Hallan en ríos salmones alterados por cocaína y antidepresivos: qué reveló un estudio
Investigadores observaron cambios de movimiento y migración en peces juveniles expuestos a residuos de drogas presentes en el agua
Investigaciones recientes analizan cómo contaminantes humanos presentes en ríos y lagos pueden alterar el comportamiento migratorio de salmones salvajes. Crédito: Imagen creada con AI | Impremedia
La imagen parece salida de una sátira ambiental, pero detrás hay ciencia real. Un grupo de investigadores europeos detectó que salmones jóvenes expuestos a cocaína presente en el agua modificaron su comportamiento migratorio, un dato que volvió a encender alertas sobre la contaminación invisible de ríos y lagos.
El estudio “Cocaine pollution influences migration behaviour of juvenile Atlantic salmon“, publicado en Science of The Total Environment, se enfocó en el salmón atlántico (Salmo salar), una especie emblemática en Europa y Norteamérica. Durante su etapa juvenil, estos peces migran desde cursos de agua dulce hacia el mar, un proceso delicado que depende de señales químicas, temperatura, caudal y orientación natural. Alterar ese equilibrio puede tener consecuencias ecológicas importantes.
Qué encontró exactamente la investigación
Los científicos trabajaron con salmones juveniles en condiciones controladas y los expusieron a concentraciones de cocaína similares a las detectadas en algunos ríos europeos contaminados por aguas residuales. Luego compararon su comportamiento con el de un grupo no expuesto.
Los resultados llamaron la atención: los peces que habían estado en contacto con la sustancia recorrieron hasta 1.9 veces más distancia por semana durante la fase migratoria. También mostraron cambios en los patrones de movimiento y una respuesta distinta frente a estímulos ambientales.
En términos prácticos, esto sugiere que residuos humanos presentes en el agua podrían interferir con una de las funciones más sensibles del ciclo de vida del salmón: saber cuándo y cómo migrar.
Por qué hay cocaína en los ríos
No se trata de vertidos directos aislados. La principal vía suele ser otra: restos metabolizados por personas que llegan a sistemas cloacales y plantas de tratamiento que no siempre eliminan por completo ciertos compuestos químicos. Lo mismo ocurre con medicamentos, hormonas y otros contaminantes emergentes.
En varias ciudades del mundo, estudios ambientales ya detectaron trazas de cocaína, antidepresivos
ansiolíticos, antibióticos, cafeína y microplásticos. Aunque estén en cantidades bajas, la exposición continua puede afectar a organismos acuáticos.
El problema no termina en la cocaína
Otros trabajos recientes mostraron que salmones expuestos a ansiolíticos presentes en ríos contaminados se volvieron más audaces y menos cautelosos al migrar. Eso puede parecer menor, pero en la naturaleza implica más riesgo frente a depredadores y cambios en tasas de supervivencia.
Los expertos advierten que muchas especies reaccionan a estos compuestos porque comparten sistemas biológicos básicos con los humanos, especialmente en neurotransmisores.
El tema no es solo europeo. En regiones de Estados Unidos y Canadá, donde el salmón tiene peso ecológico y económico, la calidad del agua es una preocupación central. Alteraciones en migración, reproducción o supervivencia pueden impactar la pesca comercial, las comunidades locales y la biodiversidad. También afectan las cadenas alimentarias y la economía regional.
Una contaminación que casi no se ve
A diferencia de un derrame de petróleo o basura flotando, estos contaminantes no siempre son visibles. Sin embargo, pueden modificar conductas clave de peces, anfibios e invertebrados.
El mensaje del estudio es claro: lo que llega al desagüe puede terminar alterando ecosistemas enteros río abajo.
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