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Editorial: Trump y la libertad de cultos

La libertad de cultos permitió la coexistencia pacífica y la colaboración de las distintas denominaciones, al margen de toda intervención gubernamental

El presidente Trump ha participado en rezos colectivos en la Casa Blanca.

El presidente Trump ha participado en rezos colectivos en la Casa Blanca. Crédito: Chip Somodevilla | Getty Images

Las imágenes caricaturescas difundidas en la cuenta social del presidente Trump donde se lo muestra como Jesús, o como el papa, o en un nuevo mensaje difundido ayer, abrazado por Jesús, contienen un mensaje serio y peligroso: la presente administración está deslizando al país hacia una nación cristiana, una teocracia, en directo choque con la Constitución y lo que significa  la tradición estadounidense. Eso, sin hablar de la megalomanía evidente en esas imágenes. 

Dice al respecto nuestra primera enmienda, quizás la más importante:  “El Congreso no hará ninguna ley respecto al establecimiento de una religión, o prohibirá la práctica libre de las mismas…”

Ayer, los organizadores de “Christians Engaged”  enviaron un comunicado de prensa a los medios anunciando que hoy, 21 de abril, “el presidente Trump tiene previsto leer las Escrituras a través de un mensaje de vídeo desde la Oficina Oval a las 6 p.m. hora del Este”. El pretencioso nombre del evento: “América lee la Biblia”.

Se anunció la presencia de los secretarios de Estado Marco Rubio y de Defensa Pete Hegseth y la jefa de gabinete, Susie Wiles, en su comitiva, entre otros. 

Todo esto después de que, la semana pasada, el mandatario insultó públicamente al papa León XIV, acusándolo entre otras cosas de ser “débil contra el crimen”. Al parecer, para el Presidente esto no es más que una pelea más en la larga lista de enfrentamientos que favorece y en el que, por así decirlo, pretende ser “más papista que el papa”. 

Pero para nuestra sociedad esto es un proceso negativo, donde nos vamos acercando a una sociedad más dividida aún, con privilegios religiosos y con preferencias, todo lo que rechazaron los padres fundadores de nuestra nación. 

Según se indicó, Trump leería un pasaje de 2 Crónicas 7:11-22, que dice: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. Este versículo aparentemente inocuo fue mostrado en 2016 por los fieles de MAGA como evidencia de que Dios colocó a Trump en la Casa Blanca y el 6 de enero de 2021 fue el estandarte de quienes atacaron el Congreso nacional. 

El problema no es que un presidente comparta con la comunidad sus propias creencias, eso es correcto, sino cuando una doctrina religiosa se prescribe para todos como normativa. 

Así, en septiembre pasado, la Casa Blanca llamó a todos los estadounidenses a orar por una hora al día.

Repetidamente, el Departamento de Seguridad Interna intercala versículos de la biblia en sus medios sociales. lo mismo que el autodenominado Departamento de Guerra. 

De hecho, en febrero el mismo Hegseth invitó a dirigir un servicio de adoración en el Pentágono a Douglas Wilson, un pastor que se opone al derecho al voto de las mujeres, entre otras posiciones extremas.

Por último, en la presente guerra contra Irán, han llegado más de 200 quejas de soldados cuyos comandantes dijeron a las tropas que la guerra es “parte del plan divino de Dios”, usando retórica cristiana extremista invocando el “fin de los tiempos” bíblico. 

A medida que crecen las protestas por este proceso sus autores insisten y redoblan su intensidad. 

La tolerancia religiosa es un logro excepcional de los países. No siempre fue así. Aquí mismo, en el pasado se discriminó contra los católicos, con privación de derechos, violencia y marginación, especialmente contra inmigrantes alemanes e irlandeses; contra los judíos con exclusión profesional, cuotas en las universidades y acoso, y más recientemente contra los musulmanes, con acoso social y políticas gubernamentales, como restricción de entrada con la Orden Ejecutiva 13769 en 2017. 

Pero Estados Unidos tiene grabado en su esencia la libertad de cultos. Eso ha permitido la coexistencia pacífica y la colaboración de las distintas denominaciones, al margen de toda intervención gubernamental. Por eso, todos somos estadounidenses orgullosos. Así tiene que seguir. 

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