslabón más en una cadena de cambios que la Unión Europea viene construyendo desde hace años con una visión clara. Menos cables, menos basura, más compatibilidad y más control para el consumidor. La industria puede quejarse, puede negociar, pero a fin de cuentas, tendrá que adaptarse. Igual que pasó con los móviles. Y a toro pasado, nadie puede negar que ese cambio era necesario.
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