Desde nuestras tierras públicas, una historia que también es nuestra 

Los latinos no somos solamente beneficiarios de la conservación. Somos líderes, defensores y guardianes de nuestros espacios naturales

El Chuckwalla National Monument es un área de tierras públicas protegidas en el sur de California, principalmente en los condados de Riverside e Imperial.

El Chuckwalla National Monument es un área de tierras públicas protegidas en el sur de California, principalmente en los condados de Riverside e Imperial. Crédito: AP

Cuando pensamos en California, solemos imaginar sus costas, el Océano Pacífico y sus playas bañadas por el sol. Pero California también se encuentra tierra adentro: en las montañas, los desiertos, los bosques y los valles. Antes de que existieran nuestras ciudades y carreteras, estas tierras eran hogar de los Kumeyaay y otras naciones indígenas de California, que desarrollaron una relación profunda con la naturaleza. Hoy, esas mismas tierras públicas son lugares donde nuestras familias se reúnen, recrean, encuentran agua y aire limpio, y conectan con nuestros antepasados y sucesores.  

California alberga más de 1,500 áreas públicas mantenidas por el Land and Water Conservation Fund y 20 monumentos nacionales administrados por la Oficina de Administración de Tierras (Bureau of Land Management), más que cualquier otro estado del país. En conjunto, estos monumentos protegen aproximadamente 4,5000,000 acres de paisajes (4% del área total del estado) que purifican el aire que respiramos, protegen fuentes de agua, conectan hábitats y ofrecen refugio a especies como el borrego cimarrón, el león de montaña y la tortuga del desierto. Pero su valor va más allá de los servicios ecológicos: para miles de familias californianas, estas tierras son espacios donde podemos reconectarnos con nuestras raíces y nuestras tradiciones generacionales. 

Sin embargo, estas mismas tierras enfrentan serias amenazas: el crecimiento de la mancha urbana y la fragmentación del hábitat, los efectos del calentamiento global ?incluidas sequías, temperaturas extremas e incendios más intensos? y decisiones gubernamentales que podrían debilitar las protecciones de este patrimonio comunal. En el desierto del sur de California, por ejemplo, el proyecto Cadiz propone extraer agua subterránea del valle, generando fuertes preocupaciones entre los residentes de San Bernardino por sus posibles impactos sobre los recursos hídricos, los manantiales y los ecosistemas del desierto.  

Estas amenazas también ponen en riesgo nuestra capacidad de cumplir una de las metas de conservación más importantes de California: proteger al menos el 30% de nuestras tierras y aguas para 2030. Frente a esta situación, el liderazgo latino ha sido decisivo. La expansión del Monumento Nacional San Gabriel Mountains protegió 109,000 acres adicionales de tierras públicas cerca de Los Ángeles. En el norte de California, líderes latinos también apoyaron la expansión del Monumento Nacional Berryessa Snow Mountain, que añadió 13,753 acres en Molok Luyuk, así como la designación del Monumento Nacional Chuckwalla, que protege 624,270 acres de tierras públicas en los condados de Riverside e Imperial. Para quienes vivimos en el Inland Empire, esta protección representa también una oportunidad de mantener abiertos espacios naturales cada vez más presionados por el crecimiento urbano. 

Estos logros no ocurrieron por casualidad. Fueron posibles gracias a familias latinas que participaron en audiencias públicas, foros comunitarios y en la Semana Latina de la Conservación; organizaron actividades para acercar a sus comunidades a la naturaleza; y se reunieron con legisladores locales, estatales y federales. 

Los latinos no somos solamente beneficiarios de la conservación. Somos líderes, defensores y guardianes de nuestros espacios naturales. Nuestro liderazgo no nace únicamente de las políticas de conservación, sino también de una relación cultural con la tierra: de familias que han trabajado el campo, de comunidades que han encontrado alimento y sustento en la naturaleza y de padres y abuelos que nos enseñaron que lo que recibimos de la tierra también debemos cuidarlo. 

Hoy atravesamos un momento muy difícil. Las protecciones que durante décadas ayudaron a preservar nuestras tierras públicas enfrentan nuevas presiones, y muchas comunidades sienten que las decisiones sobre estos lugares se toman demasiado lejos de quienes viven junto a ellos.  

Una de las mejores maneras de comenzar es informarnos. El Public Lands Toolkit de Hispanic Access Foundation ofrece una guía práctica para entender cómo se administran nuestras tierras públicas y cómo abogar efectivamente por su protección. Participar en reuniones comunitarias, presentar comentarios públicos, comunicarnos con nuestros representantes y reunirnos con legisladores son acciones concretas que pueden convertir nuestra preocupación en participación y nuestra participación en liderazgo. 

Nuestras tierras públicas son parte de una historia mucho más grande que nosotros mismos. Primero fueron hogar y sustento; hoy, son una herencia que tenemos la responsabilidad de proteger y una oportunidad para construir un futuro mejor. Ya hemos demostrado que cuando nuestras comunidades se organizan, alzan la voz y participan, podemos lograr cambios duraderos. Los desafíos son grandes, pero también lo es nuestra capacidad para enfrentarlos. El futuro de estas tierras todavía está por escribirse, y podemos asegurarnos de que la próxima generación las reciba protegidas, abiertas y llenas de vida. 

(*) Juan Rosas es residente de San Jacinto, California y gerente del programa de tierras y naturaleza de Hispanic Access Foundation 

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