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Sinaloa: ¿soberanía o complicidad?

El Departamento de Justicia de EE.UU. no suele lanzar dardos al aire cuando se trata de figuras de este calibre

Rubén Rocha Moya

Rubén Rocha fue acusado junto con otros nueve funcionarios por nexos con el narcotráfico y posesión de armas. Crédito: EFE

La retórica de la soberanía nacional ha sido, históricamente, el refugio favorito de los gobiernos mexicanos cuando la presión externa aprieta donde más duele. Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum retoma esa bandera al exigir a Estados Unidos “pruebas contundentes” antes de mover un solo dedo para detener con fines de extradición al gobernador Rubén Rocha Moya y a los otros nueve funcionarios de Sinaloa acusados de nexos con el narcotráfico. En el papel, la postura es institucional; en la práctica, huele a una preocupante estrategia de blindaje.  

El Departamento de Justicia de EE.UU. no suele lanzar dardos al aire cuando se trata de figuras de este calibre. Las acusaciones que vinculan a Rocha Moya con el presunto financiamiento ilícito de campañas a cambio de protección para el crimen organizado en Sinaloa no son solo rumores de pasillo; son indicios que apuntan a que Morena llegó al poder gracias, en gran medida, a recursos de procedencia dudosa y prácticas tan nefastas como el robo de urnas y amenazas a los rivales políticos.

Sheinbaum insiste en que “no encubre a nadie”. Sin embargo, la insistencia en desestimar las notas diplomáticas y los testimonios presentados por Washington como “simples dichos” parece ignorar una realidad política asfixiante. Si se comprueba que Rocha y el senador morenista Enrique Inzunza fueron los puentes entre el dinero del narco y las urnas, no solo caería un gobernador, sino la legitimidad moral de todo un movimiento que prometió ser “diferente”.  

Mientras México se atrinchera en tecnicismos jurídicos, el tablero internacional ha cambiado drásticamente. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha traído consigo una retórica de confrontación directa que ya no se queda en tuits. Con amenazas explícitas de intervenir militarmente contra los cárteles si México no actúa, la “pausa” diplomática de Sheinbaum se convierte en una apuesta de altísimo riesgo.  

El pragmatismo de Trump no entiende de soberanías cuando siente que su seguridad nacional está en juego. Al negar la extradición de figuras tan señaladas, el Gobierno de México le está entregando al republicano el pretexto perfecto para justificar acciones unilaterales.

Si la verdadera razón para proteger a Rocha Moya es evitar que se destape la cloaca del financiamiento electoral en Morena, el precio que pagará México será altísimo. No solo se arriesga la estabilidad comercial y diplomática con su principal socio, sino que se envía un mensaje devastador a los mexicanos: que la ley es absoluta para el ciudadano común, pero negociable para el funcionario que “aporta” a la causa.

La soberanía se defiende con instituciones limpias y justicia interna, no convirtiendo al Estado en un despacho de abogados para políticos bajo sospecha. Si hay pruebas, que se presenten; pero si hay miedo a lo que esas pruebas revelen, entonces la soberanía es solo una excusa.

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