Tomar agua fría al comer puede perturbar la digestión, ya que modifica algunas funciones del estómago
Se recomienda evitar consumir bebidas frías rápidamente. Beber agua fresca, poco a poco, puede proporcionar hidratación sin causar malestar digestivo
Vaso con agua helada. Crédito: BongkarnGraphic | Shutterstock
La doctora Silvia Gómez Senent, especialista en neurogastroenterología y microbiota, explicó al medio catalán La Vanguardia que este fenómeno, conocido como la “paradoja del agua fría”, de consumir agua helada puede influir en la digestión. Aunque el agua es esencial para el proceso digestivo, su ingesta a temperaturas muy bajas puede provocar cambios temporales en el estómago.
Cuando se consume agua fría, se puede experimentar vasoconstricción y una ligera ralentización del vaciado gástrico. Esto puede resultar en sensaciones de pesadez e hinchazón en personas con mayor sensibilidad, aunque no se considera un riesgo para la mayoría de la población.
Consejos para la hidratación adecuada
Durante el calor extremo, se recomienda evitar consumir bebidas frías rápidamente. Beber agua fresca, poco a poco, puede proporcionar hidratación sin causar malestar digestivo.
Los expertos sugieren prestar atención a las condiciones del cuerpo antes de optar por ir a lo extremo con temperaturas.

Helados y digestión
A diferencia del agua fría, los helados combinan frío, grasas y azúcares, lo que puede agravar la lentitud digestiva.
Aunque un helado ocasional no representa un problema para la mayoría, es importante consumirlos con moderación y no justo después de una comida abundante.

El efecto del agua fría y los helados sobre la microbiota intestinal es, según Gómez Senent, teórico y poco significativo. El descenso temporal en el tránsito intestinal podría alterar el entorno bacteriano, pero no debe ser motivo de preocupación.
Recomendaciones
Es vital equilibrar la ingesta de agua y otros líquidos, sin miedo a la temperatura, pero evitando el exceso de frío inmediato.
Escuchar al cuerpo es clave para mantener una buena salud digestiva durante los días calurosos.
Tolerancia al agua fría según la edad
La tolerancia al agua fría suele ser mayor en adultos jóvenes y menor en niños pequeños y personas mayores, porque con la edad cambia la capacidad de producir y conservar calor.
Los mayores y los lactantes tienen más riesgo de enfriamiento o hipotermia, y el envejecimiento reduce la eficacia de los escalofríos y del desvío de sangre hacia el interior del cuerpo.
Cómo cambia por edad
- Lactantes y niños pequeños: pierden calor con rapidez y son más vulnerables al frío, así que toleran peor la inmersión o exposición al agua fría.
- Adultos jóvenes: suelen compensar mejor el frío gracias a mecanismos más eficaces de termorregulación, lo que mejora la tolerancia.
- Personas mayores: toleran peor el agua fría porque el cuerpo responde menos bien con la edad; además, la presencia de cardiopatías, problemas vasculares o menor movilidad aumenta el riesgo.
Factores que importan más que la edad
La tolerancia no depende solo de la edad; también influyen la grasa corporal, la condición física, la aclimatación al frío, el tiempo de exposición y si la persona tiene enfermedades cardiovasculares o sensibilidad al frío. Por eso dos personas de la misma edad pueden reaccionar de forma muy distinta.
Regla práctica
En general, cuanto más joven y sano es el organismo, mejor maneja el agua fría; cuanto más pequeña es la persona o más avanzada es la edad, más cautela conviene tener. Si la exposición es intencional, lo más seguro es empezar de forma gradual y evitarla en personas con problemas cardiovasculares o de circulación.
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