La prohibición de celulares en clase: ¿Beneficia o perjudica?
Varios expertos analizan los resultados; mientras que los propios estudiantes externan cómo se sienten sin teléfono
Los estudiantes deben adaptarse a nuevos procedimientos, como guardar sus teléfonos en bolsas magnéticas o casilleros especiales. Crédito: MAYA LAB | Shutterstock
Treinta y tres estados han promulgado leyes que exigen a los distritos escolares prohibir el uso de teléfonos celulares en las aulas de primaria y secundaria.
Mientras que los estudiantes están en contra, los estudios indican que las restricciones durante la jornada laboral mejoran el aprendizaje y la interacción social.
Durante la videoconferencia: ¿Las prohibiciones de uso de teléfonos móviles en las escuelas benefician o perjudican a los estudiantes? organizada por American Community Media(ACoM), varios ponentes debatieron sobre las ventajas de prohibir los teléfonos celulares frente al potencial de las redes sociales para fomentar la conexión social, la autoexpresión creativa y el acceso a comunidades de apoyo,
El doctor Timothy Pressley, profesor asociado de psicología de la Universidad Christopher Newport, dijo que la más común de las prohibiciones es la de “de timbre a timbre”, la cual suele ser la medida más eficaz para reducir las distracciones en el entorno escolar.
No obstante, dijo que han observado otros tipos de restricciones en las escuelas, tales como las prohibiciones “instruccionales”, que vetan el uso de celulares únicamente durante el horario de clases, pero permiten a los estudiantes portarlos durante el almuerzo o en los pasillos entre clases.
También dijo que están las restricciones “focalizadas” que prohíben los teléfonos en contextos específicos, como durante los exámenes, el recreo o en clases particulares.
Asimismo, mencionó que han visto que algunos estados han adoptado modelos flexibles en los que las escuelas y los distritos escolares locales pueden elegir cuál de estos planes resulta más idóneo para sus centros educativos.
“En cuanto a los resultados académicos, la evidencia más sólida indica que, una vez implementada la prohibición, se observan mejoras académicas, especialmente entre los estudiantes con bajo rendimiento o en situación de desventaja”.
Cabe destacar, dijo que no todos los estudios registraron mejoras académicas durante el primer año.
“Por ejemplo, un estudio realizado en Florida no detectó ninguna mejora en el primer año, pero sí observó un incremento en el rendimiento académico de los estudiantes durante el segundo año de implementación”.
Sostuvo que en lo referente a la salud mental, la evidencia resulta mucho más dispar.
‘Un estudio realizado en Australia halló una disminución en los casos de acoso escolar (bullying), pero no encontró diferencias significativas en los niveles de ansiedad o depresión”.
También dijo que han analizado estudios llevados a cabo en el Reino Unido, Suecia y España, los cuales han revelado diferencias mínimas o inexistente en los niveles de ansiedad o depresión.
Por consiguiente, expuso que resulta muy difícil extraer conclusiones definitivas sobre los beneficios de estas medidas para la salud mental.
“Observamos que los estudiantes siguen utilizando sus teléfonos móviles fuera del horario escolar; por lo tanto, su salud mental continúa viéndose afectada fuera de este entorno.
Por otro lado, observó que otro hallazgo positivo es una reducción en las interrupciones dentro del aula, así como una mejora en la concentración y el nivel de participación de los alumnos.
Asimismo hizo ver que encontraron estudios —como uno realizado en la ciudad de Nueva York— que documentan una mejora en la interacción entre los estudiantes; y un incremento de aproximadamente un 50% en la asistencia a actividades extraescolares y eventos deportivos.
No obstante, expuso que una de las mayores preocupaciones es la capacidad de los padres para ponerse en contacto con sus estudiantes, especialmente durante una emergencia, ya sea que se presente un cierre de la escuela o un desastre natural”.
También les preocupa no poder comunicarse con sus hijos, si necesitan hacer un cambio en quién los va a recoger de clases.
“De hecho, un estudio encontró que la salud mental empeora porquelos estudiantes experimentan ansiedad cuando se los quitan”.
Dijo que desde el punto de vista de los maestros, la preocupación es que necesitan los teléfonos para ciertas actividades académicas.
La semana pasada, un tribunal declaró cómplices a los gigantes de las redes sociales Meta y YouTube en la creación de adicción a las redes sociales entre los jóvenes. Niños y jóvenes pasan un promedio de 5.5 horas al día en sus teléfonos, principalmente en las redes sociales.
Un problema evidente
El doctor David Marshall, profesor asociado de investigación educativa de la Universidad de Auburn, dijo que diversas encuestas han revelado que el 95% de los estudiantes, tienen acceso a un teléfono inteligente.
‘Los adolescentes, al menos la gran mayoría de ellos, admiten que lo utilizan más de lo que les gustaría”.
Explicó que en el distrito escolar con el que trabajaron en una zona suburbana de Virginia, los estudiantes podían llevar físicamente el teléfono móvil consigo; la única condición era que este permaneciera apagado y guardado durante toda la jornada escolar, de campana a campana.
“Una vez que suena la campana y termina la jornada escolar, el estudiante puede salir al exterior, tomar su teléfono y llamar a sus padres, o coordinar cualquier asunto logístico que necesite resolver”.
Dijo que en un sondeo de profesores, y tres meses después de implementarse, encontraron que había menos distracciones en el salón de clases; y más interacción entre los estudiantes en los salones de almuerzo, pasillos y aún después de clases.
Adictos al teléfono
Kai Bwor, estudiante de último año de la Escuela Charter Granada Hills, aceptó estar muy enganchado a su teléfono y consultarlo desde que se despierta.
“En cierto modo, recompensa a mi cerebro y me inunda de dopamina; y la tecnología se ha convertido en nuestro único medio de conexión social; así fue durante la pandemia de COVID y sigue siéndolo ahora”.
Dijo que incluso si tiene un proyecto escolar con sus compañeros de equipo, usa la tecnología para comunicarse con ellos.
“Eso resulta tan adictivo precisamente porque muchos foros de redes sociales como TikTok o Instagram a medida que vas deslizándote por la pantalla, tienden a recompensarte con contenido que se ajusta más a tus gustos”.
Dijo que la adicción al teléfono ha provocado que su vista empeore considerablemente; y debido a que no tiene permiso para salir a la calle, ha desarrollado una mayor dependencia.
De acuerdo a Kai, es mejor usar el teléfono con límites claros.
“Las prohibiciones nunca conducen a una causa efectiva; los muchachos encuentran la manera de hacer trampa. Yo veo a mis compañero usar sus teléfonos durante los exámenes o para escribir sus ensayos”.
Nicholas Torres, recién graduado de secundaria de Houston, Texas, dijo que está totalmente en contra de la prohibición de los teléfonos.
“Necesitamos nuestros teléfonos en la escuela porque, durante el horario de clases, los usamos como herramientas de apoyo, por ejemplo, a veces el maestro nos dice que visitemos cierto sitio web o que usemos una aplicación— y también para nuestras tareas, ya que, por lo general, todos los trabajos se entregan en línea y rara vez se hacen en papel y lápiz”.
Sostuvo que otra razón por la que se opone a la prohibición es porque en caso de emergencia, lo utilizan para comunicarse.
¿Crees que los teléfonos celulares contribuyen al aislamiento o, por el contrario, lo alivian?
“A veces, el teléfono es como nuestro mejor amigo; siempre tenemos YouTube a mano y, podemos ver películas, usar otras aplicaciones en el teléfono. Además, nos ayuda a conectar con nuestros amigos y compañeros; podemos enviarnos mensajes de texto, tenemos chats grupales y nos enviamos TikToks, Reels de Instagram y cosas por el estilo, incluso mientras estamos en el aula”.