“¡Tenemos un positivo!”: así son los hallazgos de padres que buscan a personas desaparecidas en México

En algunas expediciones, los buscadores únicamente cuentan con herramientas básicas y un “botón de pánico” como único vínculo de emergencia con las autoridades

Búsqueda de personas desaparecidas

Los colectivos de búsqueda realizan estas labores en condiciones de alto riesgo. Crédito: Eduardo Verdugo | AP

En México, la búsqueda de personas desaparecidas es una labor frecuente para cientos de familias que, ante la falta de respuesta efectiva de las autoridades, salen al campo equipadas con picos y palas para localizar a sus seres queridos.

De acuerdo con un reportaje de AP, los colectivos de búsqueda realizan estas labores en condiciones de alto riesgo y, en muchos casos, sin acompañamiento de las autoridades

En algunas expediciones, los buscadores únicamente cuentan con herramientas básicas y un “botón de pánico”, dispositivo que sirve como único vínculo de emergencia con las autoridades.

Una de estas personas es Raúl Servín, quien busca a su hijo desaparecido hace ocho años y todos los martes sale a excavar y remover la tierra en distintos puntos del noroeste de México.

El hombre de 54 años lleva una camioneta con picos, palas, agua y comida. Se encomienda a Dios, recoge a sus compañeras y se lanzan a rastrear zonas donde hay sospechas de cuerpos escondidos, personas que desaparecieron sin dejar rastro en medio de la violencia de los cárteles.

Su colectivo, Guerreros Buscadores, es uno de las decenas que hay en México con la misma misión.

Un fotoperiodista de AP acompañó a Servín durante una de sus más recientes salidas con tres compañeras y fue testigo de la mezcla de emociones vividas en las afueras de Guadalajara, bastión del Cártel de Jalisco de Nueva Generación (CJNG).

Servín y sus compañeras se dirigen a varios lugares mencionados en pistas anónimas llegadas al Facebook del colectivo, personas que han escuchado gritos, balazos, que han visto algo y no se atreven a hablar con las autoridades.

En la anterior salida excavaron más de un metro de profundidad en cuatro puntos. Nada. A veces encuentran manchas de sangre, casquillos. Todo se revisa. “No nos podemos quedar con la duda”, afirma.

El hallazgo

De repente recibe una llamada. Un informante les indica un lugar donde asegura hay un cuerpo sepultado. Los datos parecen fiables y el grupo cambia de planes, aunque eso implica no visitar primero el sitio.

Unos arcos marcan la entrada a un complejo residencial señalado por el informante. Está junto a un tren urbano, en las afueras de Guadalajara, una ciudad parcialmente empapelada por fichas de búsqueda. Jalisco es uno de los estados con más desaparecidos de México.

El grupo alista su equipo que incluye las varillas metálica que apodan “el vidente”. Hace más de una década que esta rudimentaria herramienta se convirtió en imprescindible para todos los colectivos. La clavan en el terreno y luego la huelen. Si hay olor orgánico, hay pista.

Empiezan a excavar en una pequeña zona verde del complejo residencial. Nada.

Después de horas sin avances, Servín camina entre el muro y las vías. El terreno está blando. “Vi un agujero que tenía piedras y se me hizo raro”.

Se arrodilla y empuña su pala. Primero ve parte de un cráneo. Empieza a sacar tierra con la pala y las manos. “¡Tenemos un positivo!”, grita a sus compañeras.

Los cuatro se ponen cubrebocas y guantes. Aparece una mandíbula.

El hombre muestra a sus compañeras la cabeza mientras la toma con suma delicadeza. Siguen cavando en paralelo a la pared. Aparece una bolsa con huesos, un zapato, una pelvis.

Colocan cada pieza fuera de la fosa. Si algún hueso pareciera igual, se situaría en otro lado porque podría ser de una segunda persona.

Botón de pánico

Encontrar un cadáver puede ser peligroso y Servín activa su “botón de pánico”. Muchos buscadores tienen este mecanismo de protección federal. Desde 2010 al menos 36 han sido asesinados, según organizaciones civiles. La última fue una mujer a mediados de marzo.

Servín habla con los funcionarios al otro lado de la línea, confirma su identidad con una contraseña, explica lo encontrado, la ubicación y quién lo acompaña. Pide que lo monitoreen cada hora, lo que implica una llamada para ver si está bien. Luego llama a la policía.

Una de las mujeres prepara una publicación en vivo para Facebook. Es la manera de que quede registro. Si no hubieran hecho el vivo cuando encontraron el rancho donde operaba el CJNG probablemente nadie hubiera creído lo que hallaron. También sirve por si alguien reconoce algo.

Servín empieza a contestar preguntas en línea. No es perito pero la experiencia le dice que el cadáver como mucho tiene año y medio de antigüedad. No puede ser su hijo, pero no pierde la esperanza.

Con información de AP

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