Donar sangre: el gesto que salva vidas y está rodeado de mitos
Desmitificamos creencias que circulan desde hace generaciones y que alejan a personas sanas de una práctica simple, seria y profundamente solidaria
Hombre dona sangre mientras usa su teléfono inteligente. Crédito: AnnaStills | Shutterstock
Cada dos segundos, en algún lugar del mundo, alguien necesita una transfusión de sangre. Puede tratarse de una persona accidentada, una mujer en trabajo de parto complicado, un paciente oncológico o un niño con anemia severa. Sin embargo, pese a que la necesidad es constante, los bancos de sangre de muchos países enfrentan un déficit crónico de donantes.
Gran parte del problema no es la falta de voluntad, sino la desinformación: mitos que circulan desde hace generaciones y que alejan a personas sanas de una práctica simple, seria y profundamente solidaria.
Es de destacar que una donación estándar de sangre ?alrededor de 450 mililitros? puede fraccionarse en distintos componentes: glóbulos rojos, plaquetas y plasma. Esto significa que un solo donante puede ayudar simultáneamente a tres pacientes distintos, cada uno con una necesidad médica diferente. Los glóbulos rojos se destinan a pacientes con hemorragias o anemias severas; las plaquetas son vitales para quienes atraviesan tratamientos de quimioterapia, y el plasma se utiliza en quemados, pacientes de terapia intensiva y personas con trastornos de coagulación.
Mitos que rodean la donación de sangre
Mito 1. Donar sangre debilita el cuerpo. Es, probablemente, el mito más extendido. La realidad es que el cuerpo humano contiene entre 4.5 y 5.5 litros de sangre, y en una donación se extrae menos del 10% de ese volumen. El organismo repone el plasma en cuestión de horas y los glóbulos rojos en pocas semanas. Las personas sanas no experimentan debilidad duradera; como máximo, se recomienda descansar unos minutos y evitar esfuerzos físicos intensos el resto del día.
Mito 2. “Si tengo tatuajes o piercings, no puedo donar”. Este mito genera muchas exclusiones innecesarias. En la mayoría de los países, quienes se hicieron un tatuaje o perforación en un local habilitado y con materiales estériles pueden donar después de un período de espera breve (generalmente entre 4 y 12 meses, según la normativa local), no de por vida como muchos creen.
Mito 3. “Donar sangre duele mucho y lleva mucho tiempo”. El procedimiento completo, incluyendo el registro, el cuestionario de salud y la extracción, suele durar entre 30 y 45 minutos. La extracción en sí toma entre 8 y 10 minutos. La molestia se limita al pinchazo inicial de la aguja, comparable a un análisis de sangre de rutina.

Mito 4. “Las personas mayores no pueden donar”. Muchos bancos de sangre aceptan donantes hasta los 65 o incluso 70 años, siempre que gocen de buena salud general. La edad por sí sola no es un impedimento; lo que se evalúa son los antecedentes clínicos y el estado de salud actual.
Mito 5. “Tengo la presión arterial alta, es demasiado peligroso para donar sangre”. Esto es generalmente falso, dice la Courtney Lawrence, directora médica divisional de la Cruz Roja Americana, entrevistada CBS News. El control de donantes detecta antes un nivel de presión arterial y si está demasiado alto para donar de forma segura. Así que no reviste un problema.

Mito 6. “Tengo diabetes o estoy tomando un medicamento GLP-1, así que no puedo donar sangre”. También es generalmente falso, afirma Lawrence. Señala que quienes tienen la diabetes bien controlada pueden donar sangre. Las personas que reciben tratamientos para la diabetes aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), incluidos los GLP-1, pueden donar sangre.
Mito 7. “Debes ayunar antes de donar sangre”. Esto es completamente falso, agrega la doctora, que más bien recomienda comer bien y mantenerse hidratado para asegurar el éxito de la donación.
Los beneficios que pocos conocen
Más allá del impacto solidario, donar sangre trae beneficios concretos para quien dona:
- Chequeo de salud gratuito: antes de cada donación se mide la presión arterial, el pulso, la temperatura y los niveles de hemoglobina, lo que puede detectar tempranamente anemias u otras alteraciones.
- Estímulo de la producción de nuevas células sanguíneas: el cuerpo reemplaza lo donado generando sangre nueva, un proceso que renueva reservas de hierro y mantiene activa la médula ósea.
- Bienestar psicológico: diversos estudios asocian los actos de generosidad y ayuda desinteresada con una mayor sensación de bienestar y propósito.
- Reducción del riesgo cardiovascular: aunque la evidencia científica aún se debate, algunas investigaciones sugieren que donaciones regulares podrían asociarse a una leve disminución de la viscosidad sanguínea.
¿Quién puede donar?
En términos generales, y sujeto a la normativa de cada país, puede donar sangre toda persona:
- Entre 18 y 65 años (algunos bancos amplían el rango).
- Con un peso mínimo de 50 kilogramos.
- En buen estado de salud general, sin fiebre, infecciones activas ni enfermedades crónicas descompensadas.
- Que no haya donado en los últimos dos o tres meses (el intervalo exacto varía según el país y el sexo del donante).
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