Trump crea tormenta perfecta para un cambio en noviembre

El propio Trump ha creado una tormenta perfecta para que se concrete un cambio en noviembre, si los estadounidenses traducen su coraje y frustración en votos.

Donald Trump

El índice de aprobación de Trump se ubica en 32%, el más bajo de su carrera política. Crédito: Julia Demaree Nikhinson | AP

Al aproximarse las elecciones intermedias del 3 de noviembre, más se intensifican los excesos de Donald Trump en su burdo intento de distraer a los electores del desastre económico que sus políticas y decisiones han generado. No por nada su índice de aprobación se ubica en 32%, el más bajo de su carrera política, según una encuesta de Reuters-Ipsos.

La erosión del apoyo a Trump se está dando también entre votantes hispanos en distritos y estados definitorios para un probable cambio de mando en el Congreso.

Trump amenaza con demoler el Kennedy Center porque no ha logrado agregar su nombre a la histórica instalación. Revoca las credenciales de Casa Blanca de periodistas de CNN, MS NOW y POLITICO porque no le gusta cómo cubren su presidencia y los acusa de dar noticias “falsas” aunque él sea el rey de las falsedades. Como proclamar que existe un problema generalizado de no ciudadanos votando fraudulentamente.

Y a pesar de que en sondeo tras sondeo los votantes le señalan que no aprueban los excesos de su política migratoria, durante el fin de semana agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) protagonizaron varios incidentes violentos.

En Austin, Texas, los agentes de ICE tirotearon a un repartidor de DoorDash, el venezolano Wilber Rafael Garcés Pérez, de 28 años de edad. El joven alega que una camioneta golpeó su auto en dos ocasiones y que él no supo que eran agentes hasta que encendieron luces y sirenas y que por eso procedió para detenerse en un lugar más seguro.

El DHS alega que hubo una persecución, pero, sea cual sea el caso, Garcés terminó con una bala cerca de la columna vertebral, está detenido por ICE, y todavía no le remueven el proyectil.

“Está retenido en Pearsall para ser interrogado y todavía tiene la bala alojada en el cuerpo. No ha recibido analgésicos y ha tenido que dormir en el suelo”, escribió en X su abogada Kate Lincoln-Goldfinch.

Este es el tercer latino en ser baleado por ICE en los últimos meses. Lorenzo Salgado Araujo murió en Houston el 7 de julio en una intervención de tránsito. Salgado Araujo estaba en proceso de regularizar su situación migratoria. Y el 13 de julio, un agente de ICE mató a Johan Sebastián Durán Guerrero, en Maine. El inmigrante colombiano de 25 años de edad tenía permiso de trabajo.

En otro incidente en Evanston, Illinois, agentes de ICE que presuntamente buscaban a un fugitivo golpearon a un hombre que resultó ser ciudadano estadounidense y tampoco era el fugitivo buscado. Lo dejaron en el suelo con lesiones en el cuello, la cabeza y los dientes. Los agentes huyeron y fueron vecinos del lugar quienes lo trasladaron al hospital.

Este es el mismo ICE que mató a tiros a los ciudadanos estadounidenses Renée Good y Alex Pretti en hechos separados en Minneapolis, Minnesota, a principios de este año.

Luego el DHS culpa a las víctimas y prevalece la impunidad.

Sin embargo, los sondeos y las manifestaciones a través del país reflejan el descontento y el hartazgo de un electorado al que no le cumplieron las promesas. Trump prometió bajar el costo de vida y componer el sistema migratorio sacando del país a “lo peor de lo peor”.

Pero lo que hizo fue financiar una maquinaria de detenciones y deportaciones centrada en personas sin historial delictivo y en el proceso ha dividido familias, ha dejado desprovistos económicamente a los familiares que quedan atrás, incluidos niños ciudadanos, ha eliminado mano de obra en industrias centrales de nuestra economía como la agricultura, la construcción, restaurantes, hoteles, hospitales.

Una maquinaria cruel y violenta que sigue cobrando vidas en intervenciones y en unos centros de detención que reciben miles de millones de dólares pero no ofrecen ni alimentos, ni cuidados médicos adecuados, y donde los abusos y maltratos son la orden del día.

Pero no solo eso, su política migratoria se traduce en alzas de precios de bienes y servicios para los estadounidenses, mediante el impuesto de ICE.

Para completar el cuadro, su guerra en Irán disparó los precios del combustible y mientras despilfarra miles de millones en el conflicto armado y en su ejército de detenciones y deportaciones, reduce los beneficios de programas sociales como Medicaid y deja sin seguro médico a millones de estadounidenses.

El propio Trump ha creado una tormenta perfecta para que se concrete un cambio en noviembre, si los estadounidenses traducen su coraje y frustración en votos, y si, claro está, el presidente no se saca de la manga alguna “crisis” para intervenir en la elección.

En esta nota

Donald Trump Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)
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